El cráneo de Farinelli, el más famoso de los castrati

Los castrati eran cantantes a los que para preservar el timbre de su voz se les había operado antes de alcanzar la pubertad, entre los 8 y los 12 años de edad normalmente. En Nápoles se aprobó una ley que permitía hacerlo desde los 4 años.  Los métodos de castración eran muy variados, utilizando cuchillas y bisturíes, cuerdas y cintas, podían quitarse solo los testículos o todo el aparato reproductor externo (emasculación) y aunque en ocasiones se empleaba algún anestésico como el opio o el alcohol, en muchos casos se utilizaba solo un baño muy caliente que indujera en los niños un cierto sopor. Los riesgos de morir de hemorragia o infección eran muy altos y en ocasiones el resultado podía ser distinto del esperado, desarrollando el niño una voz chirriante y desagradable que le impedía cualquier futura carrera vocal. Aunque los castrati existen desde los monasterios bizantinos, fueron muy populares desde el siglo XVI hasta 1870 donde finalmente la prohibición de la mutilación tuvo efecto y se calcula que en el siglo XVIII entre 3.000 y 4.000 niños eran castrados cada año en Italia para formar parte de coros, compañías de ópera y otros conjuntos vocales. Los castrati recibían una buena formación musical y si no triunfaban en su carrera artística, muchos de ellos iniciaban una vida eclesiástica, ordenándose y pasando a formar parte de los coros de monasterios y catedrales. Su éxito se debía a que combinaban el timbre de un niño, que les permitía alcanzar notas muy agudas y coloridas, con la potencia pulmonar de un adulto. Puedes escuchar una grabación del último castrato aquí.

La operación hacía que cesara la producción de testosterona cuyos niveles aumentan notablemente con la pubertad, con lo que el desarrollo del cuerpo se alteraba. La testosterona es descrita como una hormona virilizante, responsable de la maduración sexual y de los caracteres sexuales secundarios, y anabolizante, porque incrementa la masa muscular y ósea. Los castrati tenían cuerdas vocales más finas y el hueso hioides de la laringe más pequeño, lo que proporcionaba a su voz un timbre similar al de un niño, mientras que las costillas crecían más, lo que permitía el desarrollo de pulmones de mayor tamaño con mayor potencia y mejor control del sonido.

El más famoso de ellos fue sin duda Farinelli. Fue quizá la primera estrella de la Historia de la música. Su popularidad, a pesar de los limitados medios de comunicación del siglo XVIII, era comparable si no superior a la de las primeras voces de la música pop o rock de la actualidad. Su verdadero nombre era Carlo Maria Bruschi y había nacido en Apulia en 1705. Al contrario que la mayoría de los castrati que procedían de familias pobres, Farinelli provenía de la pequeña nobleza italiana por ambas ramas familiares y nació en un hogar con una buena situación económica. Por eso hay ciertas dudas y hay quien dice que su castración no fue un acto intencionado sino el resultado de un accidente de caballo. Sin embargo, el padre de Carlo murió muy tempranamente, a los 36 años, y la mayoría de los autores piensan que la castración fue un recurso para evitar un derrumbe económico de la familia decidido por el propio Carlo. Hay que recordar que la emasculación intencionada era ya entonces un delito y siempre se intentaba justificar con algún problema médico o algún suceso inintencionado. Farinelli debutó a los quince años, tuvo excelentes profesores y él mismo escribía música y tocaba varios instrumentos. Era un excelente solista, con un sonido de gran belleza, un registro muy amplio (se le supone una extensión vocal desde La2 hasta Re6 , 3,4 octavas), un tono puro y una gran agilidad y control de su respiración. Algunas noticias contemporáneas decían que podía producir más de 250 notas en una sola respiración y que podía mantener una nota durante más de un minuto. Su capacidad era tan asombrosa que muchos de los que le oían pensaban que escondía algún instrumento que le permitía mantener el sonido de su voz mientras inspiraba nuevo aire. Fue de triunfo en triunfo cantando en las principales capitales culturales de la época: Nápoles, Roma, Viena, Munich, Venecia, París y Madrid.

A Madrid llegó el 15 de julio de 1737. El motivo inicial combina Arte y Neurociencia pues lo había mandado llamar la reina, Elizabetta Farnesio, con la esperanza de que su canto curara al rey Felipe V de la grave depresión en que se encontraba sumido. El médico de la Reina, Giuseppe Cervi, creía en la musicoterapia y la reina estaba desesperada por encontrar una solución a la situación de su marido. El 25 de agosto, Farinelli fue nombrado músico de cámara de su majestad y criado familiar, es decir, directamente al servicio de la familia real, con numerosos privilegios y un sueldo exorbitante. Nunca más volvió a cantar en público. Durante los siguientes años, los últimos nueve de la vida de Felipe y luego con su sucesor Fernando VI, Farinelli cantaba cada noche para Sus Majestades, organizando al mismo tiempo numerosas actividades musicales. Fue nombrado director de los teatros de Madrid y Aranjuez e introdujo la ópera italiana en España. Se convirtió en un auténtico empresario de la cultura, organizando desde conciertos de ópera a un festival de barcazas en el Tajo cerca de Aranjuez. Su prestigio e influencia no mermó con el sucesor de Felipe V. El nuevo Rey, Fernando VI era un buen músico y su esposa, la rolliza Bárbara de Braganza, una auténtica melómana que había contratado a Scarlatti para que fuera su profesor de música,  por lo que numerosas noches, Farinelli cantaba junto a uno de los monarcas mientras el otro los acompañaba al clavecín. Farinelli fue nombrado caballero de la orden de Calatrava y recibió numerosos otros honores y regalos.

