A veces pienso que busco escribir algo de Haití para que no caiga en el olvido, en la pila de los periódicos viejos.  Me alegra ver en las viñetas de Forges esa ventanita que dice, sea cual sea el tema, “pero no te olvides de Haití”. Me recuerda un poco el grito de los tejanos de “Remember the Alamo” Recuerda Haití, como algo que no debe salir de nuestras conciencias para que no olvidemos quiénes somos ni cómo está el mundo. También me hace pensar en Solón, el hijo de Exequestidas, el nieto de Codro, el último rey de Atenas. Solón, dice un libro que me regaló mi padre hace ya demasiados años (“Las vidas paralelas” de Plutarco),  llegó a la plaza, con un gorro extraño y ademanes de loco, se subió  a la piedra reservada al pregonero y después de imponer silencio con las manos, empezó a declamar un poema cuyos primeros versos son:

De Salamina vengo,

la envidiable,

y este lugar en vuestra junta ocupo

para cantaros deleitables versos.

La gente quedó atónita y también aterrorizada. La guerra con Megara había sido tan larga, tan cruel, que se había promulgado una ley para prohibir bajo pena de muerte, que nadie propusiera recobrar Salamina, que ni siquiera la mencionaran.

Y sin embargo, Solón lo hizo. Y se recuperó Salamina. Los nombres encierran algo. Un amigo me dice “Vengo de Haití” y pienso en “De Haití vengo” y en gritarlo en la plaza, en la piedra del pregonero, como si de nuevo hubiera una tarea dura, ingrata, necesaria por hacer. Es así.

Pero intento que el blog no se me vaya por lo personal así que tras esta “escapada” mental, diré algo de ciencia que siempre es más perdonable.

Cuando a alguien le caen encima escombros, como en los terremotos, puede tener heridas en la piel, roturas de huesos pero aunque no lo parezca a simple vista lo más peligroso pueden ser  los músculos, que  quedan macerados, machacados, especialmente en las extremidades, brazos y piernas. Cuando se les rescata vivos, una proteína del músculo dañado, la mioglobina, es arrastrada por la sangre. La mioglobina  produce la llamada rabdomiólisis, en la cual los residuos proteicos, llevados por la sangre hasta el riñón,  taponan los filtros renales, producen gran cantidad de  radicales libres que, a su vez, dañan las membranas de las células del riñón y se genera un fallo renal fatal.

Un experimento, en ratas, ha demostrado que el daño se puede evitar administrando algo tan sencillo como paracetamol (acetaminofén). El siguiente paso será hacer un estudio clínico en personas. Hay que determinar dosis, tiempos, riesgos, eficacia. El autor del trabajo, Boutaud, ha indicado “no sabemos si funcionará o cómo de rápido debe administrarse para evitar el daño al riñón, pero debemos intentarlo porque podría salvar miles de vidas.” Ya no llegará para las víctimas del terremoto de Haití pero desgraciadamente no ha sido ni será la última catástrofe natural y si funciona tendremos un mecanismo sencillo de administrar y barato para las víctimas de un derrumbe. No hay grandes avances científicos detrás, prácticamente es una aplicación de datos científicos ya conocidos, pero no por eso es menos excitante, innovador, esperanzador. Y no te olvides de Haití.