30% de los niños con autismo tienen TDAH

adhd-18223La probabilidad de que un niño con autismo tenga trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es el triple que en los niños sin autismo.
Hace un tiempo se pensaba que no podían ir juntas ambas circunstancias y ambos diagnósticos eran opciones independientes pero ahora se ha visto que un niño puede estar afectado de ambas circunstancias. Distintos factores influyen en esa dificultad para el diagnóstico. Un niño con un TEA se puede aislar progresivamente y no detectarse el TDAH del mismo modo que un niño hiperactivo en un ambiente adecuado su hiperactividad baja y solo entonces emergen sus dificultades con las habilidades sociales. Los niños con TDAH, por su parte, no suelen calmarse con la edad a menos que reciban medicación o una buena terapia y a pesar de ello desarrollan habilidades de comunicación y sociabilidad y es raro que tengan los niveles de ansiedad de un niño con un TEA.

El estudio se realizó preguntando a los padres de niños de edades entre 4 y 8 años que participaban en un grupo sobre síntomas de déficit de atención e hiperactividad. El tipo de preguntas era si los niños no podían esperar a que les tocase su turno en una cola, interrumpían a otros mientras hablaban, jugaban con cosas durante las comidas o no podían calmarse.

El cuestionario utilizado es uno de los habituales para detectar TDAH en niños neurotípicos. No hay, hasta el momento, un cuestionario específico que se ajuste a la presencia de TDAH en niños con TEA y es posible que no todo sea directamente trasladable. De hecho, algún especialista plantea que lo que tienen los niños con TEA es un problema de regulación de la atención más que un déficit de la atención. La diferencia sería en que sí pueden atender, pero hay dificultades para que se centren en el tema que importa en ese momento o trasladar su atención de una tarea a otra tal como se requiere en la escuela.causes-of-adhd-400x400

De 62 niños diagnosticados con autismo, 18 (29%) tenían síntomas de TDAH. Todos eran varones. Un estudio anterior con niños algo mayores daba una cifra bastante parecida (31%). Este subgrupo de los niños con TEA tienen normalmente más problemas para aprender, un peor funcionamiento cognitivo, dificultades para sociabilizar y un déficit mayor en el funcionamiento adaptativo que los niños que solo tenían autismo. El desarrollo de estrategias específicas de intervención y protocolos de educación de estos niños parece una necesidad.

Los investigadores consideran que tratar los síntomas del TDAH puede beneficiar a esos niños que no están avanzando en los programas terapéuticos dirigidos al TEA únicamente y que normalmente requieren un esfuerzo de concentración en unas tareas determinadas.

Algunos padres dicen que la hiperactividad mejora si se eliminan los dulces de colores llamativos, los refrescos, el azúcar y la cafeína. Si el niño echa de menos alguna de esas cosas, se puede hacer una transición lenta para que la desaparición de alguna de sus golosinas favoirtas no sea otro factor de ansiedad. También puede ser interesante estar pendiente de en qué lugares y bajo qué circunstancias tiene el niño una sobreexcitación. Algunos lugares típicos de excitación e hiperactividad son las piscinas, los supermercados, las hamburgueserías y similares y los viajes.

No sabemos con certeza cuáles son las causas de un TEA ni sabemos tampoco qué es lo que origina un TDAH, es interesante que ambos trastornos estén de alguna manera conectados y parece lógico suponer que algún aspecto del desarrollo del cerebro afecte a ambas condiciones.

En los niños que tienen un TEA muy severo, el TDAH puede ser difícil de identificar. No se ve con claridad si el distinto nivel de actividad se debe a que muestran un retraso en los hitos a alcanzar o la gravedad de su autismo o a la presencia de un TDAH. Si los padres y educadores notan que su nivel de atención o el comportamiento en las actividades formativas está interfiriendo en sus posibilidades de progresar, deben pensar en esta posibilidad y comentarlo con su terapeuta o su neuropediatra.

La primera línea de intervención son terapias del comportamiento destinadas a enseñar a los niños como calmarse y concentrarse en un tema determinado. Si esa primera estrategia no funciona, los médicos suelen proponer una medicación (Ritalin es lo más común bajo cualquiera de las marcas en que se comercializa como Ritalina, Rubifen, Methylin y Focalin). Lo que es importante es que tanto los maestros como los pediatras sepan esta circunstancia para que lo tengan en cuenta en su seguimiento del niño.

 

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Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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