Sucedió en 2010

En un post anterior hablaba sobre la relación entre las dos culturas, la de la Ciencia y las Humanidades. Debo ser un mestizo porque disfruto ambos territorios y me encanta cuando uno y otro se mezclan, se aventura uno en el terreno del otro.

La noticia más importante de la Biología (y quizá de la Humanidad) este año ha sido la creación de una célula sintética, una célula diseñada en el laboratorio. La célula es el ladrillo fundamental de todos los seres vivos, todas las células existentes están estrechamente emparentadas entre sí, y somos, por tanto, parientes de los colibríes y las ballenas azules, los champiñones y las bacterias que devoramos a billones en un tarro de yogur. Casi seguro todos derivamos de una única célula, el primer ser vivo que surgió en una charca o en una chimenea abisal hace unos 4.000 millones de años.

La célula artificial fue creada por Craig Venter, juntando los genes de un patógeno de las cabras llamado Mycoplasma mycoides y trozos de ADN sintetizados en el laboratorio. Entonces insertaron ese genoma híbrido natural y artificial en el citoplasma de una bacteria genéticamente próxima, Mycoplasma capricolum. El genoma transplantado fue capaz de hacerse cargo de la maquinaria celular, conseguir energía y dividirse para dar lugar a miles de millones de células iguales. Conseguirlo fue como una verdadera aventura, hubo que disfrazarse, añadiendo al genoma artificial grupos metilo para que  pareciera un genoma natural y defenderse, apagando una enzima “contra invasores”, en la célula receptora.

Algún lector amable me preguntará esto para qué vale. Venter está colaborando con Exxon Mobil para sintetizar biofueles a partir de algas y con Novartis para producir una nueva generación de vacunas. Es posible que la próxima vacuna contra la gripe que nos inyecten haya tenido este origen.

Pero había empezado el post hablando de las Humanidades. En un experimento de éstos siempre hay que estar seguro que la célula que estás viendo es realmente la tuya y no una contaminación. Todas las células derivadas de tu célula sintética tienen que tener marcadores específicos, señales inequívocas, algunas evidentes y otras ocultas, como lo que hacemos con nuestros billetes de banco. Para ello, dentro de ese genoma se incluyeron secuencias no codificantes, genes que no codifican proteínas, pero que llevan información. La información incrustada en esta célula  llevaba los nombres de los 46 científicos que participaron en el proyecto, una dirección web y tres citas, dos de físicos implicados en la primera bomba atómica, J. Robert Oppenheimer (“observa las cosas no como son sino como podrían ser”) y Richard Feynmann (“lo que no puedo construir, no lo puedo entender”)  y la siguiente:  “Vivir, errar, fallar, triunfar, recrear la vida a partir de la vida”.

Así que por primera vez desde hace 4.000 millones de años, en el año llamado 2.010 después de Cristo, una célula lleva en su genoma una cita literaria, en este caso de “Retrato del artista adolescente” de James Joyce.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

Un comentario en “Sucedió en 2010”

  1. Me ha gustado.
    Las dos “esferas” de la cultura han de interrelacionarse y cultivan todos los aspectos de la Humanidad. “Ciencias y Letras” son complementarias para el espíritu humano.

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