Bettelheim, el psicoanálisis y el autismo

Tras Leo Kanner y Hans Asperger la siguiente figura relevante en el abordaje del autismo fue Bruno Bettelheim. Había nacido en Viena en 1903 y aunque creció en un ambiente laico, su herencia judía hizo que tras el Anschluss, la anexión política de Austria en 1938 por la Alemania nazi, fuera detenido y enviado a los campos de Dachau y Buchenwald. Con motivo del cumpleaños de Hitler en 1939 se declaró una amnistía y unos cientos de prisioneros, entre ellos Bettelheim fueron liberados. Ese mismo año escapó a Estados Unidos donde la Fundación Rockefeller le ayudó a encontrar trabajo.

En 1944 Bettelheim fue nombrado profesor de Psicología y director de la Escuela Ortogénica para Niños Trastornados de la Universidad de Chicago. De escuela freudiana, teorizó que los niños con autismo no nacían de esa manera, que el autismo tenía una única culpable, la madre, y que los autistas debían ser tratados con una intensa terapia psiconalítica.  Bettelheim fue uno de los que propusieron como estrategia terapéutica la «parentectomía», que no era otra cosa que separar a los niños de sus padres durante un largo período de tiempo. El autismo, para él, surgía cuando las madres no mostraban el afecto apropiado a sus hijos y no lograban una buena conexión con ellos. También culpó a los padres ausentes o débiles. Según él, los niños autistas «se han retraído del mundo por la ansiedad y el dolor que les causa los sentimientos negativos de sus madres, estas por su parte, ya sea por frustración o también por ansiedad responden no con amabilidad sino más bien con rabia o intencionada indiferencia, lo cual crea una nueva ansiedad en el niño añadido al sentimiento de que el mundo (representado por la madre) no solo causa angustia, sino también ira o indiferencia».

Bettelheim afirmaba que el 85% de los niños acogidos por al Escuela Ortogénica salían curados. Para ello decía «tratamos de hacer comprender al enfermo que no le pedimos nada en absoluto, que sólo deseamos que su estancia entre nosotros sea lo más confortable posible. […] Una gigantesca estatua de mujer acostada, que llamamos “la señora”, ha permitido a más de uno de nuestros niños explorar, sin demasiados riesgos, sus relaciones con la madre, golpean o acarician la estatua, se refugian en su regazo...». En realidad, antiguos internos y varios discípulos de Bettelheim le acusaron de poner en marcha en aquel centro un mundo de terror, con brutalidad y abusos físicos y sexuales a los niños y niñas allí internados.

En 1964, el psicólogo estadounidense Bernard Rimland, que tenía un hijo con autismo, escribió el libro Infantile Autism:The Syndrome and its Implications for a Neural Theory of Behavior, que directamente atacaba la hipótesis de la madre frigorífico. En respuesta, Bettelheim escribió, en 1967, The Empty Fortress: Infantile Autism and the Birth of the Self, texto en el que comparaba al niño autista con un prisionero en un campo de concentración y a los padres con los guardas de las SS. En el libro afirmaba:

La diferencia entre la difícil situación de los presos en un campo de concentración y las condiciones que conducen al autismo y la esquizofrenia en los niños es, por supuesto, que el niño nunca ha tenido una oportunidad previa de desarrollar gran parte de su personalidad.

La fortaleza vacía (1967), contiene una compleja y detallada explicación de esta dinámica en términos psicoanalíticos y psicológicos. Estos puntos de vista fueron discutidos en los años siguientes por las madres de los niños autistas y por los investigadores. Un ejemplo es una reseña de 1997 sobre dos biografías sobre Bettelheim. Molly Finn, la autora, escribió «Soy la madre de una hija autista, y he considerado a Bettelheim como un charlatán desde que La Fortaleza Vacía, su célebre estudio sobre el autismo, salió publicado en 1967. No tengo nada personal contra Bettelheim, si no es personal resentirse de ser comparada con una bruja devoradora, un rey infanticida y un guardia de las SS en un campo de concentración, o preguntarse cuál podría ser la base de la declaración de Bettelheim de que “el factor precipitante en el autismo infantil es el deseo de los padres de que su hijo no exista”. Como la mayoría de los padres de niños autistas, adoro a mi hija».

Bettelheim sufrió de depresión gran parte de su vida. El 13 de marzo de 1990, viudo, con una salud física cada vez más deteriorada y con los efectos de un derrame cerebral que limitó sus habilidades mentales y le dejó con parte del cuerpo paralizado se suicidó colocándose una bolsa de plástico en la cabeza.  Después del suicidio se hizo evidente que sus supuestos resultados exitosos habían sido falsificados. Las grandes historias de éxito de Bettelheim eran el resultado de involucrar a niños que en realidad no eran autistas. Había fabricado muchos resultados, sus estudiantes le acusaron de generar una atmósfera de terror en la escuela, hubo alegaciones de un tratamiento abusivo de los pacientes a su cargo, acusaciones de plagio y evidencias de haber falsificado su currículum. Decía, por ejemplo que el propio Sigmund Freud le había animado a perseverar en su línea de trabajo, pero al parecer lo más cerca que estuvo del maestro del psicoanálisis fue pasar por delante de su casa.  Aunque está claro que el tratamiento de Bettelheim no tuvo éxito en realidad, todavía hay algunos psicoanalistas que siguen sus ideas.

El libro de Bettelheim fue el estertor final de la teoría de la madre frigorífico. En los años siguientes se acumularon las evidencias en favor de un origen biológico del autismo. Los especialistas consideraron con cada vez más convencimiento un componente genético en la base de la afectación, y también que existían factores ambientales que incrementaban el riesgo de sufrir autismo. Es decir, dejó de señalarse a los padres a medida que se fueron encontrando alteraciones moleculares, celulares y anatómicas en los cerebros de las personas autistas. Se llegó al punto de poder estudiar esas alteraciones en niños cada vez más pequeños hasta conseguir hallarlas en el período prenatal, es decir, antes del nacimiento. De esta manera se consiguieron eliminar algunas de las teorías más absurdas sobre esta condición, avanzar en el diagnóstico temprano y estar más cerca de entender sus causas y de progresar en el modo de afrontarlo.

 

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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