Agresividad y tronco del encéfalo en el TEA

El comportamiento agresivo es un síntoma común en algunas personas con trastorno del espectro autista (TEA) y puede ser especialmente difícil de manejar para las familias. En particular, los padres informan con frecuencia de que la agresividad en su hijo es más angustiante para ellos que el que tenga unas habilidades de adaptación pobres.

En los niños con desarrollo neurotípico (NT), hay cada vez más pruebas de que el aumento de la agresión se asocia con el funcionamiento del cerebro en las regiones de control de las emociones o de la conducta. Las regiones identificadas incluyen la amígdala, el tronco cerebral, la corteza orbitofrontal, la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada anterior. Estas regiones también podrían estar asociadas con el aumento de la agresividad en los niños con TEA.

El equipo de Rebecca Lundwall et al. (2017) ha analizado la estructura encefálica de personas con TEA y controles para ver si se podía establecer una relación entre los volúmenes de las estructuras cerebrales y los síntomas de agresión reportados por los padres en niños con TEA. La idea puede ser útil para valorar la agresividad como un indicador de diferentes subcategorías de TEA. También hay la esperanza de que una mejor comprensión de los correlatos cerebrales con los resultados conductuales podría contribuir a la identificación de intervenciones eficaces.

Los participantes fueron reclutados a través de centros de servicios comunitarios de apoyo al autismo, atención médica y educación. En principio se seleccionaron los datos de una muestra más grande de más de 150 niños y adultos inscritos en el estudio longitudinal, y de ellos se seleccionaron 45 niños varones con TEA que tenían puntuaciones disponibles en la Lista de Verificación de Conducta Aberrante y datos de neuroimágenes. Los 45 participantes con TEA tenían entre 3 y 13 años de edad, y a ellos se sumaron, de 18 niños varones con desarrollo típico (NT) del mismo rango de edad para poder comparar datos y usarlos como grupo control.

El nivel de agresividad se determinó a partir de la subescala de Irritabilidad de la Lista de Comprobación de Conducta Aberrante (Aberrant Behavior Checklist), y se usó una puntuación de corte ≥18 para indicar alta agresividad y < 18 para el estado de baja agresividad. De acuerdo con este corte, 14 participantes con TEA estaban en el grupo de alta agresividad, 31 participantes con TEA estaban en el grupo de baja agresividad, y los 18 participantes NT estaban en el grupo de baja agresividad.

Los participantes con TD fueron evaluados mediante ADOS, el CI, pruebas de lenguaje y una entrevista con los padres para confirmar que todos tenían habilidades verbales apropiadas para su edad y no tenían antecedentes de problemas de aprendizaje, del desarrollo, cognitivos, neurológicos o neuropsiquiátricos.

Tras hacer el estudio de neuroimagen y luego un análisis estadístico, el único predictor que permaneció con un coeficiente distinto de cero fue el volumen del tronco cerebral, que fue significativo al nivel 0,05 (valor p=0,0453). Es decir, fue un valor estadísticamente significativo, pero muy cerca de esa «frontera» arbitraria del 0,05. El coeficiente de regresión correspondiente al tronco cerebral fue de -0,0001. El coeficiente negativo significa que la probabilidad de estar en el grupo de alta agresividad disminuye a medida que aumenta el volumen del tronco cerebral. El coeficiente es pequeño porque es el cambio medio en las probabilidades logarítmicas para un aumento de 1 milímetro cúbico en el volumen del tronco cerebral.

RASD, Accepted manuscript. doi:10.1016/j.rasd.2016.12.001

Estos datos indican que el tamaño del tronco cerebral puede utilizarse como un predictor de la agresividad.

Los resultados fueron muy similares al predecir el nivel de agresividad al incluir conjuntamente tanto el grupo con TEA como el grupo NT. La regresión logística neta elástica volvió a seleccionar sólo el tronco cerebral como predictor significativo (valor p=0,0427). En el modelo de regresión logística, el coeficiente del tronco del encéfalo volvió a ser -0,0001. Estos resultados sugieren que el tronco cerebral es importante para clasificar el nivel de agresividad, aunque es poco probable que el tronco cerebral sea el único predictor.

Este es el primer estudio que explora directamente los volúmenes cerebrales en relación con la agresividad en el TEA. El hallazgo más llamativo es que la reducción del volumen del tronco cerebral se asocia con la probabilidad de estar en el grupo de alta agresividad frente al de baja. Aunque el tronco encefálico se desarrolla a partir de tres vesículas embrionarias distintas, estos resultados sugieren que al menos una de las estructuras del tronco encefálico está asociada con la conducta de agresión en el TEA. Sin embargo, estos resultados también podrían explicarse por la conectividad funcional  entre el tronco cerebral y otras regiones del cerebro y, de hecho, se han observado anomalías en la conectividad funcional del tronco cerebral en el autismo (Kirsch et al., 2005; Bressler y Menon 2010).

