Supercentenarios y zonas azules

Jeanne Calment es considerada la persona más longeva del mundo. Según Wikipedia vivió hasta los 122 años y 164 días, siendo la más famosa de los supercentenarios, las personas que superan los 110 años de vida. Las personas que ocupan las siguientes posiciones en la lista de los más longevos entre los que al parecer se dispone de información fiable se llevan pocos meses entre sí, pero ella supera en tres años al segundo de la lista.

Calment era un referente porque ponía sobre el tapete si existe un límite máximo para la esperanza de vida; por haber conocido personalmente a Vincent Van Gogh a quien calificó de «feo, descortés, enfermizo y muy desagradable», añadiendo que «apestaba a alcohol»; por sus hábitos, decía que su longevidad y su aspecto relativamente joven se debían a consumir mucho aceite de oliva, en la comida y frotado en la piel, beber vino de Oporto y comer chocolate con alegría, a veces hasta un kilo a la semana. Fumó, aunque muy pocos cigarrillos, hasta la edad de 117 años. También se la recuerda por haber vendido su apartamento al notario André-François Raffray, a cambio de seguir viviendo en su casa  (hipoteca inversa) y una renta mensual vitalicia de 2.500 francos (380 euros) hasta su fallecimiento. El notario falleció mucho antes que ella quien comentó «en la vida a veces uno hace malos negocios».

La edad de Calment fue confirmada por dos gerontólogos franceses de renombre, Jean-Marie Robine y Michel Allard. Ellos dos y el juez que avalaba la información para el Libro Guinness de los Récords recibieron un correo electrónico sorprendente. Valery Novoselov, un gerontólogo ruso de la Moscow State Univeristy hizo una crítica explosiva: que Calment no era Jeanne sino su hija Yvonne, que había suplantado la identidad de su madre fallecida para evitar pagar el impuesto de sucesiones y que por lo tanto cuando murió en 1997 no tenía ni siquiera cien años, solo 99.

La teoría de Novoselov y el matemático Nikolay Zak fue rechazada por una revista científica rusa por considerar que las pruebas eran insuficientes, aunque posteriormente fue publicada en otros sitios. Después de una reunión del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) en París el 23 de enero de 2019, expertos en longevidad franceses, suizos y belgas declararon que el estudio ruso no demostraba su hipótesis y aunque consideró que podría ser necesaria una exhumación del cadáver de Calment para realizar un análisis genético y resolver la controversia, dio por buena la información disponible sobre la incombustible francesa.

Uno de cada mil centenarios alcanza ese límite de los 110 años y se calcula que hay entre 300 y 450 supercentenarios vivos en el mundo. Las localidades o regiones donde hay una alta concentración de centenarios y supercentenarios se llaman zonas azules (por la «sorprendente» razón de que los investigadores las marcaban en un mapa con un rotulador azul) e incluyen la prefectura de Okinawa (Japón), la provincia de Nuoro (Cerdeña, Italia), la península de Nicoya (Costa Rica), Loma Linda en California y la isla de Icaria (Grecia).

Al buscar comunes denominadores se ha hablado de un estilo de vida que combina la actividad física, un bajo nivel de estrés, ricas interacciones sociales, una dieta local basada en alimentos integrales y una baja incidencia de enfermedades. Supuestamente, los habitantes de estas zonas no sólo viven mucho tiempo, sino que lo hacen con tasas más bajas de diabetes, cardiopatías y demencia, lacras que afectan gravemente a gran parte del resto del mundo desarrollado.

El tema de los supercentenarios ganó el galardón de Demografía de los premios Ig Nobel en el año 2024. Estos premios son una barrabasada de los estudiantes de la Universidad de Harvard, se conceden a investigaciones que «primero hacen reír y luego hacen pensar» y con el tiempo han adquirido bastante notoriedad. Entre los trabajos premiados con el Ig Nobel están estudios que demuestran que la presencia de humanos tiende a excitar sexualmente a las avestruces, la afirmación de que los agujeros negros cumplen todos los requisitos técnicos para ser la ubicación del Infierno, un análisis matemático de la probabilidad de que Mijail Gorbachev fuese el Anticristo y una investigación imprescindible sobre por qué se forma la pelusa en el ombligo. El trabajo premiado en 2024 fue una investigación de Saul Justin Newman, un investigador interdisciplinar del University College de Londres y la Universidad de Oxford sobre las zonas azules donde relata que lo que realmente tienen en común estas localidades es un registro pésimo de nacimientos y defunciones.

Saul Newman (izquierda)

El tema de los supercentenarios sale frecuentemente en los medios de comunicación donde se señala aspectos relacionados con los genes (son a menudo zonas montañosas o islas donde es más frecuente una endogamia entre familiares que genere la expresión de caracteres recesivos)  o en los hábitos de vida de esas comunidades que nos pueda dar pistas sobre eso que nos interesa tanto: alargar nuestra vida. Newman encontró una serie de cosas entre curiosas, preocupantes y divertidas:

Que los supercentenarios nacen con más frecuencia el primer día del mes: nacen el día 1 un 150% más a menudo.  También les gusta nacer en múltiplos de 5: el 5, el 10, etc., pero no el 25. ¿Por qué? Porque si te inventas un cumpleaños, estos son los números que eliges, solo que no incluyes el de Navidad en diciembre y la frecuencia del 25 disminuye.

