Guillaume Duchenne es un médico francés del siglo XIX que avanzó significativamente los estudios electrofisiológicos sobre el sistema nervioso. La Neurología no sería igual si Duchenne no hubiera estudiado la conductividad de las vías nerviosas, los efectos de las lesiones en esas proyecciones neurales y los problemas neuromusculares, y no hubiera diseñado toda una serie de nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas: la biopsia profunda, los tests de conducción nerviosa, la fotografía clínica, la electroterapia.

Duchenne estudió la fisonomía, el origen y tipos de las expresiones faciales que él consideraba íntimamente ligadas al alma, en esa idea que todavía conservamos de que “la cara es el espejo del alma”. Duchenne conocía los estudios de Galvani sobre la contracción muscular, y sabía que todas las expresiones faciales provienen de la contracción o relajación de músculos, así que probaba a dar pequeñas descargas eléctricas en los músculos de la cara de sus pacientes, ver si eso permitía asemejar una emoción humana y lo registraba en un aparato recientemente inventado, la cámara fotográfica. Duchenne pensaba que la cara era un mapa de reacciones básicas y que éstas se podían clasificar, definir en una taxonomía de trece emociones primarias, en un código dado por Dios sobre los sustratos emocionales, es decir, los principios del alma humana.

En la actualidad se piensa que hay siete emociones básicas: enfado, asco, desprecio, tristeza, miedo, sorpresa y felicidad. Las siete están perfectamente definidas por cambios en el rostro, la voz y procesos fisiológicos menos visibles como la frecuencia de latido del corazón. Todo estos sistemas integrados constituyen lo que se ha llamado programas afectivos básicos. Estos programas afectivos son controlados por una o más áreas cerebrales y son comunes a todas las culturas por lo que se consideran aspectos neurobiológicos y no sistemas aprendidos, aunque pueden modularse y completarse con aspectos culturales locales. El símbolo más claro de la felicidad es la sonrisa.

Igual que los lapones o samis tienen cientos de palabras diferentes para la nieve, según Anna Bones los tailandeses -Tailandia se denomina a sí mismo el país de la sonrisa- reconocen más de doce tipos diferentes de sonrisa para las que tienen nombres distintos. Existen, por poner algunos ejemplos, la sonrisa eufórica de “acabo de ganar la lotería”, la sonrisa de derrota (de “esto es un asco de vida, qué se le va a hacer”), o la sonrisa de “sí, me equivoqué de bote, le he teñido el pelo de verde pero no se enfade conmigo”.

El estudio neurocientífico de la sonrisa es un campo iniciado por Duchenne y continuado por Darwin en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” (1872). En la actualidad, se reconocen solo dos tipos, la sonrisa veraz o sonrisa de Duchenne y la sonrisa falsa o por otros nombres: sonrisa social, sonrisa Pan-Am (por las azafatas de esta compañía aérea), sonrisa Botox o sonrisa “say-cheese” el equivalente anglo a “di patata” que se comenta cuando un grupo va a hacerse una fotografía..                                         (sonrisa verdadera y sonrisa falsa de Julia Roberts)

Las sonrisas falsas se basan en la contracción de los músculos zigomáticos mayores de las mejillas para alargar y curvar la boca y la activación del cerebro consciente puesto que son acciones voluntarias. Por el contrario, la verdadera sonrisa es un proceso inconsciente, automático, con una implicación muscular más compleja. Junto a los zigomáticos mayores intervienen también  el orbicularis oculi y la pars orbitalis que rodean a los ojos y hacen que los ojos transmitan alegría y los párpados se modifiquen generando una expresión facial más compleja, más rica, más global. Como efecto negativo, generan “patas de gallo” que deberíamos llevar con orgullo como un signo de felicidad, de haber sonreído mucho con sonrisas veraces, con sonrisas de Duchenne.

