Rankings de universidades

La Fundación CYD, contando con el asesoramiento del Center for High Education Development, un think-tank alemán para el desarrollo y mejora de la educación superior, han decidido realizar y publicar un ranking de las universidades españolas. Es un tema polémico y recurrente, en el que las dos instituciones cuentan con prestigio y saber hacer, pero que no será fácil ni contará con la aprobación general, sean cuales sean los resultados.

Todos los años, se publican distintos rankings universitarios internacionales, como el Academic Ranking of World Universities (ARWU) elaborado por el Centre for World Class Universities y el Institute of Higher Education de la Universidad Jiao Tong de Shanghai (China). También se sigue mucho el que realizaban el Times Higher Education Supplement y Quacquarelli Symonds (QS), una editora de guías sobre enseñanza superior. Ambas instituciones se han superado.

En España, existe el Webometrics Ranking Web of World Universities publicado por el CSIC, un ranking de carreras universitarias publicado por el diario El Mundo y varias iniciativas de grupos de investigación universitarios.

Los rankings son criticados por los criterios seguidos y por supuestos sesgos de área geográfica, cultura, idioma o ámbito sectorial. Hay un acuerdo general en que las Humanidades y en menor medida las Ciencias Sociales no son adecuadamente valoradas. Para aclarar esto un poco, el ranking de Shanghai está basado en investigación y da un peso del 10% a los antiguos alumnos de esa universidad que han conseguido el premio Nobel o la medalla Fields, otro 20% a los poseedores de uno de estos dos reconocimientos en la plantilla de profesores, otro 20% a lo que se llama publicaciones altamente citadas por otros investigadores, un 20% a la publicación en las revistas Nature y Science, un 20% por publicaciones en los índices de citaciones (SCI y SSCI) y el 10% restante al tamaño de la institución. Evidentemente, hay un sesgo hacia las disciplinas científicas (que son las que mayoritariamente publican en Science o Nature y consiguen el premio Nobel) y una concentración de bombas en el mismo agujero (un premio Nobel suele haber publicado en las mejores revistas, tener muchas citas e incluso trabajar en universidades grandes y poderosas). Las cuatro primeras universidades españolas en el ranking de Shanghai de 2009 son la Universidad de Barcelona, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Valencia. Habría que desgranar los números para ver el peso relativo pero en tres de esas cuatro universidades (Complutense, Barcelona y Valencia) realizó su carrera académica, Santiago Ramón y Cajal, nuestro único premio Nobel en el ámbito científico. No parece lógico que el premio Nobel de 1906 tenga un peso relevante en el ranking de 2009, pero todo parece indicar que así es.

Por poner otro ejemplo, el índice Webometrics (me encanta como suena) del CSIC valora la presencia en la red, pero asuntos como la existencia de dobles direcciones web, o cambios en la dirección web de una Universidad hace, según ellos mismos explican, que centros de prestigio como Oxford, Cambridge, Yale o Princeton salgan mucho peor valorados que lo que cualquier otra evidencia indica. También afecta a las críticas sobre los rankings la volatilidad de los criterios. Tras un cambio en la metodología de evaluación, la London School of Economics, considerada uno de los cinco mejores centros académicos del Reino Unido pasó del puesto 17 al 59, en el año 2007. La LSE indicó, con acritud, que esos criterios no miden la excelencia en su ámbito.

El CHE hace uno sobre más de 170 universidades y politécnicos, fundamentalmente alemanes, que publica el periódico Die Zeit. Parece lógico pensar que para la construcción de ese próximo ranking de las universidades españolas se seguirá un esquema similar. La posición en el ranking del CHE está basado en 34 criterios o indicadores agrupados en los siguientes nueve módulos:

