Dentro de los tratamientos heterodoxos y las estafas flagrantes, el autismo parece ser una diana fácil. Acaba de surgir una nueva polémica en Estados Unidos con el uso de un medicamento denominado Lupron.

El Lupron (leuprolida) bloquea la producción de estrógenos. Está autorizado para tratamiento del cáncer de próstata en hombre y para el cáncer de endometrio en mujeres y se ha utilizado para castrar químicamente a violadores.

Mark y David Geier, padre e hijo y autoproclamados especialistas en autismo, aunque no tengan una formación adecuada ni ningún tipo de reconocimiento,  son los principales promotores del uso del Lupron. Su teoría se basa en una conexión entre mercurio, testosterona y autismo, algo que está totalmente desacreditado. Según los Geier, el Lupron es “el medicamento milagroso”. Padre e hijo han desarrollado el “protocolo del Lupron” y lo están vendiendo por todo el país, colaborando con algunos médicos y abriendo al menos nueve clínicas en diferentes estados desde la costa oeste a la costa este.

Simon Baron-Cohen, catedrático de Psicopatología del desarrollo en Universidad de Cambridge, experto internacional en autismo y director del Autism Research Center in Cambridge, ha comentado que es una irresponsabilidad tratar a niños con autismo con Lupron.
“la idea de usarlo en niños vulnerables con autismo, que no tienen una enfermedad que amenace sus vidas y que no son un peligro para nadie, sin un estudio cuidadoso para determinar los efectos secundarios indeseados o si tiene algún beneficio, me aterroriza”.

Expertos en Endocrinología infantil han avisado que el Lupron puede alterar el desarrollo normal, interfiriendo con la pubertad natural y poniendo potencialmente en riesgo el corazón y los huesos de los niños tratados. El tratamiento también implica someter a los niños a inyecciones diarias, incluyendo inyecciones intramusculares profundas, más dolorosas, cada quince días. El tratamiento cuesta 5.000 dólares al mes, que la mayoría de los seguros no cubre.

En 2009 los Geier habían tratado más de 300 niños con autismo y un grupo de padres y al menos 200 personas más estaban en prueba.

Según el Chicago Tribune, el Lupron “es uno de los muchos tratamientos que hacen caja con la desesperación de unos padres tratando de asumir una condición incurable  para la que la medicina tiene pocas respuestas buenas fuera de una terapia conductual pesada y dura

BethAnn McLaughlin, neuróloga, consejera de la Fundación Dan Marino y madre de dos niños con discapacidad del desarrollo ha comentado “Esta gente está predando sobre los miedos de los padres. No se puede estar usando unos niños que son tan vulnerables en un experimento médico”.

Dentro de pocos meses o años el uso de Lupron en el autismo estará totalmente desacreditado si no prohibido, algunos niños habrán sido dañados, algunos padres dirán que su hijo mejoró mucho con ese tratamiento, aunque no pueden saber si hubiese mejorado lo mismo o más sin tomarlo, y los Geier serán millonarios. ¿Cuántas veces más pasarán estas historias?