Exceso de trabajo y depresión

Las necesidades impuestas por una sociedad globalizada que mantiene actividad 24 horas al día y 7 días a la semana se están abordando ampliando las jornadas de trabajo y extendiendo la actividad laboral al fin de semana. En los países asiáticos el riesgo de karoshi (muerte relacionada con un exceso de trabajo) ha aumentado y en los países de la Unión Europea las dedicaciones horarias ampliadas, superiores a las 35-40 horas semanales, se han convertido en algo habitual en cada vez más y más profesiones.

El trabajo es una actividad necesaria y gratificante, pero un exceso de dedicación horaria puede ser contraproducente e, incluso, dañina para la salud. Un estudio reciente publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health confirma que las mujeres que tienen empleos que exigen una dedicación horaria superior a la media tienen mayor riesgo de sufrir una depresión. Confirmando esta asociación, los estudios longitudinales muestran que los trabajadores que experimentan un deterioro de su salud mental se adaptan reduciendo sus jornadas de trabajo y cambiando su forma de trabajar o los propios trabajos, lo que sugiere el papel capital del trabajo en el estado físico y mental. Estudios previos han mostrado que trabajar un número alto de horas es un factor causal de depresión en funcionarios.

La muestra fueron 23.000 adultos británicos mayores de 16 años, con empleo, que contestaron una encuesta nacional de salud. Los investigadores han encontrado que en comparación con otras mujeres que tienen una dedicación normal, 35-40 horas semanales, aquellas que trabajan 55 horas o más refieren padecer más síntomas depresivos. Lo mismo se encontraba tanto en hombres como en mujeres que tenían que trabajar el fin de semana, además de hacerlo en días laborables.

Estos trabajos epidemiológicos observacionales no establecen una relación causa-efecto; es decir, el que las mujeres que trabajan más tengan más riesgo de depresión no quiere decir que lo primero sea causa de lo segundo. Los investigadores excluyeron algunas variables que también afectan al riesgo de depresión, como los ingresos o el nivel educativo alcanzado, estar soltero o casado, o tener hijos o no.

Estos resultados tienen implicaciones en un mundo en el cual más y más personas se ven «animadas» u obligadas a trabajar más allá de la jornada típica de 8 a 3 o 9 a 5. También se ha visto que el género juega un papel importante en la forma en que el trabajo se organiza, se vive y se recompensa, no solo en términos de segregación de ocupaciones, estatus laboral, movilidad y diferencia en ingresos sino también en las actitudes con respecto al trabajo, el comportamiento laboral y las relaciones sociales. Hay numerosas evidencias que sugieren que hombres y mujeres perciben y responden de manera diferente a las demandas del mundo laboral tales como la dedicación horaria (cantidad de trabajo) como a las presiones relacionadas con la agenda y las fechas límite. Solamente el 4% de las mujeres trabajaban más de 55 horas comparadas con el triple en los hombres y en torno a un 33% más hombres que mujeres trabajaban los fines de semana. Por otro lado, cuando se tienen en cuenta el trabajo doméstico y los cuidados a familiares, las mujeres trabajan más horas de media que los hombres y ello va unido a una peor salud.

Otro factor importante son las nuevas tecnologías. Teléfonos y ordenadores han colaborado a crear una situación de disponibilidad constante, donde nuestro jefe nos puede llamar a cualquier hora de cualquier día y contestamos correos de trabajo también cuando estamos de vacaciones. De esta manera se han ido reduciendo lo que podíamos llamar santuarios personales, los períodos de tiempo privado y no relacionado con el trabajo. Para las mujeres que trabajan, que siempre han tenido que sobrellevar el estrés de intentar encontrar un equilibrio entre actividad laboral y vida familiar, los efectos pueden ser más devastadores. Existiría por tanto una presión que la sociedad pone en nosotros, para trabajar más y aumentar la productividad, a la que sumamos la nuestra personal para estar a la altura y poder avanzar en la carrera profesional.

Los empleadores están dejando a más y más empleados trabajar a distancia, el teletrabajo, y aunque tiene algunas ventajas también tiene inconvenientes. Aumenta la libertad, pero también aumenta el aislamiento. El hogar y el lugar de trabajo dejan de ser entidades separadas y las personas con este régimen de dedicación se encuentran frecuentemente con que no hay horarios y trabajan a cualquier hora del día y también los fines de semana.

