“Peer review”, la revisión por pares, es la base la ciencia moderna. Se utiliza para decidir qué investigación se financia y qué resultados se publican. El fundamento de la evaluación por pares es que compañeros expertos en el tema del que envía su proyecto a una convocatoria para conseguir fondos o envía un artículo a una revista para su publicación, juzgan su mérito, su solidez, sus posibilidades, su claridad. Es una decisión importante: estos expertos anónimos deciden en gran medida si esa investigación tiene dinero para seguir adelante o si ese investigador va a tener prestigio, méritos, promociones, mayores posibilidades gracias a esa moneda de cambio que son las publicaciones. Se ha dicho que la revisión por pares es al desarrollo de la ciencia lo que la democracia es al gobierno de las naciones, un fundamento y una herramienta. Pero al igual que con nuestra democracia moderna hay quien piensa que es el menos malo de los sistemas posibles y claramente susceptible de mejora y actualización.

Como cualquier otra actividad humana, la evaluación por pares es falible, imperfecta. y aunque su objetivo es buscar una justicia objetiva, un “juicio científico”, también se ponen de manifiesto con cierta frecuencia, los fallos y las miserias humanas. Un editor de una revista científica la describía como “sesgada, injusta, sin rendición de cuentas, incompleta, fácil de “arreglar”, a menudo insultante, usualmente ignorante, ocasionalmente estúpida y frecuentemente errónea”. Otro editor la calificaba como “compleja, cara y con tendencias al abuso”. New Scientist, que recogía en su número del 12 de junio de 2010, estos comentarios ha hecho un análisis de los resultados de un campo muy competitivo, la Biología Celular especializada en células madre. Sus resultados indican que los investigadores de Estados Unidos publican sus resultados con más rapidez y en revistas más prestigiosas que los del resto del Mundo. Un grupo de científicos es este campo escribió una carta abierta a los editores de algunas de las revistas líderes en el mundo protestando por lo que consideraban una política “irracional u obstructiva”. Charlando con compañeros de muchas disciplinas es fácil escuchar experiencias similares sobre revisiones estúpidas, demanda de experimentos irrealizables o desmesurados que pueden ralentizar una investigación y permitir que alguien ¿el evaluador? te gane por la mano, carencia de una evaluación de calidad mínima o incluso el robo de ideas. Juan Miguel Campanario y Erika Acedo han publicado un artículo sobre publicaciones que fueron rechazadas por revistas y que luego merecieron los mayores honores científicos, incluyendo el premio Nobel. Un amigo, excelente científico, que ha publicado en Nature y Science me decía que si alguna vez tenía algo de esa importancia, de nivel de premio Nobel jamás lo enviaría a una revista sin convocar antes una rueda de prensa, para que no hubiera dudas sobre la prioridad de la idea, para que no hubiera riesgos de que le pudieran robar su investigación. Es triste pero es prudente.

Personalmente, como a muchos colegas, me toca evaluar numerosos artículos de revistas internacionales (en torno a uno a la semana), perfiles de compañeros para acreditación a una categoría profesional superior  y proyectos de investigación nacionales o europeos. Bastantes peticiones de evaluación las acepto y otras no, porque no conozco suficientemente el tema o simplemente estoy hasta arriba. La evaluación de proyectos y currícula tiene normalmente una pequeña compensación económica (no en la que envían algunos ministerios de algunos países) pero la de los artículos, sin excepción y a pesar de que las revistas parecen ser un buen negocio editorial, son gratuitas. Lo haces porque otros lo hacen con tus artículos y porque te gusta ese aspecto abierto y generoso de la Ciencia. Y lo haces con cuidado porque también quieres que tus evaluaciones se hagan con cuidado. Las revisiones son normalmente autónomas aunque he recibido alguna evaluación firmada por colegas que no estaban de acuerdo con esa política y la calificaban de “ocultista”. Quién son los evaluadores lo decide el editor que es normalmente el que más peso político puede tener, el puesto potencialmente más peligroso. Lógicamente su mayor interés debe ser la calidad de su revista y eso va unido a evaluaciones serias y justas. Pero como en el caso de algunas competiciones deportivas, hay leyendas de editores que mandan los trabajos de los amigos a evaluadores suaves y los de los enemigos al más duro inquisidor conocido. El anonimato de las revisiones es una protección para evitar venganzas por una evaluación negativa pero también permite abusos. Los autores de la carta abierta proponen un cambio en la política editorial: que se preserve el anonimato de los revisores, pero que la correspondencia de ellos y la del editor con el autor sea pública. Algunas revistas como el EMBO Journal ya lo hacen y ello permitiría a la comunidad científica juzgar si la evaluación ha sido justa y de calidad y encender las alarmas si se produjera un retraso intencionado o un robo de ideas. Para terminar un poco de humor: una carta de rechazo a alguien que proponía que la tierra NO era redonda: carta_antigua_rechazo