  1. Mercado laboral y orientación profesional. Se valoran las oportunidades para la inserción profesional (cursos, seminarios, ferias de empleo, etc.) y la opinión de los estudiantes sobre el apoyo para el salto al mercado de trabajo.
  2. Equipamiento. Se valora la dotación de bibliotecas, número y equipamiento de salas de ordenadores y puestos de laboratorios. Se tiene en cuenta la opinión de profesores y estudiantes.
  3. Investigación. Se valoran las tesis doctorales leídas, número de publicaciones, patentes y financiación disponible para investigar.
  4. Opiniones. Los estudiantes valoran distintos puntos de su carrera y su universidad. Los profesores deben señalar las universidades que recomendarían a su hijo o hija para estudiar su propia disciplina y cuáles son las que ven como las líderes en investigación en su campo.
  5. Orientación internacional. Los criterios incluyen cuántos cursos y asignatura se imparten en lengua extranjera, qué cursos de idiomas se ofrecen y si las carreras tienen un doble reconocimiento por universidades en el extranjero.
  6. Resultados de estudios. Intenta responder al interés de un estudiante sobre la posibilidad de obtener un grado con rapidez y buenas notas. Se valoran, entre otros criterios, la duración media de los estudios y la nota media en las asignaturas.
  7. Ciudad y Universidad. Los indicadores señalan la calidad de vida de la ciudad y su adaptación a la vida de un estudiante universitario. Los indicadores incluyen la proporción de estudiantes en la población general, la calidad y precio de la vivienda, los medios de transporte, la oferta deportiva, los gastos medios para un estudiante, etc…
  8. Estudiantes. Se valora el número de estudiantes en la universidad y en la carrera elegida, también la proporción hombres:mujeres en la comunidad estudiantil.
  9. Estudios académicos y enseñanza. Aunque la mayoría de los indicadores intentan basarse en hechos objetivos, este último módulo se basa en opiniones sobre la carrera, la oferta académica, el apoyo recibido; la experiencia personal de cada estudiante en esa universidad.

La descripción detallada de los criterios de valoración se puede ver en esta dirección web.

Los ranking producen aquello para lo que fueron creados. El ranking de Shanghai estaba pensado en concentrar fondos de investigación en aquellas universidades chinas que pudieran destacar en el ámbito científico. Los rankings europeos buscan competir con mejores resultados con las universidades norteamericanas. En nuestro país cuando se publican los ranking internacionales y se ve que no aparece ninguna universidad española entre las 200 primeras, se genera una crítica inmisericorde. Si España es la 9ª o 12ª economía del Mundo, si Nadal ha sido el tenista número uno del mundo, si hemos ganado la Copa Davis y la Copa de Europa, si incluso Luis Miguel Dominguín se consiguió acostar con Ava Gardner, cómo es posible que las universidades y los profesores universitarios sólo sean los mejores de su pueblo.

Solo hay dos posibilidades: o el ranking está mal hecho y somos mejores que algunas de las universidades que nos ponen por delante o está bien hecho y no somos tan buenos como nos creemos o decimos ser. Es cierto que hay cierta insatisfacción. La European Universities Association también ha hecho pública sus críticas, respondiendo con el anuncio de su interés en crear su propio ranking. La OCDE ha dicho que este año empezará a valorar las habilidades de los estudiantes universitarios de último año en diferentes países, en un esquema similar a lo que realiza el informe PISA en la enseñanza secundaria. El camino es obvio: debemos tener datos fiables, comparables, establecidos con criterios similares (¿dos estudiantes a tiempo parcial son “dos” estudiantes o un “equivalente a estudiante completo”? ¿un puesto de informática accesible 24 horas cuenta como tres puestos accesibles durante ocho horas? La segunda parte es que todo el mundo pueda operar con esos valores, marcar sus prioridades, establecer su puesto y su camino de mejora. Por poner un ejemplo, una universidad que facilita el acceso a discapacitados sensoriales o a personas que combinan el estudio con el trabajo puede tener unos peores indicadores de éxito académico (terminar la carrera en los años establecidos) pero no es por eso una peor universidad sino, en mi opinión, mejor.

También tengo la sospecha de que puede que no nos guste lo que nos devuelva el espejo, que el ranking nos coloque en nuestro sitio real , no en el soñado. Siempre será mejor que pretender entre todos que el emperador está maravillosamente vestido.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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