Una historia real de difteria

imageQuerido hijo

Siempre te han gustado los perros así que en esta historia los protagonistas son unos perros peludos y fuertes y a tu padre le gusta la ciencia así que hay también ciencia para que los dos estemos contentos. Tuvo lugar en una pequeña ciudad situada en un lugar hermoso y desolado, la costa noroeste de Alaska, cerca del estrecho de Bering. El pueblo se llamaba Nome y está situado solo cuatro grados bajo el Círculo Polar Ártico, esa zona donde en invierno apenas hay luz, y el hielo y la nieve cubren caminos y montañas, ríos y desfiladeros, rasgados por alguno de los peores vientos del planeta.

Nome tuvo su esplendor cuando se encontró oro en el Yukón,  pero esos tiempos habían pasado en 1925. Tenía unos 455 habitantes Dene, los indígenas de Alaska, y 975 de origen europeo. Desde noviembre a julio, el puerto más cercano estaba bloqueado por el hielo, los días se hacían cortos y la única comunicación era el camino de Iditarod, una pista de 1.500 kilómetros . Una carta llegaba por barco a Alaska, se transportaba durante 680 km por tren hasta Nenana y desde allí hasta Nome en trineos tirados por perros, en un sistema de postas que duraba normalmente 25 días.22

En Nome había un pequeño hospital de 25 camas, con un médico, Curtis Welch, y cuatro enfermeras. Una de las enfermeras tenía una hija de 9 años que se llamaba Anna. Poco después de que el último barco del año, el Alameda, partiera, un niño esquimal de dos años llegó al hospital. Welch pensó que tenía anginas pues tenía la garganta irritada y fiebre. Murió a la mañana siguiente. En los días siguientes aparecieron más casos y otro niño moría también. No era normal pero la madre del segundo niño se negó a que hicieran una autopsia. Poco después murieron dos niños esquimales más, vivían en estrecho contacto con la naturaleza, con la alimentación que llevaban consumiendo durante siglos, sin ninguna contaminación pero no les valió de nada. El día 20 de enero  se dieron cuenta, era difteria. Las típicas placas grises en la garganta se vieron con claridad en un niño de tres años llamado Bill Barnett pero la antitoxina diftérica que tenían estaba caducada y Welch no se atrevió a dársela. Murió al día siguiente.

El 21 de enero una niña de siete años llamada Bessi Stanley fue diagnosticada también. Se le dio antitoxina pero murió esa tarde. Welch se fue a ver al alcalde, le dijo que se enfrentaban a una verdadera epidemia y que hacían falta al menos un millón de unidades de antitoxina diftérica, el único medicamento eficaz. serum-telegram-redDesde la alcaldía mandaron un telegrama a las principales ciudades de Alaska pidiendo ayuda. Al mismo tiempo la situación empeoraba, 20 niños más fueron diagnosticados con difteria -entre ellos Anna- y 50 estaban en riesgo. Dos niños más murieron el día 24.

Alrededor de Nome vivían10.000 personas y sin la antitoxina que se conseguía extrayendo la sangre a un caballo inoculado, la mortandad era cercana al 100%. El clima en enero era terrible y ningún avión podía volar en esas circunstancias. Decidieron que un trineo saldría de Nenana tras recibir el suero enviado en tren y otro de Nome y se encontrarían a mitad de camino en un pueblo llamado Nulato.2013_1112_images_43_icebound

El viaje en trineo de Nulato a Nome duraba normalmente 30 días pero el récord en condiciones óptimas estaba en 9. Welch calculaba que el suero solo duraría seis días bajo las brutales condiciones atmosféricas. Leonhard Seppala, un conductor de trineos famoso por haber ganado varias carreras, fue encargado de hacer la parte más difícil. Su perro guía, el que encabezaba el tiro , se llamaba Togo, tenía ya 12 años y era famoso por su liderazgo, su inteligencia y su habilidad para detectar los peligros.2013_1112_images_41_icebound

