¿Qué les queda a los jóvenes?

que les queda a los jovenes¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

Mario Benedetti

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

5 comentarios en “¿Qué les queda a los jóvenes?”

  1. Poco les queda, sí, pero la mirada debe centrarse en nosotros, en sus padres y abuelos. ¿Qué estamos haciendo por ellos? ¿Consentir que algunos con sus eslóganes grandiosos y una absoluta irresponsabilidad por desconocimiento nos gobiernen?

    Ha llegado el momento de exigir, a nosotros mismos y a los demás. No podemos consentir por más tiempo que se siga derrochando nuestra vida con discusiones inútiles sobre leyes que no se cumplen o que cada uno interpreta como mejor le interesa en cada momento. Y esa exigencia debe empezar por todos y cada uno de los Ayuntamientos y Diputaciones, donde se concentra el poder local, y tenemos que pedir que nos justifiquen hasta el último euro de los dineros que despilfarran. Si los ciudadanos nos unimos y exigimos una buena y controlada administración, tal vez se preocupen de trabajar y de justificar lo que se les paga y durante un tiempo somos capaces de funcionar como sociedad responsable, solidaria y justa.

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    1. “Los ciudadanos”, no somos nadie. Solo somos un 30% de votantes que les permite conseguir hacer lo que quieren durante los próximos 4 años. Si los votantes son 20%, les da igual.
      Creo, firmemente, que tenemos que asustarles. Ir a votar y convencer a los de nuestro lado para que también voten. A OTROS. No a los que están. Que sepan que están porque nosotros quisimos y que nosotros podemos dejar de quererlos, porque hace varios años que desparecieron las ideologias de nuestros gobernantes y de los que se denominan “oposición” (incluso de los “representantes de la parte social”) para pasar a ser unos simples “gestores de votos” que no saben gestionar.
      Nos están llevando a un bipartidismo que recuerda en mucho al de Canovas y Sagasta y hay que hacerles pensar

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  2. Poniendo por delante mi admiración por Mario Benedetti que me ha hecho pasar buenos ratos con sus obras, tengo que decir que discrepo de la idea del poema. A los jóvenes les queda todo. Nosotros, que ya no somos tan jóvenes, no guardamos la capacidad de sorprendernos, ni de innovar. Más allá del cliché del botellón y la playstation, los jóvenes deben descubrir lo que nosotros ya descubrimos; con otras bases y quizás con otra realidad. Deben equivocarse como nosotros nos equivocamos. Algunos madurarán otros, y quizás ahí si vea sentido al poema, se quedarán en una eterna adolescencia.

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    1. Estimado/a Litel
      Es fascinante como un mismo poema genera emociones, pensamientos diferentes en cada uno de nosotros. Para mí es una queja a una sociedad que adormece a la juventud con escapismos y exclusiones, y un grito a los propios jóvenes para que lancen su espíritu crítico, su compromiso, su radicalidad, su solidaridad, su pasión por la vida. En fin, su juventud.
      Gracias por comentar.

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  3. Desde el punto de vista de un joven, lo único que puedo decir es que me siento viejo. Sensación que tengo no sólo hoy, en el ecuador (aproximadamente) de la veintena, sino desde los 18 años. Me explico: tanto yo como una gran parte de mi generación, nos sentimos desconectados, diferentes -se podría decir- de las generaciones más jóvenes, incluso de aquellos tan sólo un año menores que nosotros. Podría decir que de mi “quinta” a la siguiente el número de jóvenes “ni-ni” ha aumentado de forma desproporcionada. Y nosotros también tuvimos (y tenemos) consolas de videojuegos, hicimos (y hacemos) botellones, etc. Pero creo que en nuestro caso, la cosa no se queda ahí. Tenemos ilusiones, metas, aspiraciones, objetivos, ganas de descubrir cosas nuevas, de movernos, y un largo etcétera de cualidades “típicas” de una “juventud modelo”. Sin embargo, estas inquietudes no las logro encontrar en generaciones -repito- incluso sólo un año más jóvenes que la mía. Por eso me siento viejo. Y no soy el único que tiene esta misma sensación.
    Mi opinión es que la forma de comportarse es cíclica. Creo que los hijos de mi generación tendrán (más o menos) los valores que nosotros, aun siendo jóvenes, tenemos. Cuando las generaciones ni-ni tengan hijos, tendrán (más o menos) sus valores. Y vuelta a empezar.

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