ait-redLos mitos pseudocientíficos con los que se gana dinero suelen dar lugar a variantes que coinciden con el método original en dos cosas: ausencia de base científica y capacidad para desplumar incautos. Simplemente lo que hacen los nuevos «emprendedores» es cambiar un poco el atrezzo y la terminología. El método Tomatis ha dado lugar a tres de esas hijuelas absurdas y codiciosas como son el método Bérard, la terapia de sonidos de Samonas y el método Sena o sistema de estimulación neuroauditiva. Ya sabe, de padres gatos, hijos michinos o de pseudociencias sin escrúpulos, más pseudociencia y más timo. Hay más metodologías parecidas, como Fast ForWord, The Listening Program, Earobics y el Interactive Metronome, todas con la misma ineficacia, pero esas tres son las más conocidas.unlike

El funcionamiento de todas las pseudoterapias basadas en la audición es muy similar: se colocan al niño unos auriculares y se le ponen grabaciones sonoras a lo largo de sesiones múltiples durante diferentes días. La grabación puede ser música clásica, voces familiares o sonidos distorsionados. Para evitar que un posible cliente lo pueda hacer por su cuenta en su casa, la música se altera digitalmente, normalmente modificando las frecuencias más extremas, variando frecuencias altas y bajas de una forma aleatoria o modificando el volumen en uno o los dos oídos. danielPara dar sensación de que se hace algo —el teatrillo siempre es importante—, se realizan pruebas sencillas al niño como audiometrías o se hacen modificaciones en la música supuestamente adaptadas a las necesidades del paciente. No hay ninguna prueba, por ejemplo, de que el gregoriano distorsionado consiga mejores resultados que el gregoriano original, pero la alteración engorda la factura. Veamos algo de estas pseudoterapias de integración auditiva.

El método Bérard fue propuesto por Guy Bérard, que se formó durante un período corto de tiempo con Alfred Tomatis. Según él, dejó el método de Tomatis porque era ineficaz y se centraba en los aspectos emocionales de la emoción. En su web, Bérard dice «[Tomatis] echaba la culpa a las madres de niños autistas de causar la discapacidad de su hijo. Dijo que si la voz de su madre era malévola o estridente durante el embarazo, el feto se sentía rechazado y no amado. Una vez nacido, el niño se sentiría no querido y entonces se convertía en autista. ¡Esto es ridículo!».

Bérard tenía toda la razón -unas de las cosas más asquerosas del autismo es echar la culpa a las madres- pero en vez de dedicarse a la medicina basada en la evidencia, lo que hizo fue desarrollar sus ridiculeces propias y hacer lo que hacen todos: montó un instituto, inventó o aprobó dos aparatos: el AudioKinetron y el Earducator, organizó la formación de «terapeutas» que compraran sus aparatos y difundieran sus postulados, y desarrolló su propia técnica: el método Bérard, Terapia de Integración Auditiva o Reeducación auditiva.

Bérard

Bérard

Bérard se quejaba de que otras marcas vendían cacharros similares y decía que se diferenciaban en los filtros de frecuencia, en el tipo de música y sobre todo en que él no los había probado (y todos entendemos que el problema es que no ganaba dinero con ellos). De hecho, no todo son mentiras y así los seguidores de Bérard dicen que el «programa de Reeducación Auditiva ha proporcionado a mucha gente una importante mejora en su vida» algo que es cierto, pero deberían aclarar que esos, los únicos que han mejorado, son los pseudoterapeutas que cobran jugosas tarifas por poner unos auriculares y se aprovechan del cariño de unos padres a sus hijos con dificultades.

La segunda pseudoterapia derivada de las ideas de Tomatis fue la terapia de sonido de Samonas, creada por Ingo Steinbach y que entre los grandes avances aportados estaba que usaba compact disk en vez de cintas magnetofónicas y que incrementaba la frecuencia de la música para que según los samonianos la música fuese terapéutica y bella de escuchar. 1004216279_0415eed10fLa lista de personas supuestamente candidatas para esta pseudoterapia es enorme y la recomiendan, sin más evidencia que su propia opinión, para los trastornos habituales (dislexia, problemas de memoria y comprensión, hiperactividad, dificultades de aprendizaje…) y otras cuyo único sentido parece ser ampliar la cartera de clientes (mala caligrafía, voz monótona, historial de problemas en el parto, problemas de equilibrio y un enorme etcétera). Esta terapia, al igual que las demás, no explica su modo de actuación, en qué se basa, qué pruebas tiene de ser algo más que pérdida de tiempo y de dinero.

