En las últimas conferencias que he impartido este año uno de los temas que más revuelo ha generado es mi afirmación de que pensaba que en el futuro próximo seríamos capaces de diagnosticar prenatalmente el autismo. Un estudio reciente publicado en la revista Molecular Autism confirma esta idea.

Los síntomas sociales, afectivos y de comunicación son fundamentales en el trastorno del espectro autista (TEA), pero su gravedad varía de un niño a otro: Algunos niños pequeños con TEA muestran una mejora de sus capacidades en edades tempranas y desarrollan buenas habilidades sociales y lingüísticas, mientras que otros con autismo «profundo» tienen habilidades sociales, lingüísticas y cognitivas persistentemente bajas y requieren cuidados y apoyo de por vida. Se desconocen los orígenes biológicos de estas diferencias y el por qué de las distintas trayectorias de desarrollo de los niños dentro del espectro.

Un grupo de investigadores de la Universidad de California San Diego cuyo primer autor es el Dr. Eric Courchesne ha utilizado organoides corticales cerebrales, pelotas de neuronas y células glíales que son versiones simplificadas de un cerebro y que permiten entender con más facilidad los complejos procesos que suceden en el desarrollo del sistema nervioso. El objetivo es entender por qué hay distintos tipos de TEA, cuáles son las causas neurobiológicas subyacentes a las dificultades sociales y lingüísticas de los niños autistas y cuándo empiezan.

Los investigadores utilizaron células madre sanguíneas de 10 niños de 1 a 4 años con autismo idiopático (en los que no se ha identificado una causa genética única) para crear organoides corticales cerebrales (BCO). También se generaron BCO a partir de células madre sanguíneas procedentes de seis niños neurotípicos. De cada individuo se generaron cientos de organoides en dos años diferentes, 2021 y 2022, un total de casi 5000. A continuación, compararon los tamaños y composición de esos organoides procedentes de autistas y controles con los datos de los niños autistas, incluyendo su cociente intelectual, la gravedad de los síntomas y los volúmenes  de las áreas principales de sus cerebros utilizando resonancia magnética.

La corteza cerebral es la parte más externa del cerebro, contiene decenas de miles de millones de células nerviosas y es responsable de funciones esenciales como la conciencia, el pensamiento, el razonamiento, el aprendizaje, la memoria, las emociones y las funciones sensoriales.

Los investigadores vieron que los organoides corticales cerebrales procedentes de niños autistas eran un 40% más grandes que los de niños neurotípicos. De hecho, los organoides de los autistas tenían más células y a veces más neuronas que los controles y crecían a una velocidad triple que estos últimos. En algunos de los organoides cerebrales más grandes -que correspondían a los niños con los casos más graves de autismo- también se observó una formación acelerada de neuronas. Los niños autistas cuyas células madre producían los organoides más grandes mostraban también un volumen superior al normal en las áreas sociales, lingüísticas y sensoriales del cerebro en comparación con sus compañeros neurotípicos.

Los investigadores también descubrieron que el crecimiento anormal del BCO en niños pequeños con autismo se correlacionaba con la gravedad de su autismo. Cuanto mayor era el tamaño de los organoides de un niño, más graves eran sus síntomas sociales y lingüísticos en etapas posteriores de su vida, y mayor era el tamaño de su cerebro tal como se podía ver en una resonancia magnética.

La conclusión es que la gravedad del autismo se desarrolla en el útero, antes de que los niños nazcan. A partir de ahí va a haber un proceso de crecimiento excesivo y acelerado de la corteza cerebral, que va a generar cerebros con mayor volumen, con más células, y el desarrollo de los síntomas de autismo. Los hallazgos «podrían conducir a la identificación prenatal y a posibles terapias para el autismo».

 

Para leer más:

  • Courchesne E, Taluja V, Nazari S, Aamodt CM, Pierce K, Duan K, Stophaeros S, Lopez L, Barnes CC, Troxel J, Campbell K, Wang T, Hoekzema K, Eichler EE, Nani JV, Pontes W, Sanchez SS, Lombardo MV, de Souza JS, Hayashi MAF, Muotri AR (2024) Embryonic origin of two ASD subtypes of social symptom severity: the larger the brain cortical organoid size, the more severe the social symptoms. Mol Autism 15(1): 22.
  • Lewis D (2024) Autism Severity Linked to Fetal Brain Growth Patterns. Neurosci News 5 de junio. https://neurosciencenews.com/asd-fetal-brain-growth-26253/

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