El Servicio Público de Salud localizó 1,1 millones de unidades de suero en los hospitales de la costa oeste pero había que llevarlo a Seattle, de allí a Alaska y luego todo el camino hasta Nome. Afortunadamente, en el Hospital Ferroviario de Anchorage encontraron 300.000 unidades que podían permitir aguantar hasta que llegara el envío principal. El tiempo era terrible, la temperatura en la estación de Fairbanks era de -46 °C y un frente frío con vientos de 40 km/h levantaba paredes de nieve de tres metros de altura. El Servicio de Correos ordenó que los mejores conductores y los mejores perros organizaran un sistema de relevos viajando de día y de noche para llevar el paquete con el suero a Seppala, el conductor que iría de Nome a Nulato. La ruta suponía atravesar bosques, montañas, ríos, campos abiertos sin protección de galernas o ventiscas e incluso una parte helada del mar de Bering.

Los carteros eran queridos en Alaska, como deberían serlo en todas partes, y eran los mejores conductores de perros del territorio. El primero fue Bill el Salvaje Shannon que cogió el paquete de 9 kilos con el suero en la estación y se lanzó en medio de la oscuridad pues partió inmediatamente, a las 9 de la noche. Imagina lo que es correr en un trineo a oscuras por una zona accidentada y en medio de unas condiciones inhumanas. La temperatura no paraba de descender y Bill se encontró el camino obstruido así que se lanzó por el lecho helado de un río a pesar de que aún era más frío. Corría al lado del trineo para intentar entrar en calor pero cuando llegó a Minto, a las tres de la mañana, tenía partes de la cara negras por congelación. Calentó el suero en una hoguera, durmió cuatro horas, dejó tres perros que estaban agotados y se puso de nuevo en camino con los seis restantes. Esos tres perros murieron poco después, tal había sido el ritmo con el que habían corrido.diphtheria_b200px

Shannon llegó en muy mal estado a la siguiente posta a las 11 de la mañana, calentaron el suero y Kalland, el siguiente correo, se lanzó a los bosques. La temperatura había caído a -49 ºC y según el dueño de la siguiente casa de postas, tuvo que echar agua caliente sobre las manos de Kalland para separarlas de la barra de guía del trineo.

Mientras tanto, todo el país seguía las noticias, una ola polar se extendió por Norteamérica, el río Hudson se congeló, la gente rezaba por los niños de Alaska que seguían muriendo. Amundsen, el legendario explorador del Ártico se ofreció para lo que fuera, había quien pedía que despegara algún avión pero sin tener un plan factible. Algunos de los perros eran mestizos con pelo más corto y cayeron congelados y alguno de los carteros tuvo que ponerse a tirar del trineo con los restantes. Varios eran Dene, nativos de Alaska. Mientras tanto en Nome había aumentado el número de niños hospitalizados y los restos de la antitoxina caducada se habían acabado. Según un periodista de allí «la única esperanza que nos quedan son los perros y sus heroicos conductores… Nome parece una ciudad fantasma». Mientras, Seppala y su trineo, con Togo a la cabeza, avanzaban 146 km en medio de una tormenta. La temperatura era relativamente templada, de «solo» -30 º. Togo corrió más de 500 kilómetros en aquella carrera contra la muerte. Nunca pudo volver a correr. Cuando llevaban ya esa distancia, Seppala creía que le faltaban más de 160 km e iba todo lo rápido que podía porque la tormenta se cerraba sobre su cabeza. Corría tanto que pasó de largo al primero de los carteros que venía en dirección contraria -no sabía que habían salido a su encuentro- quien le empezó a gritar «¡El suero! ¡El suero! ¡Lo tengo aquí!» Con las noticias de que la epidemia estaba empeorando, Seppala decidió lanzarse por el camino más peligroso pero más directo. Cruzó el hielo abierto del estrecho de Norton con una galerna que hizo descender la temperatura a -65º. Llegó a la posta del otro lado del mar a la 8 de la tarde. Desde la orilla subió al paso de Little MacKinley a 1.500 metros de altitud. 1402_Discoveries_graphic_2Tras descender hasta la siguiente posta, Seppala, más cansado de lo que creía posible, paso el suero a Charlie Olsen. Los niños en estado grave eran ya 28 y llevaban suero para 30. El viento sacaba a Olsen del camino y le congeló las manos cuando intentó colocar unas mantas a sus perros. Llegó a Bluff, la siguiente escala, destrozado. El siguiente relevo, Gunnar Kaasen, esperó hasta las 10 de la noche por si la tormenta amainaba pero la nieve caía sin parar y bloquearía el camino así que partió en medio de la osxuridad. El perro guía se llamaba Balto y la visibilidad era tan escasa que Kaasen no podía ni siquiera ver a los perros que tenía más cerca pero Balto avanzaba sin dudar tirando de sus compañeros. El viento, que llegó a superar los 130 km/h, volcaba el trineo y en una ocasión temió haber perdido el cilindro con el suero que cayó en la nieve. Sufrió congelaciones en los dedos cuando en la noche se quitó los guantes para sentir el cilindro de metal enterrado en la nieve. baltoEn la siguiente posta había ido tan rápido que su relevo estaba todavía durmiendo y tardaría en preparar los perros, así que como Balto y los demás tenían fuerzas decidió seguir hasta el final, hasta Nome. Cuando llegaron ni una sola ampolla se había roto y prepararon la antitoxina inmediatamente. Los niños, incluida Anna, se salvaron. Los perros y sus conductores recorrieron 1.085 kilómetros en 127 horas y media, se consideró un récord increíble, más aún cuando se había hecho a temperaturas extremadamente bajas, con vientos helados y gran parte de noche. En 1975 se hizo una reconstrucción de la carrera y los deportistas , en plena forma y con equipos modernos, tardaron más del doble que el grupo original, pero es que ellos no eran Seppala ni Billy el Salvaje, y no llevaban a Togo, ni a Prince ni a Scotty, ni al famoso Balto.

