El amigo imaginario

El amigo imaginario es «un personaje invisible o un objeto personificado que toma parte en las conversaciones de los niños o juega con ellos durante un periodo largo de tiempo, de al menos varios meses». Las relaciones no son idénticas, con los objetos personificados la relación suele ser jerárquica, mientras que con los amigos imaginarios es una relación igualitaria. Los compañeros suelen valorar mejor al niño que tiene un amigo imaginario que al que tiene un objeto personificado. Aunque los niños que los han creado pueden describirlos con un enorme detalle, suelen entender que sus amigos imaginarios no son reales. Algunos niños pueden «verlos» mientras que otros solo «sienten su presencia». Originalmente, los compañeros imaginarios fueron descritos como criaturas sobrenaturales y espíritus que intentaban conectar a las personas con sus vidas pasadas (Klausen and Passman, 2007). Pueden ser personas, pero también pueden tomar la forma de otros personajes como animales o entes abstractos como fantasmas, monstruos, robots, extraterrestres o ángeles.

Dos tercios de los niños menores de siete años tienen un amigo imaginario. La investigación ha mostrado que inicialmente las niñas son más propensas que los niños a desarrollar amigos imaginarios, pero una vez que llegan a la etapa escolar, los niños y las niñas tienen la misma probabilidad de tener un compañero imaginario. Las investigaciones han reiterado a menudo que no hay un «tipo» específico de niño que cree un amigo imaginario, aunque los niños primogénitos tienen más probabilidades de tener un amigo imaginario que los nacidos después. Se cree que es debido a que el niño pequeño sin un hermano con el que jugar necesita socializar, por lo que crea un amigo imaginario para desarrollar sus habilidades sociales.

Los amigos imaginarios sirven muchos propósitos diferentes: en algunos casos es simplemente algo divertido y que permite diferentes juegos, pero también puede ser una forma de expresar los miedos o de explorar emociones sobre el misterioso mundo de los adultos.  Los amigos imaginarios también pueden ayudar a los niños a afrontar dificultades reales. Los psicólogos infantiles han encontrado claras pruebas de que los amigos imaginarios proporcionaban apoyo mental a niños que tenían una problemática muy dura, desde aquellos que estaban en sistemas de protección a la infancia a los que tenían que soportar las profundas heridas causadas por la guerra y los conflictos.

Diversos estudios han encontrado que los niños con amigos imaginarios tienen una mayor capacidad de mentalización que los niños que no los tienen; es decir, son mejores para entender el estado mental de otras personas, comprender lo que sienten o lo que piensan y para ponerse en su piel. Tienen de media mejor vocabulario, mayores habilidades lingüísticas y retienen los conocimientos más rápidamente que los que no los tienen, lo que puede deberse a que estos niños tienen más práctica lingüística que sus compañeros al mantener «conversaciones» con sus amigos imaginarios. En la última década, los estudios psicológicos han ido acumulando pruebas de que los amigos imaginarios ayudan a los niños a comunicarse mejor, a ejercitar su imaginación y, sobre todo, a resolver problemas. De hecho, algunos niños incluso tienen amigos imaginarios específicos en función de cada situación para ayudar a resolver problemas concretos. Estos niños también son mejores a la hora de interpretar las emociones, lo que incluye el reconocimiento de las emociones básicas, comprender el impacto de la situación en las emociones y tener un mejor control de las expresiones emocionales. En resumen, es bueno tener un amigo imaginario si no te aleja de las interacciones sociales con niños reales.

Los niños con amigos imaginarios son mejores en pruebas donde se evalúa la comprensión de las falsas creencias (Lin et al., 2020). Una explicación plausible es que el juego con su amigo imaginario puede mejorar las habilidades de simulación de los niños. Durante ese juego, el niño y su compañero ficticio deben cambiar sus papeles e imaginar los procesos mentales internos del otro. Este proceso de simulación puede extenderse a las predicciones sobre las acciones de otra persona y facilitar el neurodesarrollo, incluida la comprensión de falsas creencias. La otra explicación plausible es que el juego de simulación, incluido el juego con el amigo imaginario, ayuda a los niños a distinguir entre el mundo interno, psicológico y personal, y el externo, real y social.  En el juego de simulación, los niños atribuyen a un objeto una identidad real y una identidad fingida (por ejemplo, una zanahoria es también un micrófono). El proceso de juego con el amigo imaginario puede ayudar a los niños a desarrollar la comprensión de las falsas creencias de los demás.

Para muchos, el amigo imaginario desaparecerá al hacerse mayor, a otros los acompañará siempre. Agatha Christie, en la autobiografía que escribió a los 70 años, contaba que aún seguía hablando con sus amigos imaginarios y lo mucho que la ayudaban. La animaban a terminar los agotadores últimos capítulos de las novelas, la empujaban a ser mejor persona e incluso le hacían compañía en los momentos de soledad. Kurt Cobain dirigió su nota de suicidio a Boddah, su amigo imaginario de la infancia. Es posible que nuestra pasión por las historias de ficción, en las novelas, el cine o incluso cuando soñamos despiertos tenga que ver con esta vida interior de nuestro cerebro que construye mundos con solo pensarlos. De hecho, los escritores de ficción adultos suelen hablar de que sus personajes adquieren vida propia, lo que puede ser un proceso análogo al de los amigos invisibles de los niños. Además, los escritores de ficción son más propensos que la media a haber tenido amigos imaginarios cuando eran niños (Taylor et al., 2002). Quizá es porque su cerebro aprendió a crear seres y a darlos vida.

Pensaba en qué amigos imaginarios recuerdo y me sale el tigre Hobbes de las tiras cómicas de Calvin y Hobbes, los monstruos de Donde viven los monstruos de Maurice Sendak y Jojo Rabbit, la película donde un niño tiene a Hitler de amigo imaginario, pero parece que es menos común en la creación en español. ¿Se te ocurre algún ejemplo? ¿Y tuviste algún amigo imaginario?

Para leer más:

  • Klausen E, Passman RH (2006) Pretend companions (imaginary playmates): the emergence of a field. J Gen Psychol 167 (4): 349–364.
  • Lin Q, Zhou N, Wan Y, Fu H (2020) Relationship between Chinese children’s imaginary companions and their understanding of second-order false beliefs and emotions. Int J Psychol 55(1): 98-105.
  • Taylor M, Hodges SD, Kohányi A (2002) The Illusion of Independent Agency: Do adult fiction writers experience their characters as having minds of their own?». Imagination, Cognition and Personality 22 (4): 361–380.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

10 opiniones en “El amigo imaginario”

  1. Hola mi hermana ahora tiene 16 y cuando le preguntó por su amigo imaginarios llora, qué puede ser?

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