Síndrome de fatiga crónica

La fatiga crónica es un problema sorprendentemente común. Entre un 5 y un 10% de las visitas al médico de cabecera se producen por un problema persistente de fatiga y cuando se hace una encuesta, un 20-30% de los adultos dicen sentir siempre un cansancio profundo. El síndrome de fatiga crónica se define como una fatiga sin explicación que dura seis meses o más, donde el grado de cansancio es lo suficientemente fuerte como para disminuir en un 50% la capacidad de la persona para participar en las actividades diarias. Afecta a más de un millón de personas en los Estados Unidos y según la Fundación para la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga Crónica, cada año se diagnostican unos 120.000 casos en España, y según ellos, habría unos dos millones de afectados lo que parece una cifra exagerada. Es más frecuente en mujeres de 30 a 50 años. Distintos países lo han incorporado en sus listados de enfermedades reconocidas, lo que implica valorarlo para bajas laborales y otras compensaciones sociales.

La fatiga crónica no es algo nuevo y probablemente se le puede relacionar con distintas enfermedades o trastornos descritos en la historia: hasta el siglo XVIII podemos pensar en la melancolía (etimológicamente, un problema de la bilis negra), hipocondría (etimológicamente, una enfermedad localizada debajo del esternón), histeria (etimológicamente, un problema del útero), y clorosis (una enfermedad de jovencitas de buena familia que se “curaba” con el matrimonio y la maternidad). En el siglo XIX, las enfermedades asimilables al SFC incluían la fiebre cerebral (diagnosticada al escritor Edgar Allan Poe) y la neurastenia (cuando el cerebro y la médula espinal estaban asténicas, exhaustas). En el siglo XX, que éramos más científicos, se relacionó con la hipoglicemia (bajo nivel de azúcares en sangre), una infección con el hongo Candida albicans, un síndrome de alergia generalizado, una infección crónica con el virus de Epstein Barr y la llamada encefalomielitis miálgica (una inflamación del cerebro y los músculos), probablemente de origen inmunitario. En el Reino Unido, a esta última y por esos beneficios sociales se le llamó compensationitis miálgica. En los años 1980s un grupo de científicos publicó una explicación para el SFC: estaba causado por un virus. Los medios de comunicación se lanzaron sobre la noticia y hablaron de “la gripe del yuppie”. Entre los virus que se han relacionado con el SFC como posibles causantes están distintos tipos de enterovirus, el virus de Epstein-Barr en especial y el virus del herpes humano tipo 6 (HHV-6).

En octubre de 2009, la Dra. Mikovits y sus colaboradores publicaron un estudio en la revista Science indicando que dos tercios (68 de 101) personas estudiadas con SFC tenían en su sangre un virus de origen murino (de ratón), externo (xenotrópico) y parecido a un virus que causa leucemia. El nombre en inglés es xenotropic murine leukaemia virus-related virus (XMRV). En comparación, solo un 4% de las personas sanas presentaban el virus. Mikovits y su grupo sugirieron lógicamente que el XMRV era la causa del SFC y sería otro ejemplo de enfermedad causada por un virus que saltaba de una especie (un roedor) a otra (humanos).

Un segundo estudio, de Myra McClure y su grupo publicado en PLoS ONE no consigue encontrar XMRV en nuestras de 186 personas con SFC en el Reino Unido. Mikovits defiende su conclusión y considera que el XMRV puede ser menos frecuente en Europa y que aquí las causas de SFC pueden ser otras.

El XMRV es un retrovirus, el mismo grupo que incluye el virus del SIDA. Las páginas web de los pacientes con SFC están llenas de peticiones de información sobre cómo y donde conseguir AZT, el antirretroviral más usado para luchar contra el VIH. El AZT tiene efectos secundarios y tomarlo, mientras no sabemos si el virus existe en nuestro organismo y, sobre todo, si realmente tiene una relación causal con el SFC es asumir un riesgo para la salud, quizá a cambio de nada.

Como en otros trastornos del comportamiento (depresión, ansiedad,…) el SFC se mueve entre quien lo considera un problema psicológico (muchos médicos) y quien cree que es un problema orgánico (la mayoría de los propios pacientes), quizá con una base genética. Como en otros casos, mi esperanza es una investigación seria que consiga separar el grano de la paja, establecer el origen del SFC, un diagnóstico correcto y el mejor tratamiento, porque de lo que no hay duda es del sufrimiento de las personas afectadas. El desconocimiento científico es la base para todo tipo de tratamientos estúpidos, cuando no claras estafas. En ese sentido, puede ser aleccionador ver este video de una persona con SFC.

Leer más:

  • Crawford, D.C. (2000) The invisible enemy. A Natural History of viruses. Oxford University Press, Oxford.
  • National Institutes of Health.
  • Wilson, C. y Callaway (2010) CFS patients in UK show no signs of suspect virus. NewScientist 9 de enero.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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