¿Son los autistas más vulnerables al extremismo?

Hay titulares que nos obligan a detenernos antes de seguir leyendo. Uno de ellos podría ser este. La pregunta es legítima; la respuesta, sin embargo, exige muchos matices.

En los últimos años han aparecido informaciones sobre grupos extremistas –neonazis australianos, por ejemplo– que habrían intentado captar a jóvenes autistas, especialmente varones, a través de internet. Me preocupan las noticias que asocian a personas con autismo con peligros o delitos, cuando muchas veces son informaciones sesgadas o casos verdaderamente excepcionales. Es como si decimos un organista leonés se ha saltado el semáforo. ¿Indica eso que los organistas o los leoneses son más proclives a las infracciones de tráfico? Al mismo tiempo, algunos trabajos científicos han señalado que determinadas personas autistas pueden encontrarse en circunstancias que aumentan su exposición a determinados riesgos en la red, entre ellos las teorías de la conspiración o los contenidos ultras, pero hay algo que conviene dejar claro desde el principio: ser autista no convierte a una persona en extremista.

Tampoco existe evidencia que permita afirmar que las personas autistas, como grupo, tengan una mayor tendencia a la violencia política. De hecho, investigadores que han estudiado esta cuestión advierten de que establecer una relación directa entre autismo y extremismo sería una simplificación peligrosa. Entonces, ¿de dónde surge la preocupación? Para muchas personas autistas, internet puede desempeñar un papel especialmente importante y ser el principal lugar para socializar y el lugar referente de pertenencia.

La comunicación digital permite reducir algunas de las dificultades que pueden aparecer en las interacciones presenciales. Se puede escribir antes de responder. Se puede elegir cuándo participar. Se pueden encontrar personas con intereses muy específicos. Se puede formar parte de comunidades que proporcionan amistad, conocimiento y sensación de pertenencia. Esto puede ser extraordinariamente positivo. Pero existe otra cara. Los espacios digitales también pueden convertirse en lugares donde una persona aislada encuentre, por primera vez, un grupo que parece comprenderla. Hay personas que actúan como predadores y algunos grupos extremistas conocen muy bien el poder de esa necesidad de pertenencia. El problema, por tanto, no sería «el autismo», sino la combinación de vulnerabilidades individuales, aislamiento social, necesidades no atendidas y oportunidades de captación.

Cuando la necesidad de pertenecer encuentra al grupo equivocado

Imaginemos a un adolescente que se siente rechazado en el instituto, que tiene dificultades para hacer amigos y que pasa muchas horas solo. Busca en internet personas con sus mismos intereses y encuentra un foro. Al principio hablan de videojuegos, tecnología, historia o cualquier otro tema. Después aparecen bromas. Más tarde, mensajes de desprecio hacia determinados colectivos. Finalmente, alguien empieza a ofrecer una explicación aparentemente sencilla para todos los problemas del mundo. ¿Quién es el causante de los problemas de vivienda? No el especulador que tiene treinta pisos, el emigrante que no tiene ninguno. Y, sobre todo, aparece un mensaje muy poderoso: «Aquí te entendemos».

La radicalización rara vez comienza con una declaración ideológica extrema. Puede comenzar con una necesidad humana perfectamente normal: ser aceptado por otros. Esto es especialmente importante cuando hablamos de jóvenes que han experimentado rechazo, acoso, soledad o exclusión.

Un estudio reciente realizado en Australia encontró una sobrerrepresentación de jóvenes autistas entre las personas derivadas a un centro especializado en la evaluación de amenazas. Pero los propios investigadores subrayan que estos resultados proceden de una población seleccionada precisamente porque había sido remitida por preocupaciones relacionadas con amenazas o violencia; no pueden extrapolarse a la población autista general. Además, identificaron necesidades sociales, educativas y de salud mental no atendidas como elementos relevantes. Esto es fundamental.

Una muestra de personas consideradas de riesgo no representa a todas las personas autistas.

Hay otra cuestión especialmente delicada. Algunas características asociadas al autismo pueden ser interpretadas erróneamente cuando se realiza una evaluación de riesgo. Una persona puede tener intereses muy focalizados, muy intensos, temas favoritos. Puede sentirse profundamente atraída por determinados temas históricos o políticos. Puede utilizar un lenguaje literal. Puede mostrar una fuerte preocupación por la justicia o por la coherencia. Puede tener dificultades para interpretar las intenciones de otras personas. Nada de eso constituye, por sí mismo, extremismo, pero sí son características que están a menudo presentes en personas autistas.

Un artículo publicado en Research in Autism Spectrum Disorders ha advertido precisamente sobre este problema: determinados pacientes autistas pueden ser percibidos como personas en riesgo de extremismo debido, en parte, a interpretaciones inadecuadas de algunas características del autismo. Los autores también señalan que las experiencias de adversidad social pueden desempeñar un papel importante. La diferencia es enorme. Un interés intenso no es una ideología extremista. Una dificultad social no es radicalización. Una opinión política no implica optar por la violencia. Y una persona autista no debería ser considerada sospechosa de nada simplemente por ser autista.