Aunque parezca mentira se ha visto que la mayoría de la gente es incapaz de distinguir entre una sonrisa falsa y una verdadera, las diferencias son demasiado sutiles. Pero aunque en un experimento sea difícil de juzgar si una sonrisa es veraz o no, el resultado de una y otra es muy diferente. Se ha comprobado que la satisfacción con la propia existencia, la calidad de vida e incluso la estabilidad y felicidad de los matrimonios va ligada a si uno genera sonrisas de Duchenne pero no si son sonrisas falsas. Las personas que sonríen sinceramente y con frecuencia son mas felices, tienen personalidades más estables, matrimonios más sólidos y mejores habilidades cognitivas y sociales.

No solo es calidad de vida, sino también cantidad de vida. Las personas que se describen como felices y sonríen viven de media un 14% más que las personas que se consideran infelices. La diferencia en la expectativa de vida (entre 7,5 y 10 años) se basa en una mayor longevidad, una menor frecuencia de suicidios y una menor frecuencia de accidentes. Quizá uno de los estudios más llamativos es uno realizado por Abel y Kruger donde demuestran que estudiando la intensidad de la sonrisa en las fotos de los anuarios del colegio, el instituto, la universidad, se puede predecir la esperanza de vida. Un dato curioso de este estudio es que utilizaron como población diana a los jugadores norteamericanos de las grandes ligas de béisbol. Son personas pertenecientes a un mismo tipo de ocupación y de las que es fácil conseguir una amplia información sobre su vida, incluyendo fotografías, datos sanitarios y otra información estadística.

Los primates somos animales muy sociales, donde el intercambio de información por los gestos es clave. La sonrisa es una de nuestras principales herramientas sociales. Quizá por eso nos tomamos el esfuerzo de aparentar una felicidad que en realidad no sentimos. La sonrisa consigue suscitar mayor confianza, el deseo de cooperación en un extraño en un segundo (es tan fácil de comprobar como preguntar por un libro en una biblioteca sonriendo y sin hacerlo), mejores resultados económicos y una mayor probabilidad de que tu interlocutor recuerde tu nombre tras un breve encuentro. El desarrollo de la falsa sonrisa y que sea una mímica tan buena, que cuele por real en una especie tan buena en el reconocimiento de caras como la nuestra, puede deberse al importante beneficio que se consigue en nuestras interacciones con otras personas si simulamos un estado de placidez, de felicidad, de alegría. En tiempos como éstos que vivimos en la actualidad de crisis, se ha visto que los empleados de cualquier comercio tienen que tratar con personas tensas, pero si el vendedor sonríe, los clientes muestran una mayor satisfacción y las ventas aumentan.

Con respecto al origen de la sonrisa, se ha visto que los niños ciegos de nacimiento muestran los mismos tipos de sonrisa en las mismas situaciones que las personas con visión normal. No es por tanto un gesto aprendido sino algo innato. Sin embargo, se van superponiendo aspectos locales, aprendidos. En algunos países, la sonrisa se reserva mucho más para personas del círculo próximo y un exceso de sonrisa se considera una señal de superficialidad o de poca honestidad. Los japoneses, por poner otro ejemplo, pueden sonreír cuando están desconcertados o enfadados. Los norteamericanos sonríen frecuentemente a un extraño con el que se cruzan en la calle de una ciudad pequeña, algo que en Rusia sería raro o sospechoso. Los rusos piensan que los norteamericanos sonríen a lo tonto, en sitios donde no encaja y los norteamericanos piensan que los rusos sonríen poco.

A nivel evolutivo se piensa que nuestra sonrisa deriva de un gesto de sumisión de los primates, que es mostrar los dientes apretados, con los labios relajados (el gesto agresivo contrario seria mostrar los dientes abiertos y los labios tensos en una boca preparada para morder). Así que nuestra sonrisa veraz partiría de ese gesto amistoso o de sumisión hacia otros primates evolucionando hacia ese mensaje de hermandad incluso con desconocidos que es ahora la sonrisa.

