Este post fue publicado en el periódico El Mundo. Suplemento: Innovadores. Castilla y León.

En marzo de 2009, la Universidad de Mondragón y un grupo de cocineros vascos (Arzak, Aduriz, Arguiñano, Subijana, Atxa y Arbelaitz) crea la Fundación Basque Culinary Center. En julio se falla el concurso arquitectónico para construir un edificio en el Parque Tecnológico de San Sebastián. En octubre, el Ministerio de Ciencia e Innovación concede siete millones de euros, en subvención directa, para el proyecto. El 9 de diciembre, la Ministra de Ciencia e Innovación coloca la primera piedra. No siempre las administraciones son lentas.

Las críticas han sido duras y variadas: al nombre (en euskera sonaría poco atractivo e incomprensible, el español parece prohibido para según qué cosas), a su localización (ponerlo en San Sebastián, la ciudad natal de la ministra, suena demasiado al “pork barrel”), al concurso arquitectónico (por la composición del jurado y porque ganara un equipo local), a pretenderlo dar un marchamo universitario con la creación de una Facultad de Ciencias Gastronómicas y Culinarias (se llegó a hablar incluso de una “Universidad de Ciencias Gastronómicas del Estado”) y, sobre todo, por dedicar esos fondos a un proyecto de este tipo en un momento de fuertes recortes presupuestarios para los laboratorios de investigación de las universidades, hospitales y CSIC.

Aunque comparto algunas de esas críticas, está mucho mejor preparada la Formación Profesional que la Enseñanza Universitaria para un proyecto de este tipo (y no hago bromas sobre asignaturas de “pil-pil” y exámenes de brazo de gitano), y tengo dudas sobre otras (nos quejamos cuando los proyectos arquitectónicos los ganan los de fuera y también nos quejamos cuando los ganan los de dentro), no es asumible la enmienda a la totalidad. La primera industria de nuestro país es el turismo. Mueve una enorme cantidad de empleo y llevamos años trabajando por mejorar la calidad de la demanda y los ingresos que aquí deja. Aprovechar el tirón de personas con ideas, visión y calidad reconocida como Ferrán Adriá o los cocineros vascos, aporta una dimensión, un salto, un nuevo gancho para la captación del turista ideal. Castilla y León está haciendo innovación en turismo rural, en vinos, en gastronomía, en la oferta cultural y de ocio. Adriá ha demostrado que la ciencia se puede trasladar a la cocina, con la creación de nuevas experiencias sensoriales, y convertirla en fuerte importante de prestigio y de ingresos. Y también de disfrute. ¿Qué más se puede pedir?