Niels Bohr es uno de los mejores científicos de la Historia. El físico danés era considerado difícil de entender (en una conferencia que dio en inglés pusieron traducción simultánea al… inglés) e implacable en la comprensión de las teorías, en entender bien las cosas, en la búsqueda de la verdad. Tras una conferencia de Schrödinger, le acorraló a la salida para discutir sobre un punto dudoso de sus experimentos. Schrödinger tenía un fuerte ataque de gripe y solo quería irse a la cama. Bohr le siguió hasta su hotel, explicándole su argumento, se metió en su habitación y siguió hablando toda la noche, mientras Schrödinger, acostado,  pretendía -sin conseguirlo- dormir. Bohr debía tener también buen humor y cuando le criticaron por tener en la puerta de su casa de campo una herradura de la buena suerte, respondíó: “Ya sé que es una estupidez, pero me han dicho que funciona incluso si no crees en ello.”

Hay una historia de Bohr que me gusta especialmente. Parece que cuando visitó el Instituto de Física de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, los colegas rusos le preguntaron que cómo había sido capaz de generar una escuela de físicos de primer nivel en un país pequeño como Dinamarca. Bohr contestó: “Probablemente porque nunca me ha avergonzado el confesar a mis estudiantes que no tenía ni idea, que me sentía un idiota.” Cuando la charla se publicó por la prensa rusa, la frase de Bohr fue redactada como “Probablemente porque nunca me he avergonzado de decir a mis estudiantes que no tienen ni idea, que son unos idiotas.Quizá típico de los lugares con jerarquías torpes y culto a la personalidad.

Niels Bohr tenía una teoría para explicar porqué el “Bueno” siempre ganaba los duelos en las películas del Oeste. Su explicación era simple: el “Malo”, en su maldad, siempre intenta desenfundar primero. Eso hacía que el “Bueno” reaccionase automáticamente, de una forma prácticamente refleja y por lo tanto, utilizando un circuito con menos neuronas y disparando de una forma más rápida. Se ha visto que ese tiempo de reacción es 21 milisegundos menor. Niels Bohr probó esta hipótesis con revólveres de juguete y distintos colegas. Y sí, siempre ganó esos duelos. Me encanta imaginarme al ganador de un Premio Nobel en Física por sus trabajos sobre la estructura del átomo y la Mecánica cuántica, desenfundando frente a otro investigador prestigioso, George Gamow en muchos casos,  en un pasillo de la Facultad, los dos armados con pistolas de juguete.

Un trabajo reciente de Andrew Welchman de la Universidad de Birmingham parece negar la hipótesis de Bohr. Existen claras diferencias entre los movimientos voluntarios (cuando decides sacar el revólver) y movimientos reactivos (un manotazo si un animal se nos echa encima o desenfundar tras percibir el movimiento del contrario). Distintos circuitos neurales se encargarían de ambos tipos de movimientos. Los movimientos reactivos son más rápidos, pero menos precisos (otro problema para el “Bueno”, no debería acertar tanto). Pero existe también un “tiempo de reacción”, un retraso de aproximadamente 200 milisegundos en iniciar el movimiento de respuesta a la acción del contrincante. Así, para que el “Bueno” ganase el duelo tendría que sacar tan rápido que su tiempo de apuntar el revolver más su tiempo de reacción fuera menor que el tiempo de apuntar del que ha iniciado el movimiento voluntario. Demasiado difícil. El experimento indica que el segundo tirador moriría, aunque feliz de ser el más rápido del Oeste. En la realidad, aquellos revólveres eran pesados, mal calibrados y era realmente difícil acertar a algo. Aun así, solía ganar el duelo no el que sacaba antes sino el que mantenía la calma y apuntaba más cuidadosamente.

Entonces, ¿por qué Bohr ganaba aquellos duelos en los pasillos de la Universidad? Un científico de verdad jamás haría trampas en un experimento y menos si también va su honrilla en un duelo “a muerte”; por lo tanto, no puede ser que los colegas dejasen ganar a Bohr. La mejor explicación es que quizá le ayudara la memoria procedural, aquella que nos permite hacer más rápido las cosas que practicamos o, si no, es que Bohr era, realmente, verdaderamente, uno de los Buenos.