La epidural no aumenta el riesgo de autismo

Hay un gran interés en la identificación de factores de riesgo de sufrir trastorno del espectro del autismo (TEA) asociados a exposición prenatal, perinatal o postnatal de cualquier tipo de tratamiento o sustancia. La idea es identificar factores que puedan ser modificados y puedan ayudar a reducir el número de casos de autismo.

Qiu et al. (2020) realizaron un seguimiento de 147 895 partos únicos por vía vaginal que tuvieron lugar entre 2008 y 2015 en California. Los niños fueron seguidos hasta un año después de una de las siguientes circunstancias: diagnóstico clínico de TEA, final del plan de salud, fallecimiento o finalización del estudio a fecha de 31 de diciembre de 2018. En la cohorte de 147 895 niños nacidos en partos únicos, de los cuales 74 425 eran varones (50,3%); edad gestacional media en el momento del parto, 38,9 semanas, 109 719 (74,2%) estuvieron expuestos a la anestesia epidural materna. Se observó fiebre durante el parto en 13 055 madres (11,9%) del grupo con epidural y en 510 de 38 176 madres (1,3%) del grupo sin epidural.

Se diagnosticó TEA en 2039 niños (1,9%) del grupo con anestesia epidural y en 485 niños (1,3%) del grupo sin epidural. Tras ajustar algunos factores que podrían sesgar los resultados, como el año de nacimiento, el centro médico, la edad materna en el momento del parto, la paridad, la etnia, el nivel educativo, los ingresos del hogar, los antecedentes de comorbilidad, la diabetes durante el embarazo, el tabaquismo durante el embarazo, la preeclampsia o la eclampsia, el índice de masa corporal de la madre antes del embarazo, el aumento de peso durante la gestación, la edad gestacional en el momento del parto y el peso al nacer, el riesgo asociado a la exposición a la anestesia epidural frente a la no exposición a la epidural fue de 1,37 (IC del 95%, 1,23-1,53). En otras palabras, había un aumento del 37% del riesgo de diagnóstico de TEA en los hijos de madres que recibieron analgesia epidural para el parto.

Dado que la anestesia epidural está ampliamente aceptada como medida para aliviar los dolores del parto y las complicaciones graves son muy poco frecuentes, estos resultados dieron lugar a una amplia preocupación tanto entre el público general como en la comunidad científica. La epidural genera una serie de beneficios importantes. Por un lado, produce una analgesia de alta calidad a parturientas evitando el sufrimiento en el parto, pero también proporciona una vía para administrar anestesia si hay que hacer una cesárea no planificada evitando las complicaciones para la madre y la exposición del bebé a una anestesia general. Por otro lado, el estudio de Qiu et al. (2020) fue ampliamente criticado por diversos grupos de investigación al no tener en cuenta muchos factores de riesgo socioeconómicos, genéticos y médicos presumiblemente importantes en el autismo, aparte de la epidural, que podrían ser más comunes entre las mujeres que eligen este tipo de anestesia. Es decir, no puedes comparar partos sin epidural y con epidural si los dos grupos difieren también en otras variables. Además, cinco sociedades profesionales, que representan a más de 100 000 médicos, emitieron una declaración en la que afirmaron que el estudio «no aportaba pruebas científicas creíbles» de la relación entre TEA y anestesia epidural, cuestionaban que tuviera una base biológica plausible y consideraron que las estimaciones estaban sesgadas.

Elizabeth Wall-Wieler y su equipo de las universidades de Manitoba (Canadá) y Stanford (EE.UU) reevaluaron la posible relación entre y publicado por JAMA Pediatrics, e incluyeron nuevas variables en la investigación sobre la epidural. El estudio tiene una serie de fortalezas como la gran muestra, la gran cantidad de datos disponible sobre cada parto que permitieron estudiar un gran número de variables.