La investigación sobre autismo y extremismo es todavía limitada. Una revisión reciente sobre autismo y riesgos en internet señala que existe poca evidencia empírica sólida y que muchas de las investigaciones disponibles presentan importantes lagunas metodológicas. El carácter clandestino de las actividades extremistas hace además que resulte especialmente complicado estudiar directamente cómo se produce la captación o de cuánta gente estamos hablando.

Otra revisión de la literatura publicada hasta 2024 identificó posibles factores de vulnerabilidad agrupados en cuatro grandes áreas: aspectos cognitivos, sociales, psicológicos y determinadas características relacionadas con el autismo. Pero los propios autores señalan que los factores de riesgo y vulnerabilidad todavía no están claramente determinados. Es decir, estamos ante un campo de investigación relativamente joven y eso obliga a ser prudentes. No deberíamos transformar una hipótesis científica en una etiqueta social.

Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. Sacada de la Wikipedia

La prevención empieza mucho antes de la radicalización

Si existe una lección útil en estas investigaciones, probablemente no sea que debemos vigilar más a las personas autistas. Es justamente la contraria: debemos preguntarnos si estamos proporcionando suficientes oportunidades de pertenencia, amistad, participación social y apoyo.

Un joven que tiene amigos, adultos de confianza, actividades significativas y espacios donde se siente bienvenido y competente dispone de muchas más alternativas para satisfacer sus necesidades de conexión que alguien que pasa años sintiéndose rechazado. La prevención no consiste solamente en enseñar a reconocer contenidos extremistas, también consiste en construir entornos en los que esos contenidos tengan menos poder de seducción.

Necesitamos educación digital. Necesitamos pensamiento crítico. Necesitamos enseñar a reconocer la manipulación, la desinformación y las estrategias de captación. Pero necesitamos también algo mucho más sencillo: que nadie tenga que buscar desesperadamente en internet el primer lugar donde alguien le diga que pertenece a algo.

Existe un riesgo añadido en este debate. Si comunicamos mal la relación entre autismo y extremismo, podemos conseguir exactamente lo contrario de lo que pretendemos. Podemos aumentar el estigma. Podemos hacer que un interés intenso parezca sospechoso. Que un adolescente aislado sea considerado peligroso. Que una familia tema que cualquier comentario extraño sea una señal de radicalización. O que profesionales sin formación específica interpreten determinadas características del autismo como indicadores de violencia.

La ciencia debe hacer justamente lo contrario, debe ayudarnos a distinguir. No todas las personas que se sienten solas son vulnerables al extremismo. No todas las personas que consumen contenidos provocadores se radicalizan. No todas las personas autistas están socialmente aisladas. Y, sobre todo, la inmensa mayoría de las personas autistas no tienen nada que ver con el extremismo violento.

Quizá la pregunta más interesante no sea: «¿Son los autistas más vulnerables al extremismo?» Sino: «¿Qué circunstancias pueden hacer que una persona autista sea vulnerable a la manipulación y qué podemos hacer para evitarlo?». Ese cambio de perspectiva importa, porque desplaza el foco desde la condición de la persona hacia su contexto. Nos obliga a hablar de soledad, acoso, exclusión, falta de apoyos, salud mental, educación digital, inserción social y necesidad de pertenencia.

Y también nos recuerda algo que debería estar en el centro de cualquier intervención: la mejor prevención no es mirar a las personas autistas con desconfianza, sino conseguir que tengan suficientes lugares donde sentirse comprendidas, valoradas y parte de algo.

El extremismo puede ofrecer una comunidad falsa. Nuestra tarea debería ser construir comunidades verdaderas. Y mucho de lo que aquí digo sobre los autistas lo veo aplicable a otras minorías.

 

Para leer más:

  • Allely CS, Jouenne E, Westphal A, Staufenberg E, Murphy D (2024) Autism spectrum disorder, extremism and risk assessment. Crim Behav Ment Health 34(2): 182-196.
  • Georgiou N (2026). Are autistic people more vulnerable to extremist content? The Conversation 26 de septiembre https://theconversation.com/are-autistic-people-more-vulnerable-to-extremist-content-290632
  • Georgiou N, Balzan RP, Delfabbro P, Young R (2024) People with autistic traits are more likely to engage with misinformation and conspiracy theories in a simulated social media context. Cogn Neuropsychiatry 29(4-5): 286-305.
  • Gray M, McCarthy J, Mawren D, Cooper S, Simms C, Pathé M (2024) A descriptive study of young people with Autism Spectrum Disorder referred to a Fixated Threat Assessment Centre. Psychiatr Psychol Law 32(4): 632-644.
  • Rousseau C, Johnson-Lafleur J, Ngov C, Miconi D, Mittermaier S, Bonnel A, Savard C, Veissière S (2023) Social and individual grievances and attraction to extremist ideologies in individuals with autism: Insights from a clinical sample. Research in Autism Spectrum Disorders 105: 102171.

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