Los charlatanes que propugnan estas historias siempre dicen vaguedades: que el desarrollo del cerebro necesita de estímulos, algo que es cierto y que se consigue acunando al niño, diciéndole ñoñerías y sacándole de paseo y, en segundo lugar, que sus aparatos suponen un extra de estimulación, algo que también sucede si ponemos a un bebé una tele 24 horas dentro de su cuna. Lo que no dicen es cómo sus manipulaciones del sonido, variar las frecuencias o poner más alto el volumen en un oído que en otro soluciona la mala caligrafía o el déficit de atención. No lo hacen porque no tienen ninguna prueba fiable, ninguna evidencia, no explican porqué es mejor usar sus grabaciones que poner una cinta de Bisbal o sintonizar Carrusel Deportivo. Otra pista de que es un camelo, es que ante los posibles controles en Estados Unidos, donde son muy rigurosos con los timos que quieren hacerse pasar por tratamientos médicos, es que digan que sus métodos y sus afirmaciones son «solo para información y educación» o como ponen en su página oficial: «El Método Bérard es una intervención educativa. No se utiliza para tratar o curar trastornos médicos». No se atreven a que las agencias del medicamento como la FDA o la AEM les hagan una auditoría en condiciones. ¿Quieren más datos de la nula calidad de esta pseudoterapia? En su página web presumen de tener un artículo arbitrado por pares publicado en la revista Autism Insights. El problema es que esta revista no aparece en los listados de revistas indexadas del Institute for Scientific Information, que son los miles de revistas que tienen unos estándares mínimos de calidad. Es decir, lo publicado en una revista no indexada como Autism Insights no tiene ninguna garantía, un científico verdadero se avergonzaría de publicar en una revista de ese ínfimo nivel. De hecho, la revista ha debido ser un fracaso total porque ya ni siquiera se publica. Pero no acaba aquí, esta revista ha conseguido superar en su corta existencia las más altas cotas de la miseria moral y científica, ¿saben quien formaba parte de su comité editorial? Andrew Wakefield, el responsable de relacionar vacunas y autismo, el médico que fue expulsado de la profesión por falta de ética y hacer tratamientos de riesgo en niños sin autorización y mintiendo a los comités éticos, el desalmado que atacó con datos falsos a las vacunas eficaces para poder vender la patentada por él.

La tercera de estas pseudoterapias auditivas es el llamado método Sena. El inventor se llama Jordi Galcerán —no confundir con el magnífico dramaturgo del mismo nombre— y utiliza también distintos cacharritos: ecualizadores, amplificadores y filtros de sonido. El pseudotratamiento consiste en escuchar música sinfónica durante diez días y se hacen todas las audiometrías que haga falta y más. De nuevo es un sinsentido, sin ninguna base científica, sin un solo estudio que demuestre su eficacia y Galcerán lo recomienda para temas de aprendizaje incluido el retraso escolar, para el sistema emocional en temas como la ansiedad o la depresión, y como no, para el autismo. hqdefault¿Esos no son trastornos médicos tampoco? Resulta un «honor» que nosotros también tengamos nuestros propios inventores de crecepelos y pseudoterapias y no nos tengamos que nutrir solamente de charlatanes extranjeros como Tomatis, Bérard o Steinbach. Lo podíamos llamar la multinacional del timo. En una entrevista al «creador» y diplomado en magisterio Galcerán, decía que solo en España trataban unos mil niños al año y no solo no se le caía la cara de vergüenza sino que decía que disponían de numerosos estudios que confirmaban su técnica, algo que simplemente no es cierto y no hay ninguno que haya sido publicado en una revista de prestigio. Si buscan a Galcerán en PubMed, la principal fuente de información sobre tratamientos eficaces para el autismo, este señor no existe.

