«Spleen» es el nombre inglés del bazo. El diccionario de la Real Academia Española acepta la grafía «esplín» que ya utilizó Tomás de Iriarte (1750-1791) en el siguiente poema para referirse a un sentimiento melancólico:

Definición del mal que llaman esplín

(del inglés spleen)

Es el esplín, señora, una dolencia

que de Inglaterra dicen que nos vino.

Es mal humor, manía, displicencia,

es amar la aflicción, perder el tino,

aborrecer un hombre su existencia,

renegar de su genio y su destino,

y es, en fin, para hablarte sin rodeo,

aquello que me da si no te veo.

En francés, «spleen» es un estado de melancolía sin causa definida o la angustia vital de una persona. Fue popularizado por el poeta Charles-Pierre Baudelaire (1821-1867), pero había sido utilizado antes, en particular por los escritores románticos. En España recuerdo a Francisco Umbral (1932.2007) que tuvo una columna antetitulada durante unos días Spleen de París y luego, aunque agradeció la «imaginaria corresponsalía parisina», Spleen de Madrid. Recopiló esas columnas en dos libros.

La conexión entre el bazo y la melancolía viene de la medicina clásica griega, porque los médicos de la antigüedad pensaban que el bazo segregaba la bilis negra, que era la responsable de este sentimiento («melaina chole» es bilis negra en griego). Aunque hoy en día se sabe que no es así, la idea permaneció en el lenguaje. Curiosamente, el Talmud (tratado Berakhot 61b) considera al bazo como el órgano de la risa.

A veces nos preguntamos «¿Qué me pasa?». Nos sentimos vacíos, apáticos, negativos, sin una razón que lo explique con claridad. Miramos a nuestro alrededor y en nuestro interior y no lo entendemos, pero tienes una sensación de hastío existencial, de desesperanza. Hay siempre cosas que nos deberían hacer felices: el trabajo por el que te esforzaste, personas que te quieren, salud, y aun así sientes que no solo no eres feliz, sino algo peor, que no sabes serlo.

El esplín es un desasosiego que resulta del estrés prolongado e imprevisible y que nos roba la capacidad de encontrar satisfacción en lo que hacemos. Nos sentimos entumecidos emocionalmente, apáticos, negativos. Esta sensación le roba a todo la belleza, la alegría y el placer. Hay un contraste entre las expectativas y la realidad y aún peor, entre cómo pensabas que te sentirías en ese punto de tu vida y cómo te sientes en realidad.

Dicen que una enfermedad no existe hasta que la ponemos nombre. El nombre de esplín era difícilmente defendible y esta fue denominada «anhedonia» por el psicólogo francés Theodule Ribot en 1896. Originalmente se utilizaba para describir la incapacidad de experimentar placer (el término procede de la palabra griega para placer, hedoné y de ahí el término para referirse a los artistas del placer, a aquellos filósofos que priorizaban el placer en el estilo de vida, las acciones y los pensamientos: los hedonistas. Más tarde la definición se amplió para incluir un componente motivacional: la pérdida de interés o placer por cosas que antes te resultaban gratificantes. Se repiten frases como «No tengo ganas de nada», «me da todo igual» y «no merece la pena ni intentarlo».

Hay quien distingue entre varios tipos de anhedonia. La anhedonia social se produce cuando no se disfruta estar con gente. Puede que sientas que no tienes nada que aportar, ya sea amor, afecto o una buena conversación. La anhedonia física se produce cuando los estímulos sensoriales, el tacto, los aromas o los sonidos armoniosos no generan una respuesta, ni siquiera actividades objetivamente placenteras como escuchar una música favorita genera una sensación de bienestar, de alegría. El tercer tipo es la anhedonia sexual y es cuando la persona experimenta una falta de interés e incluso incapacidad para disfrutar de las relaciones sexuales.

La anhedonia más que una enfermedad es un síntoma y acompaña a trastornos como la depresión, el párkinson, el trastorno bipolar, el consumo de drogas, el trastorno de estrés postraumático y la esquizofrenia o a accidentes como los traumatismos cerebrales. Pero también parece que es un problema de nuestra época: nos sentimos decaídos sin una causa que lo justifique, luchamos por valorar más positivamente nuestra situación que objetivamente es buena y nos cuesta encontrar un significado o un propósito en nuestras vidas. No nos identificamos con esa versión actual: yo no soy así.

La anhedonia no es lo mismo que la apatía, aunque ambos problemas pueden aparecer juntos. La anhedonia es la falta de disfrute o placer. La apatía es la falta de energía o motivación para hacer cosas. Sentimientos como la tristeza, la ira o la decepción son también diferentes, pero forman parte de la vida y, al menos, se sienten de manera activa, nos fuerzan a reaccionar y responder. Sentirse «chof» es algo plano, es una quietud horrible, casi una cualidad antivital, como estar atrapado en una sala de espera de la que nunca sales.

