Felipe de Médici y el raquitismo

felipe_mediciAutor: Alessandro Allori
Retrato de Felipe de Médici, hijo de Francisco I [#P1956].

Óleo sobre lienzo, 108 x 80 cm
Museo del Prado (en depósito en la Embajada de España en Roma)

Hay historias que parecen sacadas de una película de Indiana Jones o de un “best seller” de Dan Brown. En 2004, los investigadores descubrieron que un círculo de mármol que había en el suelo de la Basílica de San Lorenzo en Florencia y que se pensaba que era un adorno del pavimento en realidad era una trampilla que daba paso a una cripta. En el interior de la sepultura subterránea había ocho esqueletos que pertenecían a miembros de una de las familias más poderosas de su época y cuyo papel en la Historia del Arte es sin duda excepcional: los Médici.

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Allí estaba el sarcófago intacto de Gian Gastone, el último Gran Duque de Toscana, y  ocho féretros  con los restos de niños de la familia fallecidos entre el momento del nacimiento y los 5 años. Uno de aquellos esqueletos infantiles correspondía a Felipe de Médici (1577-1582), heredero conocido amablemente como don Filippino, hijo de Francisco I y de Juana de Austria. Su nombre era un homenaje al rey Felipe II de España, su padrino, y su nacimiento fue celebrado con una enorme alegría porque aseguraba la continuidad de la dinastía florentina siendo rápidamente nombrado Gran Príncipe de la Toscana. Según Karen Langedijk (The Portraits of the Medici, Florencia 1983, vol. 2, pp. 846-847), el cuadro puede ser el que está documentado en los Ricordi de Alessandro Allori como ejecutado entre junio y noviembre de 1581. Esta obra fue pagada por Messer Baldovinetti, agente del hermano del Gran Duque, Pietro, quien residía en España, y es por tanto posible que fue encargada como regalo para Felipe II, padrino del niño.

La vida del pequeño Felipe fue una tragedia. Su madre murió cuando él tenía un año al caerse por las escaleras y su padre se casó con su amante, Bianca Capello que no debió ser una buena madrastra pues quería que su hijo Antonio heredase el trono del Gran Ducado y a quien también retrató Allori. Tuvo otros seis hermanos pero solo dos llegaron a la madurez: Eleonora de Médici y María de Médici que se convirtió en reina consorte de Francia, tras pagar 600.000 ducados de oro de dote, una auténtica compra del trono. Felipe murió el 29 de marzo de 1582. Tenía cuatro años de edad.

Los Medici fueron una de las familias más poderosas del Renacimiento italiano. Desde el siglo XIV su pericia en las inversiones y negocios bancarios y su manejo hábil de la política les llevaron a la cúspide política, social y económica, convirtiendo su ciudad, Florencia, en el centro intelectual de Occidente de su época. Los Medici se preocuparon del arte pero también de la ciencia. Fueron mecenas o patrones de Miguel Ángel, Botticelli y Cellini pero también de Leonardo y Galileo y desarrollaron un interés por el mundo natural como se puede ver en la actualidad en La Specola, un museo científico alojado en un espléndido palacio. Paul_Fürst,_Der_Doctor_Schnabel_von_Rom_(Holländer_version)También se ocuparon de la salud de sus súbditos y enviaron médicos por sus territorios para que proporcionaran un rápido aviso de cualquier brote de la plaga en lo que ha sido considerado el primer departamento de salud pública de la Historia. Los doctores creían que la causa de las enfermedades eran los llamados “miasmas” entes invisibles que surgían de las malas condiciones meteorológicas, de la nociva influencia de los astros o de los malos olores.  Esto último es lo único que tiene cierta lógica y es posible que aquellos médicos pudieron observar que había una conexión entre las zonas con excrementos expuestos, los lugares donde se vertían los restos de mataderos y las tumbas abiertas y aquellas enfermedades que ahora llamaríamos infecciosas.