Aunque la antitoxina era eficaz y los niños empezaron a recuperarse, se hizo un segundo envío con los mismos conductores. Balto se hizo famoso y tiene una estatua en Central Park en Nueva York. Aún así, Togo fue el que guió en la parte más difícil y peligrosa y recorrió casi el doble de distancia. Balto y los demás perros participaron en espectáculos hasta que alguien descubrió que les maltrataban y vivían en condiciones deplorables. Los niños de Cleveland, Ohio, hicieron una colecta y los malamutes y los huskis siberianos vivieron felices hasta el final de sus días en el zoo de Cleveland.

 

Hay algunos mensajes sencillos:

  • La difteria se llamó en España garrotillo porque mataba por asfixia igual que el garrote-vil, el artilugio usado para ajusticiar criminales apretándoles el cuello.
  • La difteria mató millones de personas.
  • El suero antidiftérico, un medicamento bastante eficaz hasta que hubo antibióticos, se logró mediante experimentación con animales, al igual que los antibióticos.
  • La difteria mataba a pesar de llevar una vida sana, de tener una buena alimentación y de no consumir nada contaminante.
  • La vacuna se logró en 1949 y consiguió que en poco tiempo el número de casos anuales pasara de más de un millón a pocos miles a casos aislados.
  • En el siglo XXI, el número de casos de difteria aumentó 20 veces (en 1976, hubo unos 1.000 casos en los Estados Unidos; en 2004, fueron 26.000), aumentando también las muertes (140 personas entre 2000 y 2005 en Estados Unidos, la mayoría niños).
  • Los principales causantes de esas muertes fueron los padres que no vacunaron a sus hijos, los antivacunas que difundieron información falsa y los responsables que miraron hacia otro lado .

Para leer más:

 

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

31 comentarios en “Una historia real de difteria”

    1. Buenos días,
      Una pregunta relacionada con la importancia de la vacunación: entiendo que en general la vacuna impide el desarrollo de la enfermedad pero no el contagio del virus. Entonces, ¿por qué escucho que los padres “anti-vacunas”
      son unos irresponsables por poner en riesgo la vida de los hijos de otros. La vacunación ha impedido el desarrollo de la enfermedad pero no el contagio del virus, ¿o no es así?
      Le agradecería que me aclarara este punto.
      Y disculpe si la pregunta es muy estúpida, soy un absoluto ignorante al respecto.
      Muchas gracias.

