“Master and Commander”

Master and Commander: al otro lado del mundo” es una película dirigida por Peter Weir y cuyo guión está basado en tres de las novelas de historias navales de Patrick O’Bryan. En la película, Jack “Lucky” Aubrey, interpretado por Russel Crowe, es el capitán de un barco británico, el HMS Surprise, y sus órdenes son hundir, quemar o hacerse con el control del Acheron, un buque de guerra napoleónico muy superior. Su gran amigo, el cirujano Stephen Maturin, interpretado por Paul Bettany, no lo tiene fácil. En una escena tiene que operarse a sí mismo para extraerse una bala disparada en un descuido por un marinero y en otra tiene que hacer una operación de neurocirugía, una trepanación, a un miembro herido de la tripulación.

La trepanación lleva con nosotros miles de años. Hay casos documentados, por cientos, en todos los continentes, en todas las eras y en numerosas culturas. Es el primer acto quirúrgico del que tenemos pruebas documentales y parece que era realmente frecuente. En un enterramiento en Francia fechado en torno al 6.500 antes de Cristo, de las 120 calaveras encontradas, 40 tenían trepanaciones u otras modificaciones hechas por el hombre. Aún más llamativo resulta el dato de que muchas de esas personas en aquel poblamiento mesolítico sobrevivieron por períodos prolongados tras la operación. Hay otros que quizá fallecieron o cuyas trepanaciones se hicieron ya sobre la calavera pues no se ven señales de cicatrización en el hueso, pero son una minoría. En la región de Cuzco en Perú se han encontrado más de 10.000 calaveras trepanadas, alcanzando en algunas necrópolis el 47% de los cráneos encontrados.

En 1865 se presentó un cráneo preincaico con trepanación en la Academia de Ciencias de Nueva York. Los científicos yanquis no querían creer que aquella operación hubiese sido realizada por un indígena peruano, mucho antes de la llegada de los europeos, con herramientas de piedra y que el hombre hubiese sobrevivido, puesto que en los mejores hospitales neoyorquinos el índice de supervivencia no superaba el 10% y era considerada una de las cirugías más peligrosas. De hecho, se decía que si un cirujano quería realizarte una trepanación, tú deberías hacérsela a él de vuelta. Se ha calculado que el índice de supervivencia tras la trepanación en todos esos cráneos prehistóricos y de la historia antigua se movía entre el 50 y el 90%, lo que contrasta con lo que sucedía en los hospitales occidentales en los siglos XVI al XIX, donde la mortandad era masiva. Las infecciones hospitalarias son uno de los legados más negativos de la Medicina moderna.

Los huecos de las trepanaciones varían de unos pocos centímetros a la mitad del cráneo y el lugar más común era en la región parietal, fácilmente accesible y sin suturas. Hay tres formas diferentes de llevarla a cabo. Lógicamente siempre hay que empezar cortando el cuero cabelludo y llegando hasta el cráneo. Una vez allí, se puede:

  • Perforar: Realizando un único agujero, utilizando un cilindro dentado y algo que lo haga girar, o haciendo pequeñas perforaciones alrededor de la zona de hueso que queremos cortar y luego ir serrando o rompiendo los puentes entre las perforaciones hasta levantar la tapa ósea.
  • Raspar: Ir limando el hueso con una piedra, una concha u otro material abrasivo hasta llegar a la duramadre.
  • Cortar: Realizar muescas o incisiones que nos permitan separar una ventana poligonal en el cráneo. Paul Broca, el famoso neurólogo, probó a hacer este método con un trozo de cristal, publicando que trepanar un cráneo de un niño de dos años le llevó cuatro minutos y cincuenta un cráneo adulto, “contando los periodos de descanso debidos a fatiga de la mano.

Se ha discutido mucho sobre el significado de la trepanación, especialmente en las épocas primitivas donde no tenemos un registro documental. Una primera explicación es que se trate de operaciones religiosas, místicas o supersticiosas: una apertura para que salgan los demonios como piensan algunas culturas africanas modernas que siguen realizando trepanaciones. Broca también pensó que los cráneos neolíticos europeos podrían corresponder a personas con epilepsia u otros trastornos cerebrales y, mediante la trepanación, se les daba a los espíritus causantes una vía de escape. Los cráneos preincaicos encontrados corresponden a personas de los dos sexos y de un amplio rango de edades, por lo que se considera una prueba indirecta contra un valor religioso significativo de esta práctica.

Otra posibilidad es que sea una actividad cultural, como las trepanaciones descritas por Herodoto en los niños de la Mauritania para evitarles un problema posterior. Parece que se pensaba que la cabeza podía producir un exceso de legañas, en realidad el resultado de una infección ocular, y una trepanación previa solucionaba el problema.