Alessandro Allori (Florencia 1535-1607) creció en casa del pintor Angelo di Cosimo, Bronzino, quién recogió a Alessandro que había quedado huérfano a los cinco años. Tras la muerte de Bronzino en 1572, heredó su taller y al fallecimiento de Giorgio Vasari, en 1574, se convirtió en el pintor de cámara de la corte de los Médici. Además del retrato de Filippo, Allori pintó numerosos incluyendo los de otros miembros de la familia Médici como Francesco I, Averardo, Lorenzo, Isabel y Giuliano y numerosas obras religiosas o mitológicas. El Museo del Prado posee otras dos obras de Allori, un Descendimiento (fechado en torno a 1560) y la obra La Sagrada Familia y el cardenal Fernando de Médici (firmado y fechado en 1584).

La gran sorpresa del estudio paleopatológico fue que los restos de cinco de los niños Médici muestran claros síntomas de raquitismo. El raquitismo es una enfermedad de la infancia causada por una deficiencia en vitamina D. Esta vitamina es esencial para el metabolismo del calcio y el fósforo, necesarios a su vez para una correcta mineralización de los huesos. La vitamina D es una prohormona y no es en realidad un nutriente por lo que no se produce de manera natural en ningún alimento. De hecho, solo el 10% de la vitamina D proviene de la comida, mientras que el 90% restante se sintetiza en la piel tras la exposición a la radiación ultravioleta, es decir, a la luz del sol.

Curiosamente parece que su buena posición fue causa de la desgracia de estos niños. La síntesis de vitamina D necesita luz solar y estos niños ricos debían pasar gran parte de su vida dentro del palazzo sin jugar al aire libre. En verano habría luz suficiente pero no en los largos inviernos y la situación se agravaría en un niño débil y enfermizo al que no dejarían salir de casa. Por otro lado, cualquiera que haya visitado esos palacios puede ver que eran auténticas fortalezas y la luz solar no era tan apreciada como lo es por nosotros ahora sino que el objetivo era no perder calor en los meses de frío algo que se conseguía con más facilidad con gruesos muros y pocas ventanas, al menos en las estancias interiores.

La deficiencia de vitamina D causa que los huesos se vuelvan blandos y se deformen con facilidad. Los brazos y piernas de los niños Médici de más de un año de edad estaban curvados como resultado de gatear o andar sobre unos huesos que son incapaces de sostener su propio peso. craneoDon Filippino mostraba además un cráneo claramente deforme, parte debida sin duda al mismo problema vitamínico que ablandaría los huesos de su cabeza y parte quizá a que estuviera aquejado de una hidrocefalia pues hay alguna referencia de que en su autopsia, y el cráneo fue abierto postmortem, se recogió un vaso de líquido de su cabeza. El análisis de los isótopos de nitrógeno y carbono presentes en el colágeno de los huesos ha permitido conocer la dieta de aquellos niños de la aristocracia. El resultado es que la mayoría no habían sido destetados hasta los dos años, de acuerdo con las costumbres de la nobleza renacentista italiana. A esa edad la leche materna se suplementaba con papillas hechas de miga de pan y manzana. Ni los cereales ni la leche materna tienen demasiada vitamina D y la fruta no tiene. Además, una lactancia tan prolongada puede producir anemia, algo de lo que también hay alguna señal en los restos de los niños estudiados.

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Otra costumbre que fue nociva para aquellos niños del siglo XVI fue la moda. Por un lado, las clases ricas tenían a gala sus pieles blancas y evitaban el sol. El bronceado de la piel era característico de las personas que tenían que trabajar los campos, de las clases humildes, de los pobres. Por otro, la vestimenta. Desde bebés los niños de las familias pudientes como los Médici eran envueltos en numerosas capas de telas, sedas, terciopelos, donde prácticamente solo quedaba al descubierto el rostro y las manos. Ni siquiera en los días más soleados de la Toscana, incluso si les sacaban por algún motivo al exterior, recibían aquellos niños una cantidad suficiente de luz solar.

