En diciembre de 2009, decidí iniciar un blog. Pensaba que me apetecía escribir sin obligaciones, extensiones limitadas, temas sugeridos por un periódico o una editorial,.. Quería escribir de lo que quisiera, cuando quisiera y cuanto quisiera. Quería hablar de las cosas que me interesan y me gustan: la Universidad (sí, con mayúscula), la Ciencia y la investigación, la Literatura. Y quería que este blog fuera respetuoso, respetara la privacidad y cumpliera años.  Creo que sí lo he conseguido. Todo el mundo me decía que el primer mes, los primeros meses quizá, empiezas con mucha fuerza pero luego lo vas dejando, te vas cansando, te aburres. He pasado rachas de más entusiasmo (donde se me acumulaban las cosas sobre las que quería escribir) y otras, donde seguía queriendo escribir pero no tenía tiempo o energías para rellenar unas pocas líneas. Solo los que dan clase saben lo extenuante que puede ser preparar los temas de asignaturas nuevas y dar clase (perdón, procesos interactivos de aprendizaje o como se llame ahora), manteniendo el resto de las obligaciones de un profesor universitario. Pero en cuanto tenía un respiro, volvía y preparaba algo. No es un vicio, ni una obligación autoimpuesta, ni un mirarse el ombligo, es algo mucho más bonito que eso, algo tan antiguo como la cultura, es escribir para que otro te lea, deseando que a esa persona le guste lo que has escrito.

Fundamental en este aspecto de entusiasmo por el blog, ha sido compartir la experiencia y el magisterio de las dos personas cuyos blogs aparecen en mi portada: Antonio y Sevach. Los dos llevan más tiempo que yo, escriben mejor que yo y captan mucho más interés que yo. Pero no me pienso rendir y sigo aprendiendo de ellos. Confío en que poco a poco iré acortando esa distancia y lo que tengo claro es que seguiré disfrutando de tan buenas compañías. ¡Gracias, amigos!  También debo agradecer el apoyo tecnológico. Ningún barco moderno funciona si no hay alguien en la sala de máquinas, apaleando carbón o, si es moderno de verdad, cuidando los circuitos integrados. Este blog va como una seda pero no por el autor sino por la mano que mece la cuna, que como dicen en la película, es la que domina el mundo. Al menos el mundo que a nosotros nos interesa, el del progreso, el diálogo, el respeto, el intercambio de ideas. ¡Gracias también! Entre muchas otras cosas por evitar que algunos días entraran los 300 mensajes recibidos de páginas webs de casinos, zapatos Loboutin, vendedores de Viagra y mensajes varios escritos en cirílico. Gracias, no deseo alargar nada.

Uno de mis fracasos ha sido no conseguir incitar muchos comentarios. Por eso valoro tanto cada uno de ellos: Ana, Elvira, Noemí, Lola, Fátima, Aciguembre, Paco, José Manuel,  Eduardo, Ignacio… y a todos los demás. Gracias por hacerme reflexionar, detectar errores, sonreír o picarme. Un blog es como un libro de mil capítulos donde los autores de comentarios también son parte activa y los capítulos se completan y se reescriben entre todos. Es un sueño de la escritura.

Y finalmente, vosotros, lectores, amigos y amigas invisibles. Algunos, pocos, sé quien sois y siento que me reencuentro con vosotros (206 veces este año). La mayoría de estos conocidos, lo hacéis desde el cariño y la amistad, unos pocos vienen del “lado oscuro” pero esos ya tienen castigo en ser como son y no dar fruto bueno. El resto, los que de verdad importan, me dan alegría cada día. Hay algunos que leen desde ciudades que he vivido o visitado y están para siempre en mi corazón: San Diego, Toledo, Frankfurt, Valladolid, Madrid, Lima,  Torino, México D.F., Berlín, Buenos Aires, Seúl, Santiago de Compostela, Santiago de Chile, León, Bogotá, Barcelona y siempre, Salamanca. Luego hay direcciones que son de lectores constantes. ¿Quién me leerá desde Roubaix en Francia? ¡Gracias!  Sé que Fleur me lee desde Sydney, pero ¿quién lo hace en Japón, en Toledo, en Latvia, en Laguna Beach, en Tegucigalpa, en Mendoza, en Madrid,..? Solo puedo deciros, a todos, gracias, mi deseo de que os guste y que penséis, que pienses, que mi nuevo post es siempre pensando en ti. ¡Feliz Nuevo Año!