El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que dura toda la vida y se caracteriza por diferencias en la comunicación social desde una edad temprana y comportamientos repetitivos y restrictivos. La prevalencia mundial del autismo se estima en torno a1 %, con una proporción 3:1 entre hombres y mujeres. Hay altas tasas de infradiagnóstico en la edad adulta, especialmente en adultos de más de 50 años, ya que aproximadamente nueve de cada diez personas autistas mayores de 50 años en el Reino Unido no han sido diagnosticadas o han sido diagnosticadas erróneamente con otra afección.

Hasta ahora, la investigación sobre el autismo se ha centrado principalmente en los niños y los jóvenes, lo que ha dado lugar a una escasez de información sobre el autismo en la mediana edad y la vejez. Comprender las necesidades de las personas autistas que envejecen es de gran importancia, ya que los adultos autistas tienen menor esperanza de vida, así como un riesgo desproporcionado de sufrir problemas de salud mental, como ansiedad, depresión y períodos de crisis, en comparación con los no autistas de las mismas edades.
Una de las principales preocupaciones en materia de salud pública de los autistas es la elevada tasa de tendencias suicidas y muertes por suicidio. El suicidio ha sido identificado como la tercera causa de muerte entre las personas diagnosticadas con autismo (que son un grupo predominantemente joven) en un estudio de mortalidad de la población sueca (representando el 11,7 % de las muertes), siendo las personas diagnosticadas con autismo siete veces más propensas a morir por suicidio que las personas no autistas. Las ideas suicidas (pensamientos de muerte y de que la vida no vale la pena) y las autolesiones suicidas (hacerse daño a uno mismo con la intención de morir) también se han registrado en proporciones más elevadas en personas autistas o con rasgos autistas elevados que en la población general.
Nuzum y su grupo han hecho un estudio observacional transversal con 9979 adultos (76 % mujeres) de 50 años o más que completaron cuestionarios para medir los rasgos autistas, la salud mental actual, las conexiones sociales y las tendencias suicidas (ideación suicida y autolesiones suicidas). Los resultados revelan que la depresión, la ansiedad, el trastorno por estrés postraumático (TEPT), la soledad y el aislamiento social median de manera significativa la relación entre los rasgos autistas y las ideas suicidas, con efectos de pequeña magnitud. En cuanto a las autolesiones suicidas, se ha descubierto que el sexo masculino, la depresión, el TEPT y el aislamiento social son factores de riesgo.

El estudio de Nuzum y su grupo encontró tasas significativamente más altas de ideación suicidad y autolesiones suicidas en adultos con rasgos autistas notables frente a bajos. Entre los factores de riesgo están la depresión, la ansiedad, el trastorno por estrés postraumático, los sentimientos de soledad y los pocos contactos sociales.
A pesar de que las mujeres autistas suelen presentar tasas más elevadas de daño autoinfligido suicida que los hombres autistas, el presente estudio reveló que el sexo masculino estaba implicado en la relación entre los rasgos autistas elevados y las autolesiones suicidas, lo que no concuerda con investigaciones previas basadas en registros nacionales suecos, en las que el género femenino en adultos autistas se asociaba con un aumento del daño. Una posible explicación puede ser la metodología empleada: el estudio de Nuzum y su grupo se basa en experiencias autoinformadas de participantes vivos que participan en una investigación voluntaria, mientras que el estudio sueco utiliza el examen de registros médicos, que incluyen a personas que se han suicidado.

Los adultos de mediana edad y mayores con rasgos autistas elevados y mala salud mental son los más propensos a experimentar tanto ideaciones suicidas como autolesiones suicidas. Esto es especialmente preocupante, ya que las tasas de suicidio entre los grupos de edad más avanzada están aumentando, y las personas con rasgos autistas parecen correr un mayor riesgo. Estudios recientes han puesto de relieve las barreras a las que se enfrentan las personas autistas para acceder a una atención sanitaria adecuada. Además, recientemente se ha descubierto que los adultos autistas con tendencias suicidas no acuden a la sanidad pública en busca de ayuda debido a las barreras que perciben y a la falta de acceso a una atención adecuada, lo que pone de relieve la necesidad de una ayuda y un apoyo adecuados y oportunos para mitigar el riesgo de llegar a situaciones de crisis. Es importante realizar intervenciones específicas y personalizadas para las personas con trastornos del espectro autista a lo largo de toda su vida.
Para leer más:
- Nuzum, E, R Medeisyte, A Eshetu, S Hoare, A Corbett, C Ballard, A Hampshire, E O’Nions, A John, G R Stewart, Joshua Stott (2026) Autistic traits and suicidality in midlife and old age: investigating mediating effects of mental health and social connectedness. Nat. Mental Health https://doi.org/10.1038/s44220-025-00579-0.



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