Curiosamente, dos de los esqueletos Médici correspondían a recién nacidos y mostraban también señales de raquitismo a pesar de que un bebé recibe toda la vitamina D de su madre durante el embarazo. La explicación más lógica es que las propias madres tuvieran una deficiencia de vitamina D y eso es probablemente causado por dos motivos. El primero de nuevo, la moda, pues aquellas mujeres usaban enormes ropajes de telas ricas y densas y gruesas capas de maquillaje. Uno de los maquillajes más famosos fue el llamado Ceruse Veneciano, una mezcla de plomo y vinagre que formaba una pasta blanca y que se mantuvo en boga durante siglos.

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Leonor de Toledo con su hijo Giovanni. Bronzino

La segunda razón era la frecuencia de embarazos, que las iría “vaciando” de aquella escasa vitamina D. Por poner un ejemplo, Leonor Álvarez de Toledo, mujer de Cósimo de Médici, abuela de Filippino y conocida en Italia como Eleanor de Toledo, tuvo 11 hijos entre sus 18 y sus 32 años, alguno de los cuáles murieron de pequeños y estaban enterrados en esa cripta de San Lorenzo. Podemos pensar cómo es posible mantener una lactancia prolongada de los bebés y al mismo tiempo quedar encinta tan a menudo. La respuesta es una división de funciones: de la lactancia se encargaban amas de cría, sirvientas de la familia en el caso de los Médici, por lo que las esposas de los nobles podían dedicarse a procrear hijos e hijas, importantes para las alianzas políticas de la familia.

El caso de los Médici es singular porque el raquitismo era relativamente raro antes de la revolución Industrial, que encerró a muchos niños en fábricas insalubres y sin iluminación. Desde entonces el raquitismo va más unido a la pobreza, a una mala alimentación, a vivir hacinados en chabolas sin luz natural en urbes gigantescas cubiertas por una gruesa capa de contaminación. Se previene con facilidad comiendo alimentos ricos en calcio como queso y huevos y tomando el sol, algo necesario para que la conversión fotoquímica del precursor, el hidrocolesterol, forme el precursor de la vitamina, la previtamina D3.body-vitaminD Una madre con una situación nutricional buena y suficiente vitamina D proporciona al recién nacido suficiente vitamina para los primeros 2-3 meses. A partir de ahí el bebé depende de su propia síntesis en la piel. De hecho, la mayoría de los casos de raquitismo se dan entre los 3 y los 18 meses. Aunque la leche materna es el mejor alimento para un bebé, en la actualidad se recomienda suplementarla con vitamina D. Curiosamente, un problema parecido al de los niños Médici se está dando en la actualidad en Irán e Israel, donde las dos supuestas causas del raquitismo de don Filippino, lactancia prolongada y poca exposición a la luz solar están ampliamente difundidas a pesar de ser países con muchas horas de sol.

 

Para leer más:

  • Fornaciari G, Vitiello A, Giusiani S, Giuffra V, Fornaciari A, Villari N. (2007) The Medici Project: First Anthropological and Paleopathological Results of exploration of the Medici tombs in Florence. Medicia nei Secoli 19: 521-544.
  • Giuffra V, Vitiello A, Caramella D, Fornaciari A, Giustini D, Fornaciari G. (2013) Rickets in a high social class of Reinaissance Italy: the Medici children . Int. J. Osteoarchaeol. http://dx.doi.org/10.1002/oa.2324
  • Watson T. (2013) Skeletons show rickets struck the Medici family. 7 de junio. Nature. doi:10.1038/nature.2013.13156

Con mi agradecimiento a Judith Ara y Fernando Pérez Suescún por proporcionarme la imagen del retrato de Felipe de Médici.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

1 comentario en “Felipe de Médici y el raquitismo”

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