No, me temo que no voy a hablar de lo que usted espera.

El dengue es una enfermedad viral, causada por un flavivirus y transmitida por mosquitos, Aedes aegypti y Aedes albopictus.

La incidencia del dengue ha aumentado extraordinariamente en todo el mundo en las últimas décadas. Unos dos mil quinientos millones de personas (dos quintos de la población mundial) corren el riesgo de contraer la enfermedad. La OMS calcula que cada año puede haber 50 millones de casos de dengue en todo el mundo. La enfermedad es endémica en más de 100 países de África, las Américas, el Mediterráneo Oriental, Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental, pero en los últimos años, por los flujos comerciales, de emigrantes y turistas, se están diagnosticando cada vez más casos en Norteamérica y Europa. El dengue es llamado fiebre rompehuesos, o “la quebradora” porque causa fuertes dolores musculares (mialgias) y articulares (artralgias).

Una variedad del dengue, el llamado dengue hemorrágico, se ha convertido en una de las principales causas de muerte en los niños de las zonas afectadas. En 2007, se notificaron más de 80.000 casos de dengue en Venezuela. En 2008 hubo una fuerte epidemia en Río de Janeiro (superior a 120.000 casos) y en 2009 se produjo otro brote epidémico en Bolivia, en la zona de Santa Cruz de la Sierra, que se extendió a los países vecinos. Hay quien ha relacionado estas epidemias con la cada vez mayor agricultura extensiva de la soja y la eliminación por herbicidas e insecticidas de predadores naturales de los mosquitos como anfibios y otros insectos.

Malaria y dengue son dos enfermedades que causan un número de enfermos y muertos terrible, para las que no hay vacunas o medicamentos completamente eficaces, que amenazan el desarrollo económico de algunas de las zonas más pobres del planeta y que tienen en común que las dos son transmitidas por mosquitos.

La lucha contra los mosquitos ha usado distintas armas. En España se consiguieron grandes éxitos, incluyendo la erradicación de la malaria, mediante la roturación de humedales y pantanos, la “siembra” de pececillos (gambusias) en arroyos y los tratamientos con petróleo o arena de charcas y aguas estancadas. Sin embargo, en zonas húmedas es casi imposible una erradicación completa porque cualquier recipiente, un neumático, un bote de plástico tirado en el campo, se convierte en un criadero. El DDT ayudó a erradicar mosquitos en muchas zonas pero su fuerte impacto ambiental aconsejó su retirada aunque hay voces que piden su retorno controlado. Otros sistemas pasivos como repelentes o mosquiteras ayudan, pero no son realmente una solución y, de hecho, el número de casos va creciendo año tras año, a un ritmo muy preocupante.

La empresa Oxitec, una spin-off de la Universidad de Oxford, y la Universidad de California Irvine han generado, mediante ingeniería genética, mosquitos machos que tienen un gen defectuoso que está implicado en el crecimiento de las alas y que solo se expresa en las hembras. En otras plabras, los mosquitos machos transmiten un gen que hace que las hembras no vuelen. La idea es muy sencilla. Se sueltan esos machos en una zona infectada. No hay riesgo de que se sumen a la transmisión del dengue porque como es sabido, tan sólo las hembras de mosquitos son las que se alimentan de sangre para poder madurar los huevos, y por tanto, los machos no pican y no pueden transmitir enfermedades ya que únicamente se alimentan de néctares y líquidos vegetales. Al aparearse los machos modificados genéticamente con las hembras silvestres transmitirán el gen defectuoso a su progenie, machos y hembras. Las hembras tendrán las alas estropeadas por lo que no podrán volar, por lo que tendrán graves problemas para sobrevivir y no podrán transmitir la enfermedad y reproducirse. La nueva generación de mosquitos machos ayudará a seguir erradicando su propia población.

Los organismos modificados genéticamente (OMGs) nos asustan por su potencial impacto sobre el medio ambiente y por los errores cometidos por el hombre cuando se ha puesto a enredar con los equilibrios entre especies. Sin embargo, con todos los controles y todo el cuidado, pueden ser en algunos casos, la mejor herramienta en la lucha contra el hambre y contra la enfermedad.

 

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