Togas

Una vez he escrito sobre Ernst Hartwig Kantorowicz. Fue profesor en el sistema Universidad de California (UCLA, Berkeley, San Diego, Davis, Irvine, San Francisco, Santa Bárbara, Santa Cruz, Riverside y Merced) del que fui investigador. Kantorowicz, judío, era un refugiado de la Alemania nazi, expulsado de la cátedra en la Universidad de Frankfurt, donde casualidades de la vida, también he trabajado y un especialista en historia medieval. Kantorowicz estaba en UC Berkeley, cuando el estado de California exigió que todos sus empleados hicieran un juramento de lealtad anticomunista. Eran los comienzos de los años 1950s, con el senador McCarthy, la Comisión de Actividades Antiamericanas, el “pánico rojo” y la búsqueda de comunistas y compañeros de viaje por todo el país. Aunque hubo oposición dentro y fuera de la universidad a aquellos juramentos, prácticamente todo el mundo firmó. Unos pocos profesores se negaron y fueron expulsados. Kantorowicz, uno de ellos, estuvo unos meses en Harvard y luego se instaló en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el mismo que acogió a Einstein y otros refugiados europeos, donde terminó su carrera.

Kantorowicz no debía ser alguien fácil, probablemente un ultranacionalista romántico en su juventud, un heterodoxo en sus estudios históricos y un luchador en su vida, pero le traigo aquí por su particular concepto de la profesión universitaria y en reconocimiento al juez Baltasar Garzón. En palabras de Kantorowicz:

“Hay tres profesiones que tienen el privilegio de vestir la toga: el juez, el sacerdote y el profesor universitario. Este ropaje simboliza la madurez de mente del que lo lleva, su independencia de juicio y su responsabilidad directa frente a su conciencia y su dios.

Significa la soberanía interior de estas tres profesiones interrelacionadas: ellos deberían ser los últimos en permitirse a sí mismos actuar bajo coacción y ceder a la presión.

¿Por qué es tan absurdo visualizar a los jueces del Tribunal Supremo de piquete en su propia corte, a los obispos de piquete en sus iglesias, a los profesores de piquetes en sus universidades? La respuesta es muy simple, porque los jueces son el Tribunal, los ministros junto con los creyentes son la Iglesia y los profesores junto con los estudiantes son la Universidad… ellos mismos son esas instituciones.”

Kantorowicz se negó a firmar el juramento y fue expulsado. El motivo no era el propio juramento, aunque no digo que lo aprobara, sino que se negaba bajo cualquier circunstancia a ser considerado un empleado del estado de California. Pensaba que los profesores no podían estar sujetos a la disciplina laboral. Ser profesor, según él, era una vocación diferente, una profesión diferente. Los empleados trabajan una jornada determinada y si la exceden, se les pagan horas extras, se les dan tareas claramente delimitadas y en muchos casos hay una clara separación entre lo que es trabajo y lo que es placer. En el caso de los que llevan toga, argumentaba Kantorowicz, no es así, no puede ser así. Personalmente, no disfruto de algunas actividades como corregir exámenes o asistir a comisiones varias, pero sí creo que ésta es una profesión especial y en muchos momentos siento que ser un buen profesor, algo que no soy pero quisiera ser, es algo único, quizá solo comparable a ser un buen juez o un buen sacerdote.

Mi familia estuvo en los dos lados de la Guerra Civil y siempre he creído en un presente de reconciliación, y en un futuro de respeto y esfuerzo y trabajo conjunto pero me avergüenza que todavía tengamos personas enterradas en las cunetas. Los otros temas por lo que se enjuicia a Baltasar Garzón los entiendo menos, aunque estoy seguro que la New York University no va a hacer una declaración falsa por ayudarle, pero creo en el sistema judicial y en que lo que hay que demostrar es la culpabilidad y no la inocencia. Sé que es impopular entre muchos políticos e incluso entre muchos de sus compañeros de la carrera judicial, pero para los ciudadanos de la calle, para muchos de nosotros, ha llegado a simbolizar la lucha contra la corrupción independientemente de los colores políticos, el bastión contra los terroristas y sus cómplices, la persecución de los dictadores, la valentía más difícil, la que se ejercita día tras día, y el trabajo constante por la justicia. Todo ello sin actuar coaccionado y sin ceder a la presión, como quería Kantorowicz.

Leer más:

La cita de Kantorowicz está tomada de H. Rosovsky (1990) The University. An owner’s manual. W.W. Norton & Co., Nueva York

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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