INNOVADORES_1_Todos los centros culturales encierran belleza y diversión, tesoros y aventuras, pero si tuviera que escoger uno, me quedaría con las bibliotecas. Desde aquella mítica de Alejandría a los almacenes con tablillas de arcilla con escultura cuneiforme, de la Casa de las Conchas a la Biblioteca Nacional, le esperan maravillas a cualquiera que se aventure a entrar en ellas. Las bibliotecas han sido capaces de adaptarse, reinventarse, atender a las órdenes, preferencias y necesidades de su jefe: el ciudadano lector.

Paul Shapiro en PCWorld Business Center planteaba un nuevo rol para las bibliotecas del siglo XXI: convertirse en incubadoras de empresas. Un proyecto de empresa es como un pequeño reloj donde distintas piezas deben encajar en un esquema coherente. Una incubadora de empresas permite encontrar las piezas que falten, acomodarlas, recibir consejo y ajustarlas entre sí. En la sociedad de la información, en la era digital, las bibliotecas públicas están perfectamente capacitadas para asumir ese papel. La gente inteligente acude a las bibliotecas para aprender, para buscar información, para compartir ideas. Es el lugar donde se plantean preguntas y donde se buscan soluciones. En un mundo donde muchos de los nuevos negocios van a depender de nuestra capacidad de estar en la web, de dotar de valor añadido a una idea que se va a comercializar de forma digital, la biblioteca puede ser EL lugar. Tienen instalaciones, personal muy capacitado, necesitaríamos reforzar su capacidad de juntar personas complementarias, de hacer “networking” y disponer de asesoría especializada.

Tenemos que pensar que un negocio es una solución a un problema. Las nuevas empresas funcionan cuando alguien identifica una demanda latente y diseña el camino para cubrirla. Muchas veces esos negocios surgen de una persona que busca algo para satisfacer una necesidad suya y no lo encuentra. Una segunda fase es entrar en contacto con personas que le ayuden a desarrollar su proyecto. Una vez que uno es capaz de crear algo que funciona para sí mismo, puede surgir el salto sobre cómo venderlo a mucha más gente. Es necesario tener una idea clara de qué talentos hay cerca, de intereses compartidos, de potencias complementarias que pueden generar sinergias y la biblioteca puede ser un sitio excelente para generar estos contactos, para poner a personas en relación, para, mediante la experiencia previa, guiar, orientar, recomendar. Lo que hacen todos los días.

Tenemos profesionales excelentes, tenemos flujos de información, recibimos a lo mejor de la sociedad, personas que tienen inquietudes, que quieren aprender cosas nuevas, que son por decirlo también de alguna manera nativos digitales. Las bibliotecas han pasado de ser almacenes de libros a centros vivos que aportan creación, información, ofertas de ocio cultural, y calidad de vida. Están mucho más cerca de convertirse en lugares donde las ideas germinan de lo que se podría pensar.