A la muerte de Fernando VI y con la subida al trono de su hermanastro, Carlos III, Farinelli abandonó la corte y se retiró a Bolonia, donde vivió sus últimos días manteniendo como toda su vida una intensa correspondencia con su gran amigo y socio Metastasio (entre ellos se trataban de gemelos porque decían que habían nacido al éxito juntos). Carlos, hijo de Elizabetta Farnesio, parece que no le había perdonado que siguiera su servicio al nuevo rey, en vez de acompañar en el exilio interior a la reina madre. Farinelli recibió una pensión generosa pero debió abandonar España. Se trasladó a Bolonia donde tenía casa y ciudadanía. Su patrimonio incluía desde valiosos regalos de distintos monarcas hasta pinturas de Velázquez, Ribera y Murillo y un violín Stradivarius. Allí le visitaron amigos y admiradores como Mozart y Casanova y murió el 17 de septiembre de 1782.

El 12 de julio de 2006, los restos mortales de Farinelli fueron exhumados y estudiados por un equipo de la Universidad de Bolonia dirigido por Maria Giovanna Belcastro. Pudieron observar que las extremidades eran más largas de lo normal, algo que se sabía pues numerosos castrati eran más altos que sus contemporáneos, persistencia de las líneas epifisarias, osteoporsis y, lo que para la Neurociencia es más interesante,  una deformación del cráneo, la hiperostosis frontalis interna. Esta alteración hace que el hueso frontal se engruese y crezca hacia dentro, teniendo en algunas zonas el doble de espesor que un hueso frontal normal. Al principio se pensaba que era algo inocuo pero en la actualidad hay evidencias de que esta deformación puede causar trastornos del comportamiento, migrañas y una mayor propensión a enfermedades neurológicas como el alzhéimer. Todo parece indicar que Farinelli pudiera tener fuertes dolores de cabeza. Se sabe que la hiperostosis  está causada por un trastorno hormonal, normalmente un exceso de estrógenos. Por eso es más normal en mujeres postmenopaúsicas y muy raro en los hombres. Y por eso también aparece en un castrato. Un detalle curioso es que se ha visto que la administración de testosterona aumenta el egoísmo de los hombres , mientras que Farinelli era recordado como una persona muy generosa, que ayudaba a numerosas familias madrileñas y donaba parte de sus ingresos para el cuidado de huérfanos.

Podemos interrogarnos sobre si con la afortunada erradicación de la castración de niños, nos perdimos algo desde el punto de vista artístico. Desde la época bizantina se conservan partituras que por sus notas y colorido solo podían ser cantadas por castrati, que serían fundamentalmente monjes. El papa Clemente VIII abrió la Capilla Sixtina a los castrati ad honorem Dei (“para gloria de Dios”). Con el desarrollo de la ópera, de cada 10 voces, había siete castrati, dos tenores y un bajo. Sin embargo, todo parece indicar que la técnica musical ha permitido suplir la pérdida de los castrati. Las arias barrocas escritas para ellos por compositores como Monteverdi, Palestrina, Lully, Haendel o Mozart se cantan en la actualidad por contratenores como René Jacobs, Jochen Kowalski, Paul Esswood, Charles Brett o Andreas Scholl que utilizando técnicas especiales de canto consiguen alcanzar esos altos tonos sin tener que sacrificar ninguna parte de su cuerpo. Podemos pensar con asco sobre aquellos padres que sometían a un hijo a esa operación o asemejarlos a esas madres que convierten a sus hijos o hijas en un animal circense y les pasean de escenario en escenario y de plató televisivo en plató televisivo. Tan solo decir que  en aquella época y en las zonas rurales de Nápoles, la esperanza de vida no alcanzaba los 30 años y entregar a un hijo a las agencias captadoras de castrati, que las había, podía ser una medida desesperada para salvar a la familia del hambre y la muerte. No quiero tener que elegir pero si me viera forzado creo que sentiría más compasión por aquellos labradores de la Campania del siglo XVIII que por las “mamás de artista” revestidas de permanentes y ansias de gloria del siglo XXI.

Para leer más:

  • Schotz, P.O (2001) Eunuchs and castrati: a cultural history. Marcus Wiener, Princeton.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

1 comentario en “El cráneo de Farinelli, el más famoso de los castrati”

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