La tercera posibilidad es que sea un procedimiento médico. Hipócrates describe en su obra “Sobre las heridas de la cabeza” cinco tipos de lesiones y para la única que no propone la trepanación es para una fractura con hundimiento del cráneo. Recomienda taladrar la cabeza aunque no haya mucha señal de lesión cerebral, recalca la importancia de realizarlo lentamente evitando dañar la meninge, evitar las suturas y sumergir la herramienta utilizada en agua fría de vez en cuando para evitar calentar el hueso con el rozamiento. La idea clave para Hipócrates parecía dejar salir la posible sangre de una hemorragia no porque los médicos griegos supieran sobre el riesgo del aumento de la presión intracraneal sino porque consideraban que la sangre estancada, como el agua estancada, era algo malo y podía pudrirse y transformarse en pus. En los tiempos de Galeno se realizaban trepanaciones para aliviar la presión intracraneal y para remover fragmentos de hueso que pudieran dañar la meninge. Galeno recomendaba al cirujano practicar en animales, en particular, con el mono de Gibraltar, el único simio que vive en Europa. Algunos de los discos craneales neolíticos encontrados junto a cráneos trepanados tenían pequeñas perforaciones, quizá para ser colgados como amuletos. Broca pensaba que estos amuletos eran la primera evidencia de creer en una vida después de la muerte.

Hay numerosas evidencias y testimonios del uso médico de la trepanación. Robert Burton en su libro “Anatomía de la Melancolía” recomendaba “perforar el cráneo” como cura para la depresión y también se ha usado en epilépticos. En los siglos XVII y XVIII cae en desuso y prácticamente desaparece de la práctica médica. En la actualidad, se realizan trepanaciones o craniotomías como forma de acceder al encéfalo para un diagnóstico invasivo (localización de un foco epiléptico con electrodos), para aliviar la presión intracraneal (como la que se produce tras una hemorragia epidural o subdural), para desbridar una herida penetrante ,  para extirpar un tumor o para realizar un procedimiento (inyección u otras) en el parénquima cerebral.

En esta época nuestra, de tanta seudociencia y tanto iluminado, hay un grupo de personas que se dedican, sin ningún tipo de formación médica, a hacerse o a hacer trepanaciones. Algunos de ellos tienen su propia página web en el International Trepanation Advocacy Group, creado por Peter Halvorson, uno de los autotrepanados.

Hay tres líneas de actuación, tres justificaciones para agujerearse la cabeza. La primera, propugnada por un tal Hugo Bart Huges, al que también se le llama Dr. Huges aunque nunca terminara la carrera de medicina, es que la trepanación incrementa el volumen disponible para la sangre cerebral y, por lo tanto, aumenta el riego y el metabolismo de las neuronas, mejorando según ellos la rapidez mental. Parece que llegó a estas ideas buscando un sistema para no sufrir alucinaciones después de tomar LSD. La segunda línea utiliza la trepanación para el tratamiento de problemas psicológicos. En el año 2000, dos hombres de Cedar City, Utah, fueron acusados de practicar la medicina sin licencia tras realizar una trepanación a una mujer inglesa para tratarla de síndrome de fatiga crónica y depresión. Otra inglesa, Amanda Feilding se presentó dos veces a las elecciones nacionales británicas llevando como programa electoral que el Servicio Nacional de Salud impulsara la investigación sobre las trepanaciones. Consiguió 49 y 139 votos, respectivamente. Finalmente, ella se hizo la trepanación con un taladro eléctrico. Puede parecer imposible de superar, pero hay algunos insensatos que lo consiguen: la tercera línea de actuación consiste en realizar trepanaciones para conseguir poderes psíquicos, la ambición de todos los esotéricos.

En “Master and Commander”, Maturin opera al tripulante herido en la cubierta del buque, rodeado de la curiosidad de los marineros. Utiliza un trepán, una broca de corona, que ya usaba Hipócrates y que los romanos mejoraron incluyendo una punta retractable central para colocar exactamente la sierra y un mango transversal para facilitar su uso. Aparece detallado en los manuales de los cirujanos navales del siglo XVII. Maturin  tapa el boquete en el hueso con una moneda, pero quizá la avaricia le juega una mala pasada, ya que tendría que haber sido de oro para no causar una reacción al oxidarse. De hecho, uno de los cráneos trepanados encontrados en la región de Paracas, al sur de Lima, tenía una placa de oro cubriendo una apertura parcialmente cicatrizada. Y es que como decían las abuelas, lo barato a veces sale muy caro.

Y para terminar un regalo de la misma película.

Boccherini La Musica Notturna Delle Strade Di Madrid No. 6, Op. 30

Para leer más:

  • Gross, C.G. (2009) A hole in the head. More tales in the History of Neuroscience. The MIT Press, Cambridge (MA). pp.3-24.
  • Finger, S. (1994)  The brain in Antiquity. En: Origins of Neuroscience. Oxford University Press, Nueva York. pp. 4-6.
  • Cure-all hole in the head? BBC News. 30 de septiembre de 1999. http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/461556.stm

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

1 comentario en ““Master and Commander””

  1. Hace unos años, lei una trilogía, La Materia Oscura, y en ella hacían alusión a las trepanaciones. Si no recuerdo mal, los chamanes de las tribus de esa trilogía se hacian trepanaciones para asi poder “volar” a otros lugares y comunicarse con los espiritus. Parece increible que la gente en la antigüedad pudiera hacerse las trepanaciones y vivir tranquilamente.

    Muy bueno el artículo.

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