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      1. Estimado Javier
        Ninguna pregunta es estúpida y menos correctamente formulada como la suya. En un niño vacunado, el sistema de defensa del organismo localiza con rapidez el virus y lo destruye. En un niño sin vacunar, el sistema de defensa “no conoce” el virus y hasta que lo identifica y empieza a luchar contra él pueden pasar días. En esos días el virus se multiplica a una velocidad asombrosa e infecta a todos los de alrededor (es lo que llamamos un transmisor). Ese niño sin vacunar se convierte en un foco de infección y si algún niño está débil o tiene mala suerte puede morir. Por eso, los antivacunas no solo ponen en peligro la vida de sus hijos sino también la vida de los hijos de los demás.

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  1. Genial. Me ha encantado la historia.
    Solo una cosa; creo que hay una errata en la última frase “los responsables que miraron hacia otro lado como si no pasaRa nada”.

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  2. Una historia con mucho fondo…yo no creo a ciegas en las vacunas (dos casos de mala respuesta en mi familia generando la enfermedad contra la que iba) Tampoco creo en motivos altruistas de empresas farmacéuticas. Qué le vamos a hacer !Me he hecho mayor!
    Pero a veces hay que arriesgarse porque la alternativa es peor. Los padres que no vacunan a sus hijos son “parasitarios” de los que sí lo hacemos. Gracias al riesgo de los nuestros, los suyos están en una situación mucho mejor.
    En cuanto a la carrera repetida para mí no hay duda : la acuciante necesidad consigue que realicemos proezas increíbles…y los del 75 afortunadamente sólo estaban de homenaje!
    Gracias por tu apasionante relato!

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    1. Desde luego que no creo en el altruismo de las empresas farmacéuticas, buscan ganar dinero, eso está claro. Otra cosa es que tampoco creo que quieran matarnos, se quedarían sin clientes. Al final es cuestión de probabilidades (hoy leía de un japonés que le pillaron LAS DOS bombas atómicas) pero creo que hay más probabilidades a favor con la vacuna. Gracias por dejar tu comentario, lo que no estoy seguro de estar de acuerdo contigo es en lo del 75. Si te pasas diez-doce días subido en un trineo quieres ganar, y me imagino que estaban mejor preparados que aquellos mushers. Otra cosa es que si corres con la esperanza de salvar la vida a una panda de niños, te dejes la piel en el intento. Quiero pensar que eso fue lo que pasó. ¡Salud!

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    1. Sí, a mí también me emocionó mientras lo iba escribiendo. La imagen del conductor al que tienen que despegarle las manos de la barra de guía con agua caliente porque se le han quedado pegadas con el frío me ponía la carne de gallina. Gracias por comentar. Un saludo cordial

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  3. Conmovedora historia real, épica e inspiradora, como todas aquellas en las que reconocemos lo mejor que podemos dar como seres humanos. No dudo que los denominados anti vacunas, tengan una motivación ruin o malévola, pero a lo largo de sus “cuestionables reivindicaciones”, ¿han originado alguna historia equiparable?

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    1. No pienso que los antivacunas sean malos o ruines, lo achaco más a ignorancia, a creer sin evidencias algo que ha dicho un famoso o una página de internet, a mezclar temas ideológicos con temas científicos. Y sí, me temo que las historias que han originado hasta ahora no son epopeyas sino pequeñas y grandes tragedias. Gracias por comentar, un saludo cordial

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  4. Conmovedora historia cinenatográficamente relatada, donde la proesa humana y animal van de la misma mano.
    Hay alguna película hecha dobre esta historia?

