Los microplásticos son fragmentos de cualquier tipo de plástico de menos de 5 mm de longitud. Entre los primarios están las microfibras de la ropa, las microperlas, las purpurinas de plástico y las bolitas de plástico de cualquier procedencia. Los microplásticos secundarios son el resultado de la degradación de productos plásticos de mayor tamaño a través de procesos naturales de meteorización tras su entrada en el medio ambiente. Las fuentes de estos microplásticos secundarios incluyen las botellas de agua y refrescos, las redes de pesca, las bolsas de plástico, los recipientes y envases y el desgaste de neumáticos, entre otros.

Los microplásticos contaminan los ecosistemas naturales. Los seres humanos estamos expuestos a los microplásticos presentes en el aire, el agua e incluso los alimentos. Dado que los plásticos se degradan lentamente (a menudo a lo largo de cientos o miles de años), los microplásticos tienen una alta probabilidad de ingestión, incorporación y acumulación en los cuerpos y tejidos de muchos organismos. Los estudios han detectado diminutos fragmentos y motas de plástico en pulmones humanos, placentas, hígados, riñones, leche materna, semen, testículos, articulaciones de rodillas y codos, penes, vasos sanguíneos y médula ósea. A esta lista se ha añadido el cerebro.

Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Daegu Gyeongbuk en Corea administraron por vía oral microplásticos de poliestireno de dos micrómetros de tamaño o menos a ratones durante siete días. Al igual que los humanos, los ratones tienen una barrera hematoencefálica que impide la entrada en el cerebro de la mayoría de sustancias extrañas, sobre todo sólidas, pero el examen del tejido nervioso tras esa semana encontró que las pequeñas partículas de plástico habían penetrado. Una vez en el cerebro, las partículas se acumulaban en las células microgliales, que son clave para luchar contra los agentes infecciosos del sistema nervioso central, y esto tenía un impacto significativo en su capacidad de proliferación. Las células microgliales reaccionaban a las partículas de plástico como hacen ante una amenaza, lo que provocaba cambios en su morfología y, en última instancia, conducía a la apoptosis, o muerte celular programada. El tratamiento con microplásticos alteró la expresión de grupos de genes de respuesta inmune, inmunoglobulinas y varios microARNs relacionados.

En humanos, un examen de los hígados, riñones y cerebros de cadáveres sometidos a autopsia reveló que todos contenían microplásticos, pero las 91 muestras cerebrales contenían de media entre 10 y 20 veces más que los demás órganos, quizá por la mínima capacidad de renovación del cerebro. Según el autor principal del estudio, Matthew Campen, toxicólogo y profesor de ciencias farmacéuticas de la Universidad de Nuevo México, los resultados fueron sorprendentes. Los investigadores descubrieron que 24 de las muestras cerebrales, recogidas a principios de 2024, contenían de media alrededor de un 0,5% de plástico en peso. «Es bastante alarmante», dijo Campen en declaraciones a The Guardian. «Hay mucho más plástico en nuestros cerebros de lo que nunca hubiera imaginado o con lo que me hubiera sentido cómodo». El estudio describe el tejido nervioso como «uno de los tejidos más contaminados por plástico hasta ahora muestreados».

Aunque no se conocen bien los peligros para la salud de los microplásticos en el cuerpo humano, estudios recientes empiezan a sugerir que podrían aumentar el riesgo de diversas afecciones, como el estrés oxidativo, que puede provocar daños celulares e inflamación, así como enfermedades cardiovasculares. Los estudios con animales también han relacionado los microplásticos con problemas de fertilidad, diversos tipos de cáncer, alteraciones del sistema endocrino e inmunitario y trastornos del aprendizaje y la memoria. La exposición a un plastificante, los ftalatos, ha aumentado el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de muerte en Estados Unidos, además de causar una pérdida de productividad de 39.000 millones de dólares o más al año. Hay quien cree que los microplásticos son uno de los grandes riesgos para la salud y que debería emitirse una alarma general, pero todo indica que no estamos dispuestos a hacer cambios en nuestro estilo de vida, aunque nos vaya la vida en ello, y los plásticos son un componente fundamental de la sociedad actual.

Entre las estrategias para reducir la cantidad de microplásticos está el evitar las comidas ultraprocesadas, que contienen una proporción más alta probablemente porque están más en contacto con el plástico de los equipos de producción;  sustituir los recipientes de plástico (tuppers, botellas, biberones…) por otros de cristal o las tablas de cortar de plástico por otras de madera; consumir agua del grifo en vez de agua embotellada y ser prudente con otras fuentes de microplásticos como la ropa, ropa de cama y los muebles. Los tejidos sintéticos, como el poliéster y el nailon, pueden desgastarse por la fricción, la calefacción, la luz y el uso en general, lo que hace que desprendan fibras de microplástico. Otras medidas de sentido común, como lavar la ropa con menos frecuencia, lavar cargas completas y secar en tendedero, también pueden ayudar a minimizar la dispersión de estas partículas procedentes de la ropa. Los científicos han descubierto que pasar la aspiradora con frecuencia puede reducir los niveles de microplásticos en el polvo doméstico. Utilizar un paño húmedo en lugar de un plumero también puede ayudar a prevenir la propagación de microplásticos en interiores. Según los expertos, estas medidas podrían ayudar a limitar la exposición a los microplásticos, pero sólo hasta cierto punto. En las circunstancias actuales es prácticamente imposible eliminar el plástico por completo. Por eso, necesitamos comprender qué plásticos pueden ser más perjudiciales para la salud humana, como penetran y se difunden en el organismo y qué materiales sustitutorios podemos usar para reducir nuestra exposición. Tenemos que cambiar a productos de plástico que sean biodegradables (es decir, que se descompongan de forma natural) o más fáciles de reciclar químicamente; y hay que incentivar a los consumidores y a las empresas para que los adopten en todos los productos y procedimientos posibles.

Hay microplásticos en la cima del monte Everest, en el lodo de la fosa de las Marianas, flotando en la troposfera y dentro de tu cráneo. Hay dos mecanismos claros por los que los microplásticos pueden perjudicarnos: alterando químicamente el funcionamiento normal de nuestros sistemas corporales o acumulándose en cantidades suficientes para bloquear nuestros sistemas circulatorio, respiratorio o digestivo. Ahora se abre el interrogante de qué efectos pueden causar en nuestro sistema nervioso.

 

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Comentarios

4 respuestas a «Microplásticos en el cerebro»

  1. […] Anterior Microplásticos en el cerebro […]

  2. Avatar de Alfonso
    Alfonso

    Interesantísimo Dr. Alonso.

    1. Muchas gracias. Me alegro de que le guste.

  3. […] Publicado el 10 septiembre, 202528 agosto, 2024 por blogueame16 Microplásticos en el cerebro […]

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