El pasado 14 de diciembre de 2012 un muchacho de 20 años, Adam Lanza, mató a su madre Nancy Lanza en su casa y luego condujo a la escuela primaria de Sandy Hook donde disparó y asesinó a veinte niños de entre seis y siete años  y a seis adultos del personal del colegio. Finalmente se suicidó.

Los comentarios en prensa han dicho que era un joven cuyos conocidos lo calificaban de “callado y tímido” y “muy antisocial”. También se usaron otros términos como “raro”, “retraído”, “solitario”. Otras informaciones hablan de “una personalidad extraña” y su hermano Ryan (24 años) al ser interrogado dijo que pensaba que Adam sufría un trastorno de la personalidad. Después otras crónicas añadieron que tenía una “ausencia de empatía” y finalmente entraron en el ámbito del diagnóstico clínico señalando que estaba en el espectro autista, que sufría una enfermedad mental como el Asperger y poco después se entraba en una tormenta de acusaciones y estigmas. El New York Times del 17 de diciembre de 2012 publica un artículo de Priscilla Gilman, madre de tres niños, uno con autismo, titulado Don’t Blame Autism for Newtown. La traducción sería “No eches la culpa al autismo de lo que ha pasado en Newton”.

Algunos vecinos han relatado que la familia era poco social. Beth Israel, una vecina de 43 años cuya familia vive en la misma calle que los Lanza declaró a la prensa que “era un niño socialmente torpe”. También señaló “Siempre tenía problemas, era una especie de solitario“. “No sé quiénes eran sus amigos“. Y sin embargo, un compañero de clase del autor, de la época en que eran estudiantes, relató a un canal local de la cadena CBS, mientras luchaba para contener las lágrimas, que Adam Lanza era “solo un chico más”, que no causaba problemas ni mostraba tendencias antisociales.

Siempre queremos buscar explicaciones, respuestas, culpables. Aquí hay un asesino pero su posible Asperger no tiene nada que ver. Los mensajes ligando el grupo de asesinatos y el posible autismo han sido numerosos. Pero entonces ¿cómo explicamos otros casos de asesinatos múltiples como Virginia Tech o Columbine,  donde no hay ningún rasgo autista?

Hay siete errores frecuentes, basados en al artículo de Gilman, que deben quedar claros:

  1. El autismo y el síndrome de Asperger no son enfermedades mentales. Son trastornos del desarrollo que generan una discapacidad. Para entenderlo mejor, un ejemplo comparable es el síndrome de Down, que afecta a funciones cerebrales distintas de las que están afectadas en el autismo.
  2. La medicación es imprescindible en muchas enfermedades mentales como el trastorno obsesivo-compulsivo, la esquizofrenia, la depresión o el trastorno bipolar. El autismo no se cura con medicación aunque se pueden utilizar medicamentos para problemas asociados como la depresión o los problemas de sueño.
  3. No es cierto que los niños que tienen autismo no puedan mostrar empatía. Los niños y jóvenes con autismo tienen dificultades para entender los motivos de los demás y el lenguaje corporal o gestual de otros, pueden ser ingenuos en la vida social y pueden tener más dificultades para expresar sus emociones con palabras. Frecuentemente están deseando conectar con otras personas y pueden tener una gran empatía solo que intentan esas relaciones y muestran su empatía de formas no convencionales, que nosotros llamamos normalmente torpes.

    La empatía puede ser de dos tipos. Empatía cognitiva es la habilidad para reconocer las emociones de alguien por sus gestos, fluctuaciones en su tono de voz, etc. Un psicópata puede ser muy bueno en esto pero las personas con autismo normalmente no lo son. La empatía emocional es ponerse en la piel de otra persona, sentir lo que puede estar sintiendo. Las personas con síndrome de Asperger pueden tener la misma empatía emocional que otra persona.

  4. El autismo no es peligroso ni tiene nada que ver con la maldad. Lo normal es que los niños afectados no digan mentiras, no manipulen a los demás y sean personas de una gran integridad moral. Gilman, que tiene tres hijos, uno con autismo, decía que ése es precisamente el más empático y el más honorable de sus tres muchachos maravillosos.
  5. Los niños con autismo pueden ser agresivos ocasionalmente, pero eso suele surgir de su frustración por no conseguir expresarse verbalmente o por su extremada sensibilidad a algunas entradas sensoriales.
  6. La forma más normal de agresión que tienen las personas con autismo es hacia ellos mismos, la autoagresión. En los raros casos donde la agresión tiene una víctima externa, no adopta el perfil de un acto intencional, meticulosamente planeado y sistemático como han sido los asesinatos de Newtown. No se parece en nada.
  7. En el ámbito de la agresión, la probabilidad de que un niño con autismo sea la víctima es muchísimo más alta que la de que sea el agresor. No hay ningún dato que indique que una persona con autismo tiene mayor probabilidad de tener un comportamiento criminal que una persona sin autismo.

Debemos sentir piedad por todas las víctimas de esta terrible tragedia pero no podemos añadir más víctimas, no podemos permitir que las personas con autismo sean más marginadas y más estigmatizadas de lo que ya son. No podemos permitir que retrocedamos en ese difícil camino de concienciación social, conocimiento del autismo e integración de las personas afectadas. No podemos dejar de ser una sociedad digna, aquella que cuida a los más débiles y se preocupa por los más desfavorecidos. No podemos permitirnos ni un paso atrás.

Para leer más:

  • http://www.nytimes.com/2012/12/18/opinion/dont-blame-autism-for-newtown.html?nl=todaysheadlines&emc=edit_th_20121218&_r=0
  • http://health.usnews.com/health-news/news/articles/2012/12/16/aspergers-autism-not-linked-to-violence-experts
  • http://www.huffingtonpost.com/2012/12/17/autism-empathy-connecticut-shooting_n_2314769.html?ir=Parents