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    1. Hay una película de dibujos animados titulada Balto (aunque ya he dejado claro que mi favorito es Togo) y no está mal, a los niños les gustará. También hay un documental, de lo que pasó después de llegar la antitoxina, pero no lo he visto. Un saludo cordial

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  5. Que gran historia José Ramón, me encanta leerte.
    Que importantes las aportaciones de tantos héroes muchos de ellos anónimos y a veces incluso desacreditados por la clase médica, que han contribuido a mejorar la salud de la población.
    Solo hay que repasar la historia y valga un simple ejemplo para apuntar que no fue hasta el siglo XIX cuando se propuso la higiene de las manos para prevenir el contagio de patologías en los centros hospitalarios, cuando el problema de sepsis cobraba muchísimas vidas.
    Fue un aportación del Dr. Ignaz Semmelweis que trabajaba en una clínica ginecológica en Viena quien entendió que se podían controlar muchas de las infecciones en el puerperio, con higiene de los médicos que atendían a las parturientas. Todo fue el resultado de su criterio observador, de sus investigaciones y de su interés personal, pero no le valió el crédito necesario, tuvo que luchar contra el escepticismo y la arrogancia de sus colegas, que rechazaban esta simple medida hoy totalmente aceptada.
    Y no cabe duda de que el esfuerzo de tantas personas ha contribuido de forma relevante a la prevención de muchas patologías y a mejorar la salud de la población general que ahora está alcanzando la ancianidad con mayor frecuencia. Lo que resultará según los gobiernos y el FMI en un problema para el estatus económico de esta sociedad postindustrializada que no sabe que hacer para poder mantener a tantos ancianos y necesita encontrar nuevas fórmulas. Y como les decían a mis padres que ahora tienen 75 años, que habiendo contribuido uno mas de 45 años de cotizaciones y otro mas de 20, se propone que uno de los dos va a tener que dejar de cobrar la pensión porque no hay para los dos, siendo que cobran una miseria de 615€ al mes.
    Y ahora aquí me centro en la controversia en relación a las vacunas y sus posibles efectos, habiendo casos en los que un familiar, un hijo o sus padres han tenido una reacción severa adversa, incluso ha podido ser la causa de su muerte, al poco de que le inocularan alguna vacuna. Solo puede entenderlo quien lo ha vivido y sufrido.
    No puede trasmitirse con facilidad la frustración de haber podido evitarlo.
    Es muy fácil juzgar y calificar con adjetivos, que no merece la pena repetir, a quienes asumen el riesgo y deciden no vacunar a sus hijos, pues seguro que sus razones tendrán y deberían ser respetados.
    Como se respeta al que decide fumar sabiendo que está poniendo en riesgo su salud y la de los que están a su alrededor, en connivencia con los gobiernos y con las empresas fabricantes que autorizan aditivos mezclados con el tabaco que aumentan significativamente los riesgos de padecer innumerables enfermedades con costosisimos tratamientos que pagamos entre todos, que benefician a las empresas productoras tanto de tabaco como de medicamentos, y justifican infinidad de puestos de trabajo en el sector sanitario para atender sus demandas de atención médica, ¿¿y alguien pensaría en prohibirlo, o ni siquiera en ponerlo en controversia?? Siendo un tema que afecta a millones de individuos de la población general y representa un gasto sanitario que ni nos imaginamos.
    Y volviendo al tema principal, se supone que si creemos en la efectividad de las vacunas todos los que estén vacunados no tendrían que tener ningún riesgo, entonces ¿porqué es tanta la preocupación? si deberían estar protegidos y sería imposible, dada la seguridad y eficacia de las vacunas, que ocurriese un epidemia que los afectase.
    Pero hoy ya sabemos que no es así y que muchas vacunas no inmunizan al 100% de la población inoculada, y que hay vacunas que provocan efectos adversos en una parte minoritaria de la población inoculada (están recogidos en los prospectos de cada una de las vacunas que si los pudíeramos leer antes de que nos inoculen muchos pensaríamos dos veces el si vacunarnos o no. Pero que poco acceso tenemos a la información completa sobre los detalles que nos interesan para tomar una decisión con conocimiento. yo me he leído más de 10 prospectos de las vacunas que se utilizan en los pequeños y aconsejo a todos a que los lean y se informen adecuadamente de los riesgos que pueden estar asumiendo.
    Como es el caso reciente del omeoprazol que se utiliza indiscriminadamente como protector gástrico, y ahora se ha descrito en los medios de comunicación que tiene riesgo de problemas cardíacos. Esto lo llevo yo diciendo desde hace mas de 20 años cuando me dijeron que de por vida tendría que estar tomando omeprazol por una hernia de hiato, menos mal que no le hice caso al doctor, porque podría estar gravemente enferma por los efectos secundarios. Me libre del omeoprazol investigando en los beneficios de la fitoterapia, lo que me ha resuelto mis problemas digestivos y los de todos los miembros de mi familia que padecían de hernia de hiato.
    Respecto a las vacunas, no será que quieren buscar culpables en quienes solo optan por asumir sus propios riesgos, seguros de que han tomado la decisión adecuada y salvaguardan la salud de sus familiares, asumiendo así la posibilidad de tomar decisiones individuales. ¿¿Esto no les gusta ??
    Es un tema muy controvertido. Pues cada vez estamos dejando la salud de la población en dependencia del interés comercial que pueda reportar, y en manos de quienes muchas veces nos hacen dudar si los intereses generales velan por nuestra salud o principalmente por los intereses de quienes van a tener beneficios económicos.
    Dejar la salud a merced de los beneficios económicos de unos pocos tiene muchos más riesgos que tomar la decisión individual de vacunar o no vacunar.
    Espero no ver que tengan que quitarnos nuestra soberanía a decidir lo mejor para nuestra salud.
    Me viene a la memoria el caso de niño británico, que estuvo en el Hospital de Málaga bajo tutela del estado, hasta que sus padres tuvieron que defender y ganar ante un juez su derecho a tratar a su hijo, con una terapia que no les ofrecía el sistema sanitario de su país y que ellos, por tener un estatus económico solvente, iban a pagarle en otro hospital europeo.
    A veces parece que la salud solo dependiera de lo que deciden por nosotros y no de lo que nosotros en conciencia y conocimiento podemos decidir y así tomar la opción que veamos adecuada.
    Cuantas revoluciones serán necesarias en la humanidad para avanzar en el derecho del individuo a decidir y así poder experimentar y asumir la responsabilidad de las decisiones particulares.
    Si tú estas vacunado mi decisión de no vacunarme no tendría que afectarte pues estarías protegido. ¿o no es así?
    Informarte bien y decidir, sería lo más adecuado. ¡¡¡Si es que te dejan…!!!

