El momento de nacer es quizá el cambio más dramático de nuestras vidas: antes estás flotando tranquilo en la oscuridad a 37 ºC y de repente pasas a un ambiente hostil, lleno de estímulos, cambios y peligros. En esos primeros momentos hay un individuo clave para ti, al igual que para todos los mamíferos: tu madre. De ella depende tu alimentación, tus cuidados, tu supervivencia.

El vínculo madre-hijo es fascinante. Aunque normalmente se asocia al embarazo y el parto, puede darse también en casos en los que el hijo no está emparentado, como en el caso de un niño adoptado o familias ensambladas tras un nuevo emparejamiento. Me parece precioso querer a los hijos de tu pareja como a los tuyos propios.

Unos investigadores han identificado en el cerebro de crías de ratón unas neuronas que les permiten formar un vínculo único y fuerte con su madre en los primeros días de vida. Este vínculo es fundamental para un desarrollo normal. Si la madre y la cría se alejan, aunque sea brevemente, se produce lo que se denomina ansiedad por separación, parte de un proceso normal en la maduración cognitiva del niño, pero si la ansiedad es excesiva se habla de trastorno de ansiedad por separación y el niño se vuelve temeroso y nervioso cuando se aleja de un ser querido, normalmente uno de sus padres. La ansiedad del niño puede reducirse mediante la imprimación, es decir, la estrategia es preparar al niño para la experiencia antes de que ocurra y crear y mantener la conexión entre el padre ausente y el niño durante la separación mediante, por ejemplo, las videollamadas.

Los investigadores estudiaron crías de ratón lactantes de entre 16 y 18 días de edad y utilizaron técnicas de neuroimagen para registrar la actividad de la zona incerta (ZI), una fina capa de materia gris situada debajo del tálamo, mientras los animales interactuaban con su madre. Esta zona, situada en el centro del cerebro de los mamíferos, procesa información visual, auditiva y de otros sentidos e interviene en la coordinación de esta información sensorial. Durante el desarrollo temprano, forma conexiones con diversas regiones cerebrales, algunas de las cuales se retraen tras el destete, lo que sugiere que su función cambia con la edad.

Los investigadores primero evaluaron qué neuronas de la zona incerta se activan cuando las crías lactantes interactúan con sus madres. Para ello implantaron quirúrgicamente una sonda de fibra óptica en el cerebro de algunas crías. De este modo, los investigadores pudieron detectar la luz emitida cuando se activaban las neuronas y eran aquellas que producen una sustancia llamada somatostatina, que regula varias funciones corporales al impedir la liberación de otras moléculas, como la hormona del estrés, la corticosterona. Si se estimulan estas neuronas cuando las crías se separan de la madre, se produce un efecto tranquilizador similar al generado por la presencia de la madre y se reducen los comportamientos asociados al estrés.

Para comprobar si la actividad de estas neuronas era específica de las interacciones madre-hijo, los autores observaron los cerebros de las crías de ratón mientras pasaban tiempo con otros ratones desconocidos, incluidas otras hembras lactantes, hembras no lactantes y machos adultos. También comprobaron si las neuronas respondían a varios objetos de control: patitos de goma y juguetes peludos para gatos con forma de ratón. Según confesaron los investigadores «compramos cientos de ellos en Amazon».

Las neuronas somatostatinérgicas no respondieron a los juguetes, pero se activaron en cierta medida cuando las crías de ratón interactuaron con adultos no emparentados, hermanos y otras crías de su misma edad, pero la respuesta más intensa era con la madre, lo que sugiere que estas neuronas desempeñan un papel clave en el desarrollo del vínculo único entre madre e hijo. Las crías aisladas con las neuronas de somatostatina activadas también aprendieron a formar asociaciones positivas con determinados olores, de forma similar a como lo hacían con su madre presente.

La información disponible sugiere que la función de estos circuitos cambia con la edad. Mientras que en las crías lactantes estas neuronas parecen estar implicadas en la creación de un vínculo afectivo y la reducción del estrés, su activación en ratones adultos aumentan las respuestas asociadas a la ansiedad y el miedo. No está claro si son las mismas neuronas que cambian de función o si en la misma zona habría dos poblaciones neuronales diferentes que asumirían el control, unas en ratones lactantes y otras en ratones jóvenes y adultos.

El vínculo entre madre e hijo es profundo y tiene otros mecanismos antes insospechados. Los profundos lazos psicológicos y físicos que comparten la madre y su hijo comienzan durante la gestación, cuando la madre lo es todo para el feto en desarrollo, proporcionándole calor y sustento, mientras los latidos de su corazón le proporcionan un ritmo tranquilizador.

La conexión física entre la madre y el feto la proporciona la placenta, un órgano formado por células tanto de la madre como del feto, que sirve de conducto para el intercambio de nutrientes, gases y desechos. Durante el embarazo se produce una transferencia bidireccional de células, de la madre al bebé y del bebé a la madre. Una de cada millón de células de nuestro cuerpo no es nuestra. Estas células se conocen como «microquiméricas», en recuerdo de la quimera, el animal mitológico que era una mezcla de varios seres. Estas células se instalan en muchos órganos del cuerpo, como el pulmón, la glándula tiroides, los músculos, el hígado, el corazón, el riñón, la piel y el cerebro, y un número inusualmente alto en los órganos reproductores femeninos. Las células fetales permanecen en el cuerpo de la madre más allá del embarazo y, en algunos casos, hasta décadas después del nacimiento del bebé. Las células de la madre también permanecen en la sangre y los tejidos del bebé durante décadas. Esto puede tener una amplia gama de efectos, desde la reparación de tejidos y la prevención del cáncer hasta el desencadenamiento de trastornos inmunitarios.

El impacto que pueden tener esas células de la madre o el hijo es ahora sólo una conjetura, hay quien piensa que pueden ser como el ombligo, un recuerdo inútil de nuestra estancia en el útero, pero estas células son menos comunes en los cerebros de mujeres que padecen la enfermedad de Alzheimer, lo que sugiere que pueden estar relacionadas con la salud cerebral. En cierta manera llevamos a nuestra madre siempre con nosotros y, al parecer, no deja de cuidarnos.

 

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Comentarios

3 respuestas a «Siempre juntos»

  1. Avatar de Jean Mary Galicia Garcia
    Jean Mary Galicia Garcia

    Gracias por describir tan sencillo los temas científicos!! Gracias Maestro!!

    1. ¡Muchas gracias! Me alegro de que le haya gustado.

  2. Avatar de Ramiro Fernandez
    Ramiro Fernandez

    Gracias por tus enseñanzas José Ramón.
    Esto es el entrelazamiento cuántico hecho realidad

Gracias por comentar con el fin de mejorar

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