La dopamina es un neurotransmisor que interviene en numerosas funciones del organismo, incluyendo la memoria, el placer, la motivación, el comportamiento, la atención, el movimiento muscular y la cognición.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo provocado por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina. Las neuronas de la sustancia negra del cerebro mueren o se deterioran y se reduce drásticamente la producción de dopamina. Los síntomas motores característicos del párkinson (temblor, rigidez muscular, bradicinesia, inestabilidad postural, problemas de equilibrio y marcha), así como síntomas no motores como cambios en el ánimo o en el sueño se hacen evidentes cuando se ha perdido aproximadamente el 60-80% de estas neuronas en la sustancia negra.

En la literatura emergente sobre el envejecimiento y el autismo, un hallazgo que se repite constantemente es un aumento significativo del riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson en las personas con TEA. Un estudio del Instituto Karolinska realizado por Weijao Yin y su grupo ha analizado los registros de más de dos millones de personas nacidas en Suecia entre 1974 y 1999, a las que se realizó un seguimiento desde los 20 años hasta finales de 2022. La principal conclusión fue que las personas con un diagnóstico de autismo tenían cuatro veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson que las personas sin dicho diagnóstico, una correlación que se mantuvo tras revisar los efectos del estatus socioeconómico, la predisposición genética a las enfermedades mentales y a la propia enfermedad de Parkinson y otros factores similares. Otros estudios dan cifras aún mayores, de hasta seis veces más.

Hay más conexiones entre autismo y dopamina: se ha observado una actividad atípica de la dopamina en personas autistas y en modelos animales de autismo. Es posible que tenga algo que ver con la medicación o con las conexiones cerebrales, la conectómica. Los únicos medicamentos aprobados por la FDA para el TEA son los antipsicóticos atípicos, que inhiben la transmisión dopaminérgica y serotoninérgica postsináptica para tratar la irritabilidad. Los estudios que utilizan imágenes por resonancia magnética funcional en estado de reposo (rsfMRI) muestran una alteración en los circuitos estriatales en las personas con TEA.
Un estudio del grupo de Nunan Nuraini ha analizado la distribución del marcaje de transportador de dopamina (DaT) en los ganglios basales de adultos jóvenes con TEA. Los investigadores querían inicialmente saber si ciertos movimientos repetitivos comunes en las personas con autismo, como agitar las manos o balancearse hacia adelante y hacia atrás, estaban relacionados con anomalías en los transportadores de dopamina. También querían ver si encontraban diferencias en la conectividad funcional entre el estriado y otras áreas del cerebro. El estriado (o cuerpo estriado) es una estructura subcortical clave en el cerebro, parte fundamental de los ganglios basales, compuesta principalmente por el núcleo caudado, el putamen y el núcleo accumbens. El estriado juega un papel fundamental y central en la enfermedad de Parkinson, ya que es el principal receptor de la dopamina producida en la sustancia negra y cuyo déficit provoca los síntomas motores característicos de la enfermedad.

Los investigadores realizaron escáneres a doce adultos jóvenes (18-24 años) con autismo con un marcaje para el transportador de dopamina (DaT), una pequeña proteína que recicla la dopamina no utilizada. Cuatro especialistas en medicina nuclear diferentes examinaron los escáneres. Todos coincidieron en que en dos de los doce voluntarios el patrón de marcaje de los transportadores de dopamina era anómalo y que en otros ocho parecía normal. No se pusieron de acuerdo en los dos restantes.
A continuación, los participantes se dividieron en grupos con DaT anormal y normal. En el análisis exploratorio, el grupo con DaT anormal mostró una mayor conectividad funcional estriatal hacia la región paracingulada en comparación con el grupo con DaT normal. Estos resultados preliminares deben interpretarse con cautela y se necesitan estudios más amplios para explorar su relación con los resultados conductuales y su potencial para predecir las respuestas al tratamiento.

El estudio tiene una muestra pequeña y hay que ser prudentes, pero es posible que las alteraciones en los transportadores de dopamina podría ser una señal de alerta temprana del desarrollo de la enfermedad de Parkinson en etapas posteriores de la vida. Es necesario que aumente la concienciación sobre la importancia de controlar la salud cerebral de los adultos con autismo a medida que envejecen. Si se consigue identificar a las personas que podrían tener un mayor riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson, se podrían discutir las medidas preventivas, incluyendo si ciertos medicamentos podrían ralentizar la progresión de la enfermedad.
Para leer más:
- Nuraini N, Appling C, Ferguson BJ, Singh A, Gunn AM, Bhat R, Schraml F, Braden BB, Beversdorf DQ. (2026) A Preliminary Investigation of Dopamine Transporter Binding Abnormalities in Individuals With Autism Spectrum Disorder, Autism Res 19(1): e70144. DOI: 10.1002/aur.70144
- Yin W, Reichenberg A, Schnaider Beeri M, Levine SZ, Ludvigsson JF, Figee M, Sandin S (2025) Risk of Parkinson Disease in Individuals With Autism Spectrum Disorder. JAMA Neurol 82(7): 687-695. DOI: 10.1001/jamaneurol.2025.1284



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