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    1. Querida Yolanda
      Después de unos años de escribir en el blog con regularidad, he hablado de mucha gente y también tengo un post dedicado a Semmelweis, https://jralonso.es/2014/05/23/semmelweis/ Espero que te guste.
      Lo que comentas está escrito con la prudencia y la sensatez habitual en ti pero hay cosas que creo necesario matizar:
      – Tu llevas muchos años trabajando en el medio hospitalario por lo que tu comprensión de temas, información, prospectos es muy superior a la media.Probablemente cualquiera que lea un prospecto, de lo que sea, se va a asustar. El fabricante está obligado a poner cualquier reacción adversa, cualquier efecto secundario, aunque sean muy raros. Me parece magnífico buscar información, leer, etc. pero a eso añado el hablarlo con tu médico, tu enfermero, con una persona en la que debes confiar.
      – ¿Por qué si en otros ámbitos confiamos en los profesionales que se han formado durante años en un tema nos cuesta tanto en el tema de la salud? No veo que nadie diga al piloto del avión, déjeme decidir donde aterrizamos o a qué altitud volamos. Y sin embargo, en el ámbito de la medicina, bastantes personas se atreven a tomar sus decisiones en contra de las recomendaciones de los profesionales. En ocasiones, además, eso pone en riesgo la salud de los demás. He puesto algún ejemplo en el post. Hay personas que están en situación de fragilidad y alguien no vacunado les puede contagiar algo que para él es leve y para la otra persona mortal.
      – Si una planta tiene un principio activo, se suele aislar y purificar. Tomando “plantas” pienso que corremos el riesgo de no saber realmente qué cantidad estamos consumiendo, pues varía mucho de planta a planta y no está de más recordar que algunos de los venenos más poderosos están en las plantas.
      – Evidentemente las compañías farmacéuticas ganan dinero con sus productos. También lo hacen los fabricantes de cinturones de seguridad o de airbags y no veo que nadie se lo eche en cara de manera que se hace con los fabricantes de medicamentos o de vacunas.
      Seguiré defendiendo siempre a los profesionales sanitarios, seguro que dentro de treinta años asombra alguno de los tratamientos que ahora seguimos y los aborrecemos (como nos pasa a nosotros con las lobotomías, por ejemplo) pero es que era mejor que lo anterior. En la inmensa mayoría de los que conozco, no hay un interés crematístico, no te recetan algo porque luego una farmacéutica les lleve de viaje a un congreso, lo hacen porque creen que es lo mejor y pienso también que son la mejor guía en los temas de salud.
      Con el cariño de siempre