Nuestro cerebro trabaja en ciclos de búsqueda, logro, recompensa y memoria. En primer lugar, tenemos la fase apetitiva, motivacional, para la que necesitamos dopamina («lo quiero», «voy a ir a buscarlo», «lo voy a intentar»); la segunda es la consumatoria, alcanzar el objetivo perseguido (que puede terminar en un «me gusta» o en «no me gusta»), en la que nuestro cerebro libera opiáceos y genera sensación de placer a través del circuito de recompensa; y luego hay una fase de aprendizaje, de revisión, en la que se evalúa el esfuerzo y el resultado. Si ha merecido la pena, lo guardamos en memoria para repetirlo en un futuro; si no lo ha hecho, lo archivamos también en la memoria para no volver a cometer el mismo error. Hay también un claro componente social: casi todos los placeres, como la comida, la bebida y el sexo, aumentan si se hacen con gente. El verdadero placer no es egoísta, busca ser compartido. Piensa en las mejores comidas que hayas disfrutado, apuesto a que había otras personas allí, aunque la alimentación, si lo pensamos un momento, sea un asunto bastante individual.

Se investiga para conocer mejor las causas de la anhedonia. Los estudios sugieren que podría deberse a una falta de actividad en el cuerpo estriado ventral, una zona del cerebro situada por encima y detrás de las orejas. Forma parte del circuito de placer del cerebro, que recibe y produce dopamina, la hormona del bienestar. Diferentes autores consideran la implicación de otros neurotransmisores y neuropéptidos, como opioides, glutamato, serotonina, ácido gamma-aminobutírico o galanina. Un cambio en la actividad de esta zona del cerebro puede afectar a la anticipación y percepción de recompensas, como estar con otras personas o participar en determinadas actividades.

Las causas de una mayor prevalencia de la anhedonia en la actualidad no están claras: el estrés, el agotamiento, las malas experiencias, los cambios hormonales, la ansiedad. Últimamente también ha habido informes anecdóticos de que algunos fármacos, como el famoso Ozempic, disparan la anhedonia. Son personas que pierden peso, pero también las ganas de hacer prácticamente cualquier cosa. Hay quien piensa que el aumento de la anhedonia en la actualidad va ligado a la inmediatez, a la gratificación instantánea ligada a la tecnología. Hace tiempo tenías que esperar para muchas cosas, piensa por ejemplo en las fotografías, gastar el carrete poco a poco, llevarlo a revelar, recoger las fotos. En ese tiempo de espera repasamos lo que hemos hecho, valoramos las experiencias ahí recogidas, las personas con las que compartimos esos momentos y también hacemos un breve examen interior sobre cómo nos sentimos, qué es lo que queremos, a quién te gustaría enseñar esas fotos, dónde querrías hacer el próximo viaje. Había una secuencia predecible: deseo, espera, entrega.  En la actualidad, tenemos casi todo al alcance de nuestro teclado, puedes comprar, ver sexo, comunicarte con alguien, y por supuesto también ver la foto que acabas de hacer sin demora. Las respuestas instantáneas quizá nos roban la vivencia de la anticipación y nos alteran el tiempo para recordar, pensar y planear.

¿Y cómo salir de anhedonia? En algunos casos puede convertirse en un trastorno y en esos casos la respuesta es buscar un profesional: un médico o un psicólogo clínico que te ayude y te ponga un tratamiento: La anhedonia empeora la evolución de la depresión. Pero hay otras veces que no es tan grave, que lo que necesitamos es reaccionar y ser conscientes de que puede ser una oportunidad para dar una patada al fondo de la piscina, salir a la superficie y volver a respirar. La principal salida parece ser un cambio de vida, ponerse nuevos objetivos y trabajar por ser más parecidos a como quisiéramos ser, pero esto puede ser mucho pedir de partida. Hay tres cosas clave que evitan el sentimiento de anhedonia y ayudan a superarlo. La primera es salir a la naturaleza. Los paisajes, la luz, los árboles, el mar, el sol, el viento o la lluvia nos hacen reconectar con nosotros mismos, nos llenan y nos hacen sentir mejor. Un segundo aspecto es el ejercicio físico: caminar, nadar, jugar al fútbol o al pádel, lo que sea que nos guste. Ya sabes, también en esto sal de la zona de confort. La tercera recomendación es pasar tiempo con personas que te hagan sentir bien, alguien que te hace sonreír, alguien que te escucha y te aprecia. Sí, hay personas así en tu vida, a menudo deseosas de saber de ti.

 

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Comentarios

8 respuestas a «El esplín»

  1. Avatar de Manuel García
    Manuel García

    Buenos días, Dr. Alonso.
    Resulta difícil encontrar artículos tan bien desarrollados, y por consiguiente tan útiles, como éste.
    Gracias por compartir sus trabajos, que tanto nos ayudan.
    Manuel E. García

    1. Buenos días

      Muchas gracias por tener el detalle de detenerse a dejar este amable comentario. Un saludo cordial

      1. Avatar de Amalia
        Amalia

        Buenas tardes! Muy interesante el articulo. Es aplicable a las personas con TEA.
        Gracias por ayudarnos a aprender.
        Saludos de Amalia madre de una persona con TEA

      2. Muchas gracias. Siempre a vuestro lado.
        Un saludo cordial

  2. Avatar de Carmen Luz
    Carmen Luz

    Gracias por su gran aporte a este tema.
    Muy interesante!
    Carmen Luz

    1. Muchas gracias. Me alegro de que sea de su interés.
      Un saludo cordial

  3. Avatar de Rafael
    Rafael

    Gracias por este y otros artículos también desarrollados. Ayudan a menear el coco un poco más.

  4. Avatar de Mª Camino Ochoa Fuertes
    Mª Camino Ochoa Fuertes

    Un artículo ilustrativo, con el que he aprendido un poco más. Gracias por explicar tan bien estos temas.

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