A los superancianos tampoco les gustan los certificados de nacimiento o defunción. Lo cual es extraño, teniendo en cuenta que los certificados de defunción se expiden al morir y tu opinión ya no cuenta mucho.  El 95-99% de las personas, independientemente de su edad en el momento de la muerte, tienen sus datos en los registros civiles. Sin embargo, menos del 15% de los mayores de 105 años tienen uno original. Sólo siete de los 504 estadounidenses que supuestamente han alcanzado los 110 años figuran con certificado de defunción. En contraste más del 95% de las personas ‘normales’ de EE.UU. nacidas al mismo tiempo y en el mismo lugar tienen certificado de defunción. Es casi como si el perro se hubiera comido sus deberes.

Durante décadas nos han contado historias sobre la increíble Okinawa: ¡la cima de la salud! Los «secretos» de la longevidad okinawense incluyen, según dice la prensa, comer boniato, mucho pescado azul y ser feliz. No según el gobierno de Japón. En las encuestas nacionales, los habitantes de Okinawa son los que menos boniato, pescado azul, fruta o verdura comen de las 47 prefecturas japonesas. ¿Qué es lo que más comen en realidad? ¡Jamón York! Una media de 12 latas al año por persona. Desde los años 50.

Más cosas. Los okinawenses tienen el doble de índice de pobreza que cualquier otra prefectura. Tienen el peor índice de masa corporal, comen la mayor cantidad de comida  basura y en el 53º país más feliz del mundo, los jubilados de Okinawa no son más felices que la media. ¿Y entonces? El ejército estadounidense emitió sus certificados de nacimiento pero eso sí, después de bombardear su registro civil. Al parecer, las zonas con más centenarios coinciden con las zonas donde los registros civiles desaparecieron por los bombardeos aliados.

Otro dato apuntado por Newman es que en los países con Zonas Azules y muchos supercentenarios, los gobiernos han pasado por alto tasas asombrosas de fraude en las pensiones. En 2012, por ejemplo, se descubrió que más de 7.500 centenarios griegos estaban cobrando su pensión, aunque llevaban años muertos. También Italia ha encontrado 30.000 muertos cobrando pensiones. El hijo de Irma Borgoglio cobraba diligentemente los cheques de la pensión de su madre mientras su cuerpo estaba en un congelador a la bien conservada edad de 102 años. Paola Puricelli fue encontrada en el congelador de su casa de Borgomanero, en la región del Piamonte. Había muerto cuatro años antes. Su hija declaró a la policía que conservó el cadáver para poder «estar siempre cerca» de su madre, aunque también admitió que al no haber trabajado durante años y al habérsele denegado varios préstamos bancarios, «sobrevivía» con la pensión materna.

Newman localizó a más del 80% de las personas de 110 años del mundo y buscó qué tenían en común. Lo que encontró fue que viven en regiones con:

  • Mayor pobreza
  • Menor esperanza de vida
  • Peor salud
  • Más pobreza en la vejez
  • Mayor desempleo
  • Menos personas mayores de 90 años

Newman piensa que lo que realmente tienen en común estas zonas no es la dieta mediterránea ni el sobrellevar bien el estrés sino «porque ahí es donde hay más presión para cometer fraude en las pensiones».

Newman subió su artículo a bioRxiv, un repositorio donde se pueden colgar artículos sin revisión por pares, es decir, sin evaluar y aprobar por especialistas en el mismo campo. Sin embargo, el siguiente paso habitual, mandarlo a una revista científica y publicarlo tras la revisión y visto bueno de especialistas, no lo ha conseguido. Según él contaba en su cuenta de X (@saul_newman) el 4 de mayo de 2020:

«Este documento ha sido bloqueado repetidamente en la revisión por pares, por problemas sencillos de solucionar, en múltiples ocasiones. Me han llamado fraude, me han amenazado con litigar por analizar datos públicos abiertos y he recibido montones de cartas de odio *de mis revisores académicos*.

Al parecer no ha perdido la esperanza y en la misma cuenta indicaba: «Afortunadamente, permite el libre intercambio de ideas. Con suerte, y un editor valiente, con el tiempo este documento se permitirá en la literatura científica para un debate adecuado y razonado».

Newman no es el único que sospecha de la información de los supercentenarios. Harriet Hall, que escribe para Science-Based Medicine, afirma que no existen estudios controlados de personas mayores en las zonas azules, y que las supuestas dietas saludables de estas regiones se basan en especulaciones, no en pruebas obtenidas a partir de un estudio científico riguroso, pero sí demuestran nuestro apego a la vida. Al final, como decía Jeanne Calment «tuve que esperar 110 años para hacerme famosa. Quiero disfrutarlo el mayor tiempo posible».

 

Para leer más:

 


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Comentarios

2 respuestas a «Supercentenarios y zonas azules»

  1. Avatar de delightfullyd621adf40e
    delightfullyd621adf40e

    Muy ameno… pienso que voy con retraso con el chocolate, tengo que hacer mas visitas a La Trapa.

    1. El nombre científico de la planta del cacao es Theobroma cacao. Theobroma significa la comida de los dioses, creo que con eso está todo dicho.

Gracias por comentar con el fin de mejorar