Existe un gran interés sobre factores ambientales que contribuyan al riesgo de desarrollar autismo. Aunque existe un claro componente genético, se piensa que puede haber componentes del ambiente que actúen como “espoletas” para esa propensión genética y su presencia, ocasional o continua, contribuya al desarrollo del autismo.

Dos estudios recientes publicados en Environmental Health Perspectives y en los Archives of General Psychiatry señalan un nuevo “culpable”, un factor de riesgo que ha aumentado en los últimos años y que encaja a priori con un mayor número de casos de autismo en el mundo moderno: la exposición a la polución atmosférica generada por el tráfico tanto durante el embarazo como en el primer año de vida del niño. La contaminación del aire se ha relacionado con el estrés oxidativo y la inflamación, dos procesos biológicos de los que hay referencias que estarían afectados en el caso del autismo. Por otro lado, hay trabajos previos que relacionan el autismo con exposición a arsénico, a níquel o a los componentes particulados de los motores diesel presentes en el aire que respiramos.

Los dos estudios han sido realizados por Heather Volk y su grupo de la Facultad de Medicina de la Universidad del Sur de California y son parte de una serie sobre aspectos ambientales y autismo. En el primer trabajo publicado en 2011 se mapeaba la dirección de la madre indicada en el hospital en el momento del parto, con la presencia o no de autismo en el niño (304 casos con autismo y 259 sin autismo del programa CHARGE) y con la mayor o menor cercanía a autopistas y carreteras principales. Además, recogieron datos sobre la calidad del aire en cada zona analizada. El resultado fue que el autismo era más frecuente en las madres que durante su embarazo vivían cerca de rutas de comunicación con un tráfico importante que en aquellas con domicilios más alejados del tráfico denso.

El segundo estudio de noviembre de 2012 incluyó 279 niños californianos con autismo y 245 niños del mismo estado sin autismo que sirvieron como controles, de entre 2 y 5 años. Se hicieron 3 niveles de contaminación: por encima de 32 partículas por mil millones (ppb); entre 32 y 10 y por debajo de 10. Los resultados fueron que los niños con autismo tenían el doble de posibilidades de haber estado sujetos a los niveles máximos de polución atmosférica (>32 ppb) durante su desarrollo fetal y el triple de posibilidades de haber estado a ese alto grado de contaminación durante su primer año de vida postnatal que los niños sin autismo. Los mayores riesgos era lo que se llama contaminación particulada, una mezcla de ácidos, metales, suelo en suspensión y polvo. El mismo grupo también ha visto una relación entre el riesgo de desarrollar autismo y el dióxido de nitrógeno, un gas que se produce en los tubos de escape de los vehículos.

Por lo que sabemos de estudios previos, la contaminación con gases (dióxido de carbono, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno) o con materia particulada está relacionada con nacimientos prematuros, con menor peso en los bebés y con mayor mortandad perinatal. Contaminantes específicos como el ozono, el dióxido de azufre, la materia particulada y el monóxido de carbono se han asociado también con diferencias significativas en el tamaño de la cabeza durante el embarazo y en el parto.

Este factor de riesgo es básicamente antrópico, es decir, causado por el hombre, por tanto, es algo que deberíamos tener en cuenta como un refuerzo para la normativa sobre emisiones en vehículos nuevos y usados (ITV).

La idea de los investigadores que han publicado este trabajo es que algunas sustancias contaminantes pueden interferir con el desarrollo cerebral pero que eso no demuestra que tras la exposición intensa a la contaminación se genere un autismo. El equipo de Volk señala que puede haber otros factores que expliquen esa asociación tales como la contaminación dentro del hogar o la exposición al humo del tabaco (fumadores pasivos). Si la conexión fuese cierta, explicaría un número reducido de casos de autismo pero poco a poco vamos sumando sospechosos y culpables sobre el aumento de casos de los TEA.

Para leer más:

  • Deaman A.M.  (2012) Traffic pollution tied to autism risk: study. 26 de noviembre. Reuters Health. http://www.reuters.com/article/2012/11/26/us-traffic-pollution-autism-idUSBRE8AP16020121126?feedType=RSS&feedName=healthNews&utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+reuters%2FhealthNews+%28Reuters+Health+News%29
  • Volk HE, Hertz-Picciotto I, Delwiche L, Lurmann F, McConnell R. (2011) Residential proximity to freeways and autism in the CHARGE study. Environ Health Perspect. 119(6): 873-877.
  • Volk et al. (2012) bit.ly/P0ZWgC Archives of General Psychiatry, online 26 de noviembre de 2012.