Te gustan las mariposas. Parecen un símbolo de la belleza, de la delicadeza y la suavidad, de transformarse y volver a nacer, de esa pasión por la vida que surge cada primavera. Pero también, algunas, como algunas personas, encierran una fuerza increíble, y luchan denodadamente por sus objetivos, por sus sueños, por la fuerza de su instinto. En el caso que voy a comentar hoy, por alcanzar un destino, un lugar nunca visto, situado a miles de kilómetros, donde no saben quizá lo que les espera, pero hacia allí dirigen sus anhelos. Hablo de las mariposas migratorias. Las más famosas son las mariposas monarca de Norteamérica. Cada primavera inician un camino de miles de kilómetros hacia el norte. Los adultos solo viven entre dos y cinco semanas. Por lo tanto tienen que hacer paradas en distintos puntos para reproducirse y morir y una nueva generación toma el relevo y sigue volando hacia el norte. Es una imagen preciosa, miles de mariposas, luchando contra vientos y tormentas y batiendo sus alas, siempre hacia el norte. A finales de junio-julio llegan al Canadá. La mayoría ha atravesado por los estados del centro y este de los Estados Unidos salvo un grupo que cruza el Caribe desde la península de Yucatán a la de Florida y luego sigue hacia el norte en paralelo a la costa atlántica hasta alcanzar también el este de Canadá. En septiembre inician el viaje de vuelta para invernar la gran mayoría en unos árboles en las montañas del centro de México, en el bosque de Oyamel y unos grupos en la costa de California. A Oyamel, llegan por millones y hay preocupación porque los campesinos de la zona, de una pobreza endémica,  usan esos árboles como combustible y fuente de madera para la construcción. Conservacionistas estadounidenses y mexicanos están trabajando juntos para plantar miles de árboles en zonas cercanas y preservar los árboles que utilizan las mariposas monarcas para hibernar. Cuidar lo que amas, soñar con un futuro mejor. Y trabajar por ello.

Hay dudas sobre cómo el cerebro de las mariposas consigue seguir un mapa que nunca ha visto. Se piensa que deben tener una brújula biológica pero dónde está y cómo funciona sigue siendo un misterio. Hay quien piensa que es una brújula “solar”. Polillas y mariposas viajan hacia la luz, pero el sol no puede ser la explicación, al menos no la única explicación porque muchas mariposas siguen viajando en días nublados y muchas polillas migratorias vuelan de noche. La otra opción es que sea una brújula “magnética”. Robert Srygley, trabajando en un centro de investigación sobre el trópico que tiene el Smithsonian en Panamá ha visto que si mete un grupo de mariposas en un cajón y cambia el campo magnético con un electroimán, las mariposas vuelan en dirección contraria. Sin embargo, las cosas de la ciencia no suelen ser tan fáciles y algunas de las mariposas capturadas, liberadas sin alterar el campo magnético, también vuelan en dirección contraria.

Srygley y otros investigadores con los que colabora en Río de Janeiro han estudiado los sistemas de orientación en otros insectos no tan afectados por la luz. Las hormigas cortadoras de hojas se orientan para volver a su hormiguero usando magnetita, pequeños cristales de óxido de hierro que responden a los campos magnéticos. Sería una evidencia de una brújula magnética en el cerebro de los insectos. Otros insectos como la mosca de la fruta detectan campos magnéticos usando unos fotorreceptores, sí fotorreceptores, llamados criptocromos. Estos receptores aparecen también en otros insectos, en aves e incluso en plantas.

También existen mariposas y polillas migratorias en Europa. Un grupo de entomólogos del Reino Unido ha conseguido mucha información utilizando dos radares. Con ellos consiguen registrar la altitud del insecto, la velocidad y dirección de su trayectoria, la orientación de su cuerpo, la forma, tamaño y frecuencia de batida de sus alas. Con esos datos pueden identificar la especie que están registrando. Estos investigadores han publicado sus resultados en Science (327: 682). Tras seguir a más de 100.000 mariposas, han visto que son expertas en elegir los vientos más favorables y que solo despegan cuando hay vientos en la dirección que les interesa. Ascienden utilizando columnas de aire caliente, alcanzan zonas de vientos fuertes y constantes, a más de 1.200 metros de altitud y pueden alcanzar velocidades de crucero superiores a los 90 km/hora. ¿Imagina una mariposa a esa velocidad? También hacen como los veleros, colocan sus alas (su vela) en un ángulo determinado) para avanzar en una dirección que no coincide con la del viento.

La Poesía es lo único que llega más allá que la Ciencia. Nos habla de lo que no conocemos y también de nosotros mismos. Tagore decía que “las mariposas no cuentan meses sino momentos. Y tienen tiempo suficiente.”