La nueva investigación examinó el uso de la epidural durante el parto y los diagnósticos posteriores de autismo en Manitoba e incluyó a 123 175 niños nacidos entre 2005 y 2016, que fueron seguidos hasta 2019. De los niños cuya madre recibió la epidural durante el parto (47 011, el 38,2% del total), a 985 (2,1 %) se le diagnosticó posteriormente un trastorno del espectro autista, en comparación con 1272 (el 1,7 %) de los niños que no nacieron con esta anestesia. Una vez establecidos estos datos en bruto, los investigadores controlaron diversos factores que se cree que pueden influir en el riesgo de autismo, tanto aspectos sociodemográficos de la madre (edad en el parto, nivel de estudios alcanzado, estado marital, apoyo por servicios sociales durante el embarazo y estatus socioeconómico del barrio donde vivían), como otras variables antes del embarazo (diabetes, hipertensión, ansiedad y depresión), durante el embarazo (paridad, diabetes gestacional, hipertensión gestacional o preeclampsia, uso de drogas, tabaquismo, consumo de alcohol, rotura prematura de membranas, hemorragia antes del parto, infección del saco amniótico, infección urogenital, hospitalización por trastorno mental, hipotiroidismo, uso de benzodiacepinas, uso de antidepresivos y uso de antiepilépticos) y asociadas al parto (año de nacimiento, inducción del parto, parto con dificultades, distocia, estrés fetal, macrosomía fetal, edad gestacional, sexo del bebé y tipo de hospital). También estudiaron parejas de hermanos en las que la madre recibió la epidural solo en uno de los partos.

Había diferencias sustanciales en muchas de las variables analizadas entre los partos que habían sido realizados con y sin epidural. De partida, el riesgo acumulado de TEA era 2,0% para los hermanos expuestos a la epidural y 1,6% para los hermanos no expuestos. Sin embargo, al ir viendo el efecto de las distintas variables analizadas y ajustando los datos, se encontró que muchas variables iban explicando parte de esa diferencia.  Tras realizar estos ajustes la conclusión fue que «no hubo diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de autismo entre los niños cuyas madres recibieron la epidural durante el parto y los que no la recibieron» y la toma en consideración de los factores genéticos y familiares redujo aún más la diferencia entre los grupos.

El equipo realizó diferentes análisis y encontró «repetidamente una falta de asociación» entre ambos factores, TEA y epidural. «Eso nos hace estar muy seguros de la solidez de nuestros resultados», dijo la directora de la investigación Elizabeth Wall-Wieler, de la Universidad de Manitoba. Es un ejemplo excelente de cómo estudios parecidos, los dos con poblaciones muy amplias pero uno que analiza más variables y otros menos, llegan a conclusiones opuestas.

Para leer más:

  • Hanley GE, Ip A, Oberlander TF (2021) Epidural Analgesia and Autism Spectrum Disorder Risk—The Challenges Inherent in Complex Observational Research. JAMA Pediatr 10.1001/jamapediatrics.2021.0382
  • Qiu C, Lin JC, Shi JM, Chow T, Desai VN, Nguyen VT, Riewerts RJ, Feldman RK, Segal S, Xiang AH (2020) Association Between Epidural Analgesia During Labor and Risk of Autism Spectrum Disorders in Offspring. JAMA Pediatr 174(12): 1168-1175. doi: 10.1001/jamapediatrics.2020.3231.
  • Qiu C, Desai V, Xiang AH (2021) Methodologic Concerns With Concluding a Link Between Epidural and Autism Spectrum Disorder-Reply. JAMA Pediatr. 2021 Feb 15. doi: 10.1001/jamapediatrics.2020.6695.
  • Wall-Wieler E, Bateman BT, Hanlon-Dearman A, Roos LL, Butwick AJ (2021) Association of Epidural Labor Analgesia With Offspring Risk of Autism Spectrum Disorders. JAMA Pediatr doi: 10.1001/jamapediatrics.2021.0376.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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