Atención temprana preventiva en el TEA

El trastorno del espectro autista aparece en el desarrollo temprano, pero normalmente no se diagnostica hasta los 3 años de edad, a menudo coincidiendo con la escolarización. No obstante, cada vez son más comunes diagnósticos más tempranos, por una mejor formación de los pediatras y una mayor concienciación de todos los profesionales y, junto a eso hay una población en riesgo que aunque todavía no tenga un diagnóstico formal, debe estar bajo vigilancia por motivos familiares (tener un hermano mayor con autismo) o presentar alguna señal de alarma, algún síntoma que sugiera la posibilidad de un neurodesarrollo atípico.

El diagnóstico, que es frecuentemente duro para los padres, es realmente un punto de partida y permite poner en marcha estrategias terapéuticas, que es lo que conocemos como atención temprana. Debemos también plantearnos hacer una atención temprana preventiva que permita abordar déficits iniciales en un momento donde la capacidad plástica del cerebro es máxima. De hecho, las intervenciones que comienzan durante los primeros dos años de vida, cuando se observan los primeros signos de desarrollo atípico y el cerebro está en un desarrollo rápido y crucial, pueden tener un impacto notable en los resultados del neurodesarrollo en la infancia posterior y en la autonomía y logros a lo largo de toda la vida

Los ensayos clínicos aleatorios anteriores sobre los efectos de la atención temprana no habían establecido con claridad los efectos de la intervención tras la aparición de los primeros síntomas del TEA, en particular en la llegada a un diagnóstico de TEA. Uno de los problemas era la gran heterogeneidad en la intensidad y estrategias de la atención terapéutica que sumada a la propia diversidad de los niños dificultaba establecer grupos fácilmente comparables. Sin embargo, los avances recientes en el estudio del neurodesarrollo han proporcionado información clave sobre los mecanismos de intervención. En particular  a cómo el tipo de interacción del cuidador puede mejorar las vulnerabilidades existentes en el bebé.

En 2021 Whitehouse et al. han publicado en la revista JAMA Pediatrics un estudio en el que han cuantificado el impacto que la atención temprana tiene en el desarrollo posterior de los niños y, en particular, en los síntomas de autismo y en la confirmación del diagnóstico.La intervención elegida es la llamada iBASIS-Video Interaction to Promote Positive Parenting (iBASIS- VIPP) que utiliza técnicas de retroalimentación de vídeo para aumentar la conciencia del cuidador sobre la comunicación social individual del bebé y guía las respuestas del cuidador para construir la interacción social entre ambos. Los aspectos centrales de la intervención iBASIS-VIPP incluyen (1) un enfoque en los aspectos socio-comunicativos de cada díada padre-hijo, (2) la visualización de extractos de interacciones grabadas en vídeo que proporcionaban ejemplos positivos de conductas del bebé e interacciones receptivas del cuidador, y (3) el encuadre de las observaciones por parte del terapeuta, la ayuda en la autorreflexión del cuidador y el enfoque en el cambio de las respuestas comunicativas del cuidador hacia el bebé.

Un estudio piloto inicial había determinado que la intervención iBASIS-VIPP era aceptable para los padres y los bebés. Un ensayo clínico aleatorio de 54 bebés con una mayor probabilidad familiar de TEA (basada en tener un hermano mayor con TEA) descubrió que la recepción de la intervención iBASIS-VIPP a partir de los 9 meses de edad conducía a una reducción significativa de la gravedad de los síntomas emergentes de TEA durante el período previo, hasta los 3 años. Sin embargo, este ensayo clínico aleatorio inicial no tenía la potencia suficiente para medir los efectos del tratamiento en el diagnóstico categórico de TEA, por lo que la importancia clínica de este hallazgo seguía siendo poco clara.

El estudio de Whitehouse et al. (2021) es un examen de los resultados longitudinales de la cohorte australiana hasta 24 meses después (3 años de edad) del punto de partida. El estudio fue un ensayo clínico aleatorio, ciego y con un solo evaluador, de una intervención realizada durante un período de 5 meses con un seguimiento del desarrollo a medio plazo, en dos lugares (Perth y Melbourne, Australia). Los participantes fueron reclutados desde el 9 de junio de 2016 hasta el 30 de marzo de 2018. Las evaluaciones se llevaron a cabo en el momento inicial (línea base), 6 meses después del punto inicial (punto final del tratamiento), 12 meses después del punto inicial y 24 meses después del punto inicial. La evaluación final a los 24 meses después de la línea de base se cerró el 15 de abril de 2020.