Las primeras críticas importantes sobre las terapias de integración auditiva las hizo la Academia Americana de Pediatría en 1998. En términos muy claros dijo que la investigación de calidad que demostrara que esta terapia era eficaz era poca o nula y que su uso no tenía garantías. circleCinco años más tarde, en 2003, la American Speech-Language-Hearing Association (Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición) adoptó una resolución indicando que no había evidencias de que las terapias de integración auditiva mejorasen el comportamiento de las personas tratadas con ellas. Fue aun más allá y dijo que si algún miembro de la asociación trataba a una persona con esos métodos estaría en riesgo de violar su Código Ético. En los años siguientes distintos investigadores analizaron las bases conceptuales de estas pseudoterapias así como los resultados de investigación existentes hasta el momento y concluyeron que la lógica subyacente a los tratamientos tenía muy poco sentido y que la investigación al respecto era escasa y mal diseñada y, finalmente, que no se veía relación causa-efecto entre estas terapias y cualquier mejora que pudiesen mostrar esos pacientes.

En 2006, la Asociación Americana de Pediatría revisó la literatura científica de los últimos años y reexaminó su posición. De nuevo los resultados fueron que no había datos derivados de investigaciones bien diseñadas que apoyasen esas terapias y confirmó su política de recomendar que no se usaran estas metodologías. Otro escrutinio en 2010 de la misma organización referente de los pediatras norteamericanos mantuvo esas conclusiones.

En 2004 y en 2011 se hicieron sendas revisiones Cochrane sobre estas terapias basadas en la audición. Cochrane es una organización no gubernamental e independiente, con más de 37.000 expertos, que ayuda a valorar la evidencia disponible en los estudios, intervenciones y diagnósticos para todo tipo de problemas de salud. cochrane_logo_stacked_rgb_0El estudio Cochrane más reciente recogió las investigaciones sobre estas terapias auditivas para el tratamiento de los trastornos del espectro autista, tanto en niños como en adultos, utilizando siete de las principales bases de datos científicas que incluyen millones de artículos publicados desde 1887 hasta la fecha del estudio. Los resultados son demoledores. Encontraron solo cinco ensayos controlados y aleatorizados de la terapia de integración auditiva y uno de la terapia Tomatis. ¡Seis! Cinco de esos estudios tenían menos de veinte participantes, una cifra ridícula para un estudio de valoración de una terapia en seres humanos. La revisión Cochrane continuaba afirmando que el sistema de enmascaramiento de esas investigaciones, un requisito habitual de los ensayos clínicos, era inapropiado en todos los casos. El metaanálisis era imposible por la heterogeneidad de las medidas o porque los datos estaban presentados de tal manera que su utilización para un análisis posterior quedaba descartada. Tres de los estudios no encontraron ninguna mejoría en las personas tratadas con los aparatos auditivos y los otros tres mostraban algún cambio pero usaban una puntuación total en la Escala de Comportamientos Aberrantes (Aberrant Behaviour Checklist) lo que hacía que, al no desglosar las puntuaciones sectoriales, su validez fuese cuestionable y en uno de los estudios las diferencias no tenían significación estadística. La conclusión del estudio Cochrane es lapidaria: No hay ninguna evidencia de que la terapia de integración auditiva u otras terapias basadas en sonidos sean efectivas como tratamientos de los trastornos del espectro autista.

Esta conclusión es muy sólida por el proceso usado para llegar a ella. Durante más de quince años, investigadores de todo el mundo y de diferentes disciplinas han evaluado todo lo publicado y han utilizado las mejores herramientas científicas disponibles: calidad del diseño experimental, definición de variables y términos, fiabilidad, validez y reproducibilidad de los resultados. Todos los investigadores independientes han llegado a la misma conclusión una y otra vez: 160726092005-cnn-film-holy-hell-michel-leader-large-169no hay evidencias de que los pacientes mejoren significativamente con estas pseudoterapias, frente a niños similares a los que no se les han administrado. Tristemente los únicos que las defienden son los que tienen intereses económicos en ellas, ganan dinero vendiendo aparatos, impartiendo cursos de formación o aplicándolas a niños.

 

Para leer más:

  • American Academy of Pediatrics (2010). Auditory integration training and facilitated communication for autism policy statement. http://aappolicy.aappublications.org/cgi/content/full/pediatrics;102/2/431.
  • American Speech-Language-Hearing Association (2003). ASHA adopts AIT policy. www.asha.org/Publications/leader/2003/030805/030805c.htm.
  • http://www.es.berardaitwebsite.com/berard-ait-en-la-prensa/datos-de-estudios/
  • Organization for Autism Research. How science and evidence won out against auditory integration therapies. http://www.operationautismonline.org/news/how-science-and-evidence-won-out-against-auditory-integration-therapies/