Chocolate y salud

A veces, la investigación da alegrías no solo a los investigadores. Un estudio del grupo de Brian Buijsse, un epidemiólogo especializado en alimentación del Instituto Alemán de Nutrición Humana ha encontrado que una pequeña cantidad de chocolate al día reduce el riesgo de sufrir un infarto cardíaco o un ictus cerebral. Confirmaba así un estudio previo hecho por Norman Hollenberg, de la Facultad de Medicina de Harvard que buscó porqué los indios kuna de Panamá tenían bajos niveles de presión arterial, mientras que otros grupos de población panameña tenían niveles mucho más altos. Los kunas, conocidos por las hermosas molas que tejen y cosen, son grandes consumidores de chocolate. El estudio de Buijsse indica que los mayores efectos se producen comiendo chocolate negro, el chocolate con leche es menos positivo y el chocolate blanco no produce ningún beneficio. El análisis está basado en el seguimiento de 20.000 personas durante una media de ocho años. Frente a la gente que comía chocolate muy raramente (una vez al mes o menos), los que más chocolate comían (algo más de una tableta a la semana) tenían un 27% menos riesgo de tener un ataque al corazón y un 48% menos de un derrame cerebral. La buena noticia es que podemos justificar uno de nuestros vicios (pequeños). La mala es que los efectos se consiguen con una cantidad muy pequeña, menos de una onza al día y a partir de ahí aumentan los riesgos de sobrepeso y, por tanto, los efectos nocivos sobre la salud. Otra noticia, no sé si buena o mala, es que el chocolate debe ser del bueno, con al menos un 70% de cacao y mejor si lleva poco azúcar. La posible explicación científica es que el cacao contiene flavonoides que disminuyen la presión sanguínea, mejoran la salud de las arterias y disminuyen el esfuerzo del corazón. También se ha relacionado con otras moléculas presentes en el chocolate, en particular con las epicatequinas. También es conocida la presencia de moléculas neuroactivas como la dopamina y la serotonina u otras capaces de estimularlas, como la teobromina. De aquí se han sacado interesantes relaciones entre amor, bombones, depresión, bombones, felicidad, bombones, etc.  Otra explicación, también científica, es que la gente que come un trocito de chocolate bueno al día, sabe disfrutar de los pequeños placeres de la vida, consigue controlar sus apetitos de una forma moderada y dispone de medios económicos suficientes para superar un nivel de subsistencia.

Cuando Linneo clasificó y puso nombre al árbol del cacao o cacaotero, le llamó Theobroma cacao. Cacao venía del nombre maya Ka’kaw pero Theobroma es un término griego que significa literalmente “alimento de los dioses”. Linneo lo debía haber probado.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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