Los bebés fueron asignados al azar en una proporción de 1:1 para recibir o una intervención preventiva más atención habitual o sólo atención habitual durante un período de 5 meses. El grupo de intervención preventiva recibió una intervención de comunicación social de 10 sesiones con iBASIS-VIPP. La atención habitual consistió en los servicios básicos prestados por sus pediatras y médicos de familia.

Los bebés fueron evaluados al inicio (edad aproximada, 12 meses), al final del tratamiento (edad aproximada, 18 meses), a los 2 años y a los 3 años. El resultado principal fue la medida ciega combinada de la gravedad del TEA (usando la Escala de Observación del Autismo para Bebés y el Programa de Observación Diagnóstica del Autismo, SACS-R segunda edición) en los cuatro tiempos de evaluación. Los resultados secundarios fueron un diagnóstico clínico ciego independiente de TEA a la edad de 3 años y medidas del desarrollo del niño.

De 171 bebés evaluados para la elegibilidad, 104 fueron seleccionados y aleatorizados; 50 bebés (edad cronológica media 12,40 meses; de los cuales 38 eran niños [76,0%]) recibieron la intervención preventiva iBASIS-VIPP más la atención habitual (1 bebé fue excluido después de la aleatorización), y 53 bebés (edad media 12,38 meses; 32 de ellos niños [60,4%]) recibieron sólo la atención habitual. Un total de 89 participantes (45 en el grupo iBASIS-VIPP y 44 en el grupo de atención habitual) fueron reevaluados a la edad de 3 años. La intervención iBASIS-VIPP condujo a una reducción de la gravedad de los síntomas de TEA (área entre curvas, -5,53; IC del 95%, -∞ a -0,28; P = 0,04). Se encontró una reducción de las probabilidades de clasificación de TEA a la edad de 3 años en el grupo iBASIS-VIPP (3 de 45 participantes [6,7%]) frente al grupo de atención habitual (9 de 44 participantes [20,5%]; odds ratio, 0,18; IC del 95%, 0-0,68; p = 0,02). También se observaron mejoras en la capacidad de respuesta de los cuidadores y en los resultados del lenguaje en el grupo de iBASIS-VIPP.

En conclusión, la recepción de una intervención preventiva para el TEA a partir de los 9 meses de edad entre una muestra de bebés que mostraban signos tempranos de TEA condujo a una reducción de la gravedad de los síntomas del TEA durante la primera infancia y redujo las probabilidades de un diagnóstico de TEA a los 3 años a un tercio de lo encontrado en el grupo con solo atención habitual. Este estudio descubrió que una intervención preventiva utilizada desde el momento en que el desarrollo atípico surge por primera vez durante la infancia reduce los diagnósticos de TEA. 

Para leer más:

  • Whitehouse AJO, Varcin KJ, Pillar S, Billingham W, Alvares GA, Barbaro J, Bent CA, Blenkley D, Boutrus M, Chee A, Chetcuti L, Clark A, Davidson E, Dimov S, Dissanayake C, Doyle J, Grant M, Green CC, Harrap M, Iacono T, Matys L, Maybery M, Pope DF, Renton M, Rowbottam C, Sadka N, Segal L, Slonims V, Smith J, Taylor C, Wakeling S, Wan MW, Wray J, Cooper MN, Green J, Hudry K (2021) Effect of Preemptive Intervention on Developmental Outcomes Among Infants Showing Early Signs of Autism: A Randomized Clinical Trial of Outcomes to Diagnosis. JAMA Pediatr 20: e213298.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

2 comentarios en “Atención temprana preventiva en el TEA”

  1. Muchas gracias por el artículo Jose Ramón. Quería contrastar lo que apunta el trabajo que comentas con la realidad actual que conozco de primera mano que es la de la Comunidad de Madrid. Cuando una familia comprueba que el desarrollo de su hijo no va por dónde esperaba, tiene el recurso de pedir cita en un centro que se llama CRECOVI. El tiempo de espera es de 10 meses. Una vez te ven te aprueban plaza pública de atención temprana, entras en una lista de espera con más de mil niños por delante. Esto hace que aunque antes o después llegue la atención, es cualquier cosa excepto temprana.
    Castilla y León, por ejemplo, tiene una realidad completamente diferente por lo que sé.
    Mucho por hacer todavía aquí en Madrid
    Saludos

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