Desarrollos universitarios en el mundo

En las últimas décadas el mundo ha cambiado. Una palabra, incorporada ya al lenguaje cotidiano, define con claridad este cambio: globalización. La crisis económica es global, las epidemias sanitarias son globales, internet nos lleva al mundo y las redes sociales, el comercio electrónico, los flujos de información no conocen fronteras ni barreras. A pesar de los esfuerzos por mantener las señas específicas, la cultura propia, la riqueza de la diferencia, el arte se vuelve global, el inglés se convierte en una lengua franca, la ropa, la música, la comida, incluso los juegos de nuestros hijos no difieren de los de otro muchacho o muchacha de la misma edad en Frankfurt, Sydney o San Diego.

De una forma gradual, sin notarlo apenas, las universidades, la plantilla universitaria, la educación superior y sus destinatarios, los estudiantes universitarios, también están modificando sus objetivos, funcionamiento, estructuras, adaptándolos a esa nueva realidad. La globalización acerca nuevas posibilidades, abre el acceso a la formación de calidad a cualquier persona, independientemente del lugar del mundo en que viva o trabaje. Pero también esa misma globalización, esa misma oferta internacional de formación cristaliza las desigualdades entre los sistemas universitarios de las distintas regiones del mundo y genera nuevas barreras, tecnológicas, económicas y lingüísticas. En la nueva economía del conocimiento, la educación superior ha adquirido a nivel mundial una nueva consideración por su impacto en el futuro de los países y en los flujos humanos y de capital. Como evidencia, la discusión sobre educación en la Organización Mundial del Comercio y si ésta, la educación, debe incorporarse en la estructuras legales del comercio mundial a través del acuerdo GATS (General Agreement on Trade in Services).

Los cambios que vemos en esta primera década del siglo XXI nos muestran hacia dónde se desarrollarán presumiblemente las cosas en este comienzo del Tercer Milenio. Hay sin duda desarrollos positivos en esta evolución de los sistemas universitarios: el aumento de la responsabilidad social y de la rendición de cuentas. También hay riesgos: la mercantilización, la macdonaldización, la pérdida de la equidad. Jugando a imaginar, pero basándonos en lo que ya se puede observar en las universidades de nuestro país y otras de nuestro entorno, podemos plantear unas líneas de cambio para las universidades en este inicio del Tercer Milenio, en este camino recién iniciado:

  • Una población más heterogénea de estudiantes universitarios. Cada vez hay más alumnos que no encajan en el estudiante tipo de 18 a 23 años que estudia una carrera a tiempo completo. Tenemos ―y tendremos más― estudiantes adultos, estudiantes con responsabilidades familiares, estudiantes que vuelven a las aulas años después de una primera experiencia universitaria, estudiantes que trabajan en jornada completa o jornada partida, estudiantes que solo quieren una formación específica, muy concreta, para avanzar en su carrera profesional.
  • Una mayor diversidad de universidades. Estamos viendo la creación de universidades corporativas, propiedades de grandes empresas o conglomerados industriales. También vemos nuevas universidades resultado de la fusión de universidades anteriores para compartir recursos y ser más competitivas. Universidades internacionales, resultado de la asociación entre una universidad reconocida, de fama mundial, y un socio local, algunas como auténticas franquicias de la universidad madre.
  • Un nuevo contrato en la financiación de los estudios. La sociedad exigirá un mayor compromiso económico a los usuarios de las universidades. En el mundo, los modelos varían de la gratuidad total de Alemania a los padres norteamericanos que abren una cuenta al nacer sus hijos para pagar sus carreras cuando lleguen a la universidad. El informe Trends in Higher Education de enero de 2008 indica que en Estados Unidos estudia en la universidad el 80% de los hijos de familias de clase alta, el 66% de los de clase media y el 50% de los de clase baja. Datos comparables se pueden conseguir en todos los países desarrollados y mucho más desiguales en los que están en vías en desarrollo. Por tanto, se abrirá el debate sobre si los sistemas gratuitos o semigratuitos son justos socialmente.
  • Nuevos sistemas de becas. Hay ―y habrá más― becas unidas a colaboración en los servicios de la Universidad, a participar en el apoyo a la investigación o como auxiliares en la docencia (“teacher assistants”). También becas unidas a una labor social con la propia comunidad universitaria o fuera de ella (personas discapacitadas, colectivos en riesgo de exclusión). Se instauraron ya aunque con poco éxito en España los préstamos-renta que permiten aplazar su devolución hasta el momento de la inserción profesional. Habrá una gran variedad de sistemas de becas para asegurar que nunca el factor económico pueda limitar el acceso a la universidad para alguien con capacidad, voluntad, esfuerzo y mérito, pero exigiendo también compromisos y contraprestaciones a ese dinero que aporta la sociedad.
  • Nuevos criterios en investigación, una nueva cultura investigadora. Veremos empresas que financian laboratorios en universidades, no como responsabilidad social corporativa, sino para establecer relaciones estratégicas con grupos innovadores de primer nivel. Se crearán nuevas vías de asociación y colaboración entre universidades y empresas (innovación abierta, “joint ventures”, agentes mediadores entre demandantes de investigación y posibles proveedores, tanto presenciales como electrónicos, etc.). Los gobiernos marcarán un interés creciente por la investigación básica de primer nivel (no por la puramente curricular), por la transferencia del conocimiento y por la aplicabilidad de los resultados.
  • Enseñanza prolongada a lo largo de la vida. Todas las disciplinas evolucionan a tal velocidad que la formación universitaria actualizada, el reciclaje, el conocimiento de nuevas técnicas e instrumentales, la especialización complementaria, el contacto con especialistas, la participación en redes internacionales del conocimiento, la integración de los resultados de I+D+i en el currículum docente y un largo etcétera marcarán los futuros programas de aprendizaje dirigidos al alumno ya egresado, que mantendrá su vinculación con la universidad “desde la cuna a la tumba”.
  • Interrelación entre mundo laboral y mundo académico. Estas dos grandes realidades aumentarán su implicación común tanto en la docencia: formación a parados para nuevos sectores emergentes, formación específica diseñada por empresas para aumentar la competitividad de su plantilla; como en la investigación: creación de empresas y “spin-offs”, apuesta por la transferencia tecnológica, programas colaborativos de I+D+i.
  • Competencia por los mejores estudiantes y los mejores profesores. Hasta ahora las universidades han estado más pendientes del factor cantidad que de la calidad de sus alumnos de nuevo ingreso. En otras palabras, la ecuación era fundamentalmente económica: más alumnos significaban más matrículas y más ingresos. En la actualidad, la calidad de los alumnos de ingreso se ve como una factor determinante en la calidad de los alumnos egresados y, por tanto, en el prestigio de las universidades.
  • Plantillas mejores, más flexibles, más valoradas y más coordinadas. Las posibilidades de una universidad residen en su plantilla. Esa es la verdadera universidad. Nuevos incentivos, nuevas formas de gestión, nuevos programas y nuevos compromisos marcarán la diferencia entre las instituciones de éxito y las que no lo lograrán.
  • Nuevas formas de gobierno universitario. Distintos países buscan formas que combinen la representatividad, el compromiso democrático y la autonomía universitaria con la profesionalidad, la capacidad y la calidad de la gestión en instituciones complejas y grandes, con importantes plantillas y presupuestos y con un enorme impacto económico en sus localidades y regiones.
  • Universidad a distancia. La educación a distancia y semi-presencial mejorará el balance entre investigación y docencia, valorando mejor a los buenos docentes. Impulsará la creación de equipos multidisciplinares. Generará una revaloración de la pedagogía. Ya se crean modelos de enseñanza en línea con ánimo de lucro o como complemento de la actividad universitaria tradicional.
  • Uso completo de todas las posibilidades de las nuevas tecnologías. De la televisión universitaria a las redes sociales universitarias, de los laboratorios virtuales a los repositorios documentales: las tecnologías de la información y la comunicación multiplican el potencial de cada miembro de la comunidad universitaria y del conjunto de la institución.
  • Una universidad más plural, más diversa, más internacional. Según la OCDE, entre 1995 y 2004 se duplicó el número de estudiantes cursando fuera de su país hasta un total de 2.700.000 personas. El flujo de estudiantes de pregrado y postgrado es una realidad a nivel mundial. El mercado de la educación, siendo éste un término incómodo, es sin duda global. En Gran Bretaña, el valor económico que suponen los estudiantes extranjeros en el PIB del país supera el de la industria automovilística o el del sector financiero, siendo ambas actividades estandartes de la competitividad del Reino Unido. Sin embargo, no es así en la mayoría de los restantes países de la Unión Europea. El porcentaje de estudiantes extranjeros en la universidad española es muy bajo (un 1% frente a una media del 6.9% en la OCDE). De ellos, más de un tercio están matriculados en programas de investigación avanzados.
  • Una universidad más abierta y cercana a la sociedad. Entre las nuevas prioridades de la enseñanza superior, deben empezar a figurar el respeto y la coordinación con la enseñanza secundaria y primaria, una mayor atención a las actividades de divulgación y extensión, y una implicación más decidida en la creación de tejido social y económico.

A pesar de las dificultades de este momento que vivimos, del papanatismo y la falta de visión, de tener las manos llenas de hojas y el rábano firmemente hincado en el suelo, nos esperan años de aprendizaje, añpos de creatividad, años de soñar y construir, años interesantes en el mundo universitario.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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