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      1. Muchas gracias José Ramón, un gustazo siempre leer tu blog y comprobar que seguimos compartiendo y debatiendo.. Un abrazo fuerte y mucha salud para que continúes por muchos años alegrándonos el patio de recreo.. y sin tener que consultar a ningún profesional por ninguna dolencia..

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  6. Hola Jose Ramón, nos conocimos el otro día en la Feria del Libro, dónde me firmaste uno de tus libros, que estoy ahora mismo leyendo con enorme interés. ¡Qué gusto ver que también tienes un blog para seguir leyéndote! Estoy seguro de que tienes razón en el tema de las vacunas para los humanos; tengo muchas más dudas en lo relativo a las vacunas para animales de compañía tales como los gatos que no salen de casa; ahí si que creo que las farmaceúticas tienen un gran negocio injustificado. Tuve la suerte de tener una gata que llegó muy sana a los 18 años sin otras vacunas que las que recibió de cachorrito. Vacunarlos cada año, como recomiendan los veterinarios, me parece un abuso de su sistema inmunitario. Bueno, a seguir disfrutando con tu libro, te pongo unas letras cuando lo acabe. Gloria

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    1. Mil gracias, Gloria. Confío que El hombre que hablaba con los delfines te esté resultando ameno.
      Te voy a discutir un poco lo que me comentas. Como bien sabes es arriesgado llegar a conclusiones con una experiencia personal. Es como cuando alguien dice, “mi abuelo se fumaba todos los días una cajetilla de Celtas sin filtro y llegó a los 97 años”. No sabemos si sin fumar habría llegado a los 107. Las vacunas protegen a nosotros y a nuestros animales de algunas papeletas que nos pueden caer. Es posible que sin ellas no pase nada, claro. Simplemente evitan enfermedades y muertes prematuras. Por último, el sistema inmunitario no tiene ningún problema con las vacunas salvo que alguien esté inmunodeprimido, enfermo, etc. afronta muy bien muchos antígenos nuevos cada día sin ninguna dificultad. My five cents!

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      1. Si, probablemente tienes razón y mi muestra empírica es demasiado escasa y nada científica: esa gata, sin vacunar, que llegó a centenaria gatuna (18 años), y otro gato, que tras vivir muy bien sin vacunas hasta los 12, a partir de su primera vacuna de adulto nunca volvió a remontar y murió tras un par de años de mala salud. Es cierto que su sistema inmunitario no era bueno, pero no estoy segura de que los veterinarios controlen ese tipo de cosas cuando hacen la vacunación sistemática.

        En fin, espero que el desenlace fatal del caso de la vacuna de la difteria haga que los padres de los demás niños se replanteen sus decisiones mejor, o incluso, que vuelva a ser vacuna obligatoria.

        Enhorabuena por el libro, que era el de la nariz de Darwin, y que me ha interesado un montón y sobre todo me ha parecido estar muy bien escrito y ser muy ameno.

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  7. Hola José Ramón. Soy un farmacéutico de Santander, aunque mis orígenes son salmantinos. Tengo una página de la farmacia el Facebook donde escribo cosillas a diario. Me gustaría contactar contigo para que me aconsejes. He leído algunas cosas tuyas y me parecen muy interesantes, sobre todo lo referente al cerebro.

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    1. Estimado Paulino,

      Encantado de ayudarte en lo que pueda. En la portada del blog, en el desplegable debajo de Perfil, tienes una página para contactar directamente (así no me llega tanto spam), cuéntame lo que te interese y lo veo. Un saludo cordial y me alegro que te guste lo que escribo.

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