Con respecto al CI, el grupo de TEA de alta agresividad no tenía puntuaciones mejores que el grupo de TEA de baja agresividad. Un resultado interesante es que más participantes en el grupo de baja agresividad eran verbales (91% vs. 73%) y las habilidades lingüísticas pueden lógicamente jugar un papel en la capacidad de expresar los sentimientos sin pasar a una agresión. Sin embargo, hay estudios previos (Maskey  et al., 2013) que sugieren que el lenguaje puede no jugar un factor tan grande en la agresión como se supone.

Este estudio no es el primero en identificar un posible marcador biológico para la agresión y el autismo. Anckarsäter (2006) analizó varios hallazgos relacionados con el autismo y la agresión, incluyendo anormalidades en los circuitos límbicos y un aumento de la neurotransmisión dopaminérgica en comparación con la serotoninérgica. El desarrollo interrumpido de las neuronas serotonérgicas se ha asociado con un aumento de la agresividad y esto se ha propuesto como modelo para el autismo. El presente estudio también es coherente con algunos hallazgos anteriores que sugieren asociaciones entre el tronco cerebral y la agresión o entre el tronco cerebral y el autismo. Por ejemplo, Kirsch, et al. (2005) encontraron que la oxitocina (que modula la agresión) actúa sobre la amígdala, que tiene tanto vías que proyectan al tronco encefálico como conectividad funcional con el tronco cerebral superior (incluyendo el área gris periacueductal y la formación reticular). También se ha descubierto que otra región del tronco del encéfalo, el locus coeruleus, está asociado al autismo. Además, el TEA se ha asociado con un volumen reducido en el tronco cerebral y con el gen HOXA1, que participa en el desarrollo del tronco cerebral. Si bien se habían establecido previamente estas relaciones entre el tronco cerebral y la agresión o entre el tronco cerebral y el autismo, el artículo de Lundwall et al. (2017) establece una conexión entre la agresividad en el TEA y el volumen del tronco cerebral.

Esta línea de investigación tiene el potencial de mejorar los enfoques proactivos de la agresividad en el TEA. Comprender lo que ocurre en el cerebro poco antes de un episodio de agresión podría conducir a mejores intervenciones. Por ejemplo, si supiéramos que es la excitación fisiológica general la que lleva a la agresividad, eso podría ser una pista importante. Algunos tratamientos podrían centrarse en los niveles de excitación fisiológica basales y/o en la modulación de la excitación fisiológica en respuesta a situaciones amenazantes o frustrantes. Una mejor regulación (mediante métodos psicofarmacológicos y/o conductuales) puede proporcionar una ventana de oportunidad para disminuir la ansiedad antes de que el comportamiento agresivo se intensifique.

Este estudio debe replicado con muestras más grandes, también hay que analizar las posibles diferencias de sexo (el estudio utilizó sólo varones), explorar variaciones en el desarrollo y la edad, e incluir otras modalidades de neuroimagen, además de la resonancia magnética. También es necesario que el grupo control se organice por parejas con el grupo TEA para abordar cuestiones como la contribución del CI a la relación entre agresividad y tamaño del tronco del encéfalo. Es necesario mejorar la comprensión de los mecanismos neurales de la agresión y cómo poder establecer objetivos específicos para la intervención en las personas afectadas.

Para leer más:

  • Bressler SL, Menon V (2010) Large-scale brain networks in cognition: Emerging methods and principles. Trends Cognit Sci 14: 277–290.
  • Kirsch P, Esslinger C, Qiang C, Mier D, Lis S, Siddhanti S, Gruppe H, Mattay VS, Gallhofer B, Meyer-Lindenberg A. (2005) Oxytocin modulates neural circuitry for social cognition and fear in humans. J Neurosci 25: 11489–11493.
  • Lundwall RA, Stephenson KG, Neeley-Tass ES, Cox JC, South M, Bigler ED, Anderberg E, Prigge MD, Hansen BD, Lainhart JE, Kellems RO, Petrie JA, Gabrielsen TP (2017)  Relationship between brain stem volume and aggression in children diagnosed with autism spectrum disorder. Res Autism Spectr Disord 34: 44-51. doi: 10.1016/j.rasd.2016.12.001.
  • Maskey M, Warnell F, Parr JR, Le Couteur A, McConachie H (2013) Emotional and behavioural problems in children with autism spectrum disorder. J Autism Develop Disord 43: 851–859.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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