En la mayoría de los países las mujeres trabajan, de media, jornadas más cortas que los hombres y son ellas, en particular las que tienen hijos, las que optan con más frecuencia por trabajos a tiempo parcial o reducciones de jornada. Por tanto, las mujeres que trabajan muchas más horas estarían esquivando esta tendencia social, lo que podría ser causa de conflictos laborales y personales. Pueden sentirse presionadas para que dediquen más tiempo y al mismo tiempo sufrir la carga doble de las tareas pagadas y las no pagadas. Además pueden tener que soportar actitudes denigratorias de las personas de su entorno cercano, personal y profesional, lo que puede exacerbar los sentimientos de conflicto interior y de estrés.

Las personas encuestadas contestaron un cuestionario estándar sobre síntomas depresivos que aborda temas como la confianza en sí mismos, la autoestima, el placer en las actividades cotidianas, la pérdida de sueño debida a preocupaciones y la habilidad para concentrarse y gestionar los problemas del día a día. En esa encuesta, que se cuantifica de 0 a 36, una puntuación igual o superior a 12 es indicadora de depresión. De media las mujeres que trabajaban 55 horas o más por semana puntuaban 11,8 mientras que las que llevaban a cabo una jornada normal, de 35-40 horas, puntuaban 11 de media. Por el contrario no había diferencias entre los hombres con dedicación horaria semanal larga y los que trabajaban un horario normal. Por otra parte los hombres que tenían que trabajar los fines de semana mencionaban más síntomas depresivos en ellos mismos, en comparación con los que solo trabajaban los días laborables, una vez que se descontaba el efecto de la satisfacción con el trabajo. El estudio ponía también de manifiesto quiénes eran los que trabajaban largas jornadas laborales: aquellos que tenían mayores ingresos y más libertad en el trabajo.

Una medida sencilla y necesaria es establecer límites. Decidir a partir de qué hora ya no se contestan correos electrónicos o qué actividades no se llevan a cabo, bajo ninguna circunstancia, los fines de semana. También es necesario dedicar tiempo a cosas que nos recargan las pilas, ya sea dar un paseo por la tarde o simplemente romper la jornada con ratos de descanso. También puede ser conveniente hablar con el superior inmediato para establecer una agenda básica, horas de disponibilidad y horas de no disponibilidad y cualquier otro aspecto que tenga esa carga psicológica y pueda favorecer caer en una depresión. Por parte del empleador hay también medidas sensibles: entre las cosas que aumentan la satisfacción laboral está la flexibilidad y sentirse apoyado y valorado por tus supervisores.

Este trabajo tiene algunos aspectos interesantes más. Aunque se recomienda que los estudios sobre trabajo y salud atiendan a las diferencias entre géneros, la mayoría de los estudios se centran en hombres o no separan los datos entre hombres y mujeres. En segundo lugar muchos trabajos sobre los factores psicosociales o la salud en el trabajo no toman en consideración la depresión. En tercer lugar también existe mucha heterogeneidad en qué se considera una jornada normal y cuál es anómalo. En ocasiones los trabajadores a tiempo parcial son clasificados como el grupo de referencia a pesar de que existen evidencias de que existe una asociación entre trabajo a tiempo parcial y problemas de salud. Finalmente muchos estudios se centran en tipos específicos de empleo o situaciones concretas como el funcionariado, lo que puede ser poco representativo del conjunto de la población laboral.

Un par de conclusiones finales de este estudio es considerar las jornadas ampliadas de trabajo como un posible factor de riesgo para la depresión y recordar que los trabajadores que están más satisfechos con su trabajo y sufren menos estrés tienden a ser más productivos, lo que redunda en beneficio de todos.

 

Referencias:

  • Weston G, Zilanawala A, Webb E, Carvalho LA, McMunn A (2019) Long work hours, weekend working and depressive symptoms in men and women: findings from a UK population-based study. J Epidemiol Community Health pii: jech-2018-211309.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

2 comentarios en “Exceso de trabajo y depresión”

  1. Buenos días y enhorabuena a este paisano, gran talento y mejor persona. Me ha encantado la entrevista que le ha hecho Pepa Fernández, sobre todo su naturalidad y sencillez . Tengo que confesar que le he descubierto gracias a este estupendo programa.
    Prometo a partir de hoy leer todo lo que pueda de este autor, tanto de libros como si puedo asistir a alguna conferencia. Es un tema que me ha interesado toda mi vida, ya que pienso que todo está en el cerebro.
    Muchísimas gracias y un saludo muy afectuoso,

    Conchi

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  2. Interesante el articulo. Prefiero ganar 1500-1800 euros siendo feliz, estando en casa a las 6 de la tarde, ver a mi familia, disfrutar de la tarde, de la luz del dia,,que ganar 4000 euros/mes y llegar a casa a las 22 horas. Es un debate problemático. Todo el dinero que ganas en el caso segundo, lo tendrás que gastar cuando tengas 50 años por tu mal estado de salud.
    Escuche la entrevista de RNE. Enhorabuena!!

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