La sonrisa más famosa -y según dicen enigmática- de la historia del Arte es sin duda la de Mona Lisa, la obra maestra pintada por Leonardo da Vinci. Ha habido varias hipótesis sobre posibles patologías de la mujer retratada, parálisis facial idiopática o parálisis de Bell, un trastorno que afecta sobre todo a mujeres embarazadas o que han dado a luz recientemente, o quizá xantelasma y lipoma, alteraciones causadas por una hiperlipidemia. La atracción que tenemos hacia ese gesto de la mujer retratada probablemente se basa en su cierta indefinición: en ocasiones nos parece verla radiante y en otras, seria. Parece que es debido a que Leonardo codificó información contradictoria que hace que llegue a nuestro cerebro por canales independientes y de peso alternante. Las células nerviosas de la retina codifican datos sobre el tamaño, brillo, contornos y localización de un objeto situado en nuestro campo visual. Si unos canales “dominan” vemos la sonrisa, si son otros, la expresión nos parece más seria. Luis Martínez Otero y Diego Alonso Pablos, dos investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante fueron modificando distintas variables, reforzando unos canales u otros pidiendo al mismo tiempo a voluntarios que valorasen si veían el aspecto radiante o el aspecto serio. Por poner un ejemplo, nuestra retina tiene células “centro-on” que se estimulan cuando sus centros son iluminados y nos permiten ver una estrella brillando en una noche oscura y células “centro-off” que se estimulan cuando sus centros son oscuros y el contorno claro y es lo que nos permite, por ejemplo, identificar estas palabras negras sobre fondo blanco que usted lee en este momento. Para trastear con estos canales, los investigadores españoles pusieron una pantalla blanca o una negra durante 30 segundos a los voluntarios antes de mostrarles una imagen de la Mona Lisa. La exposición al fondo blanco hace que todas las células de centro-on se saturen, se agoten, “dejen de ver” temporalmente mientras que la pantalla negra consigue lo mismo con las células de centro-off. Los conejillos de Indias veían más claramente la sonrisa después de la pantalla negra, por lo que parece que las que identifican la sonrisa deben ser las centro-on.

También intervenían otros factores. Cuando los veinte voluntarios que participaban en el estudio tenían un minuto para ver el cuadro, sus miradas se centraban en el lado izquierdo de la boca (visión central focalizada) y veían la sonrisa, si tenían una fracción de un segundo, la mirada se centraba en la mejilla izquierda (usando la visión periférica) y no la veían.

No parece un efecto casual, Leonardo quiso causar esa confusión, suscitar ese interés en el cerebro del observador que está siempre buscando una interpretación coherente, una explicación a la realidad. Leonardo tenía un conocimiento excelente de la anatomía y estaba interesado en la fisonomía, de qué manera los humanos registran las emociones en su expresión. En uno de sus diarios, Leonardo escribió que estaba intentando pintar expresiones dinámicas porque eso es lo que veía en la calle. Parece que el artista pintó la Mona Lisa aplicando suaves capas de pintura muy cuidadosamente preparada utilizando su pulgar. Pintando una sonrisa límite, haciendo un poco diferente la media sonrisa izquierda y la media sonrisa derecha, consiguió que nuestro cerebro entrase continuamente en ese juego de sonrisa-no sonrisa (puedes probar a fijarte alternativamente en ambas mejillas del retrato) creando un efecto dinámico, vivo, sobre una imagen estática, fija.

Para leer más:

  • Abel, E.L., M.L. Kruger (2009) Smile Intensity in Photographs Predicts Longevity. Psychological Science 21(4): 542–544.
  • Vlasto, T. (2009) Neuroscientists discover Da Vinci’s secret: Is the Mona Lisa smiling or not? http://www.examiner.com/holistic-science-spirit-in-national/neuroscientists-discover-da-vinci-s-secret-is-the-mona-lisa-smiling-or-not