Bleuler, inventor del término autismo

El psiquiatra suizo Eugen Bleuler (1857-1939) acuñó el término «autismo» en 1911. Era, por entonces, director del Hospital Burghölzli de Zúrich donde atendía a pacientes famosos como el bailarín ruso Vaslav Nijinsky y tenía también discípulos y colegas que serían más tarde célebres como Carl Jung. Bleuler utilizó por primera vez el término «autismo» en un manuscrito titulado Dementia praecox oder Gruppe der Schizophrenien, un texto de más de 500 páginas. El autismo, del griego «autos» que significa «yo mismo», era para él un síntoma en la descripción de la esquizofrenia, otro término que también inventó él. Según algunos psiconalistas, la palabra «autismo» tenía una etimología relacionada con Freud, sería una contracción  del «autoerotismo» freudiano, pero esta conexión no se ha demostrado.

En su publicación de 1911 Bleuler distinguía dos formas de pensamiento, el pensamiento lógico o realista y el pensamiento autista. Este último, el pensamiento autista, se caracteriza por un deseo infantil de evitar realidades insatisfactorias y su reemplazo por fantasías y alucinaciones. Bleuler consideraba el autismo como un intento de escapar de los síntomas de la esquizofrenia a través de un proceso de inmersión en el propio ser, de alcanzar una profunda autoabsorción.

La esquizofrenia, etimológicamente «mente dividida», se caracterizaba por una separación o ruptura de las funciones psíquicas y sus síntomas fundamentales eran para Bleuler las alteraciones de asociación y afectividad, la predilección de la fantasía frente a la realidad y la inclinación a alejarse uno mismo de la realidad (autismo). En muchos libros se habla de las «cuatro aes de la esquizofrenia» de Bleuler, una regla mnemotécnica sobre los aspectos alterados de la esquizofrenia: trastorno asociativo, trastorno de la afectividad, ambivalencia y autismo. Aunque su descripción de esquizofrenia abarcaba más, incluyendo en particular alteraciones de la atención, la voluntad y el intelecto, el concepto de autismo era crucial en su descripción de la pérdida de contacto con la realidad del esquizofrénico. Según Bleuler, cuando estos pacientes intentaban realizar operaciones lógicas, no conseguían establecer asociaciones apropiadas en la mente y eso les llevaba a una estimación poco positiva de la realidad. Por eso, sustituían esta realidad insatisfactoria con fantasías que encajaban en sus expectativas y satisfacían mejor sus necesidades afectivas, saltando del pensamiento lógico al pensamiento autista.

Al bloquear los estímulos sensoriales del mundo exterior, el pensamiento autista llevaba a seguir sus propias leyes que no estaban limitadas por las reglas de la lógica. Era un pensamiento que tenía lugar «en símbolos, en analogías, en conceptos fragmentarios, en conexiones accidentales» y era la fuente tanto de delirios como de «ofensas crudas contra la lógica y lo apropiado». Aunque el autismo era patológico dentro de la esquizofrenia, Bleuler siempre lo consideró meramente «una exageración de un fenómeno fisiológico» que estaba presente en todos los humanos y que se manifestaba en fantasías y deseos; es decir básicamente consistía en sustituir un mundo exterior, limitado y poco satisfactorio, por un mundo interior, propio y placentero.

Para Bleuler el pensamiento autista no era una patología circunscrita a un grupo de niños que se aislaban de las demás personas y del mundo externo, como plantearía Kanner décadas después, sino que el pensamiento autista era una forma normal de pensamiento presente tanto en niños como adultos. Pensaba que la capacidad para concebir alternativas a la realidad no es un proceso primitivo, sino relativamente sofisticado y, de ese modo, primero surgiría el pensamiento orientado a la realidad y más tarde el pensamiento autista.El autismo definía una «vida interior simbólica» y no era accesible a los observadores.

Psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras usaron la palabra «autismo» con ese criterio hasta la década de 1960. Sin embargo en esa época el significado del término empezó a cambiar, «autismo» se empezó a usar para describir una nueva categoría diagnóstica basada en una alteración en el desarrollo del niño y comenzó a utilizarse para lo opuesto exactamente a lo que había significado hasta el momento. Mientras que el autismo en la década de los 1950 se refería un exceso de fantasía en los niños, en la década de 1970 se refería a una ausencia completa de vida simbólica inconsciente.

Michael Rutter

El psiquiatra infantil Michael Rutter indicó que «el niño autista tiene más bien un déficit de fantasía más que un exceso».

Eugène Minkowski fue un psiquiatra francés de origen judío-polaco, conocido por su incorporación de la fenomenología a la psicopatología y por explorar la noción de «tiempo vivido». Alumno de Bleuler, recibió la influencia de la filosofía vitalista de Henri Bergson y la filosofía fenomenológica de Edmund Husserl y Max Scheler; por lo tanto su trabajo se apartó de los modelos médicos y psicológicos clásicos. Aceptó la esencia fenomenológica de la esquizofrenia como «trouble générateur» («trastorno generador») ya que pensaba que consistía en una pérdida de «contacto vital con la realidad» y cuya manifestación era el autismo. Minkowski profundizó en el trabajo de Bleuler que incluyó en su libro La schizophrénie: Psychopathologie des schizoïdes et des schizophrènes y cuyos escritos de los años 1920 reflejaban la influencia psicoanalítica.

Eugene Minkowski

Para él, el autismo no era una retirada hacia un aislamiento personal ni una inclinación mórbida a soñar despierto, sino un déficit estructural de la conexión básica, no reflexiva, que vincula a las personas con su mundo, es decir, una falta de ese contacto vital con la realidad (Feinstein, 2016). Para Minkowski, el autismo era el trastorno que daba lugar a la esquizofrenia, no simplemente un síntoma de la esquizofrenia. Este investigador pensaba que la descripción que había realizado Bleuler del autismo daba pie a interpretar ese trastorno como una retirada voluntaria del mundo por parte del sujeto, tanto por preferencia propia como por un mecanismo de defensa. Minkowski acuñó sus propios términos: autismo rico y autismo primero. Con el primero se refería a individuos cuyas fantasías eran intensas, y con el segundo, a personas capaces de tener un buen rendimiento en algún ámbito concreto, pero sin fantasía. Según Lorna Wing esa distinción era absolutamente espuria.

Las décadas siguientes desde la denominación y descripción de Bleuler tuvieron una fuerte influencia del psicoanálisis, en concordancia con su intenso ascendiente sobre la Psicología de la primera mitad del siglo XX. Anna Freud consideraba que «cada niño empieza su vida psicológica en un estado autista». Usando un concepto tomado de Más allá del principio del placer, la obra publicada por Sigmund Freud en 1920, Elwin James Anthony propuso la «hipótesis de la barrera» para explicar el desarrollo de diferentes tipos de autismo en niños. Argumentó que durante el desarrollo normal la barrera constitutiva que protege al bebé está respaldada por una barrera maternal, que eventualmente da lugar a una «barrera del ego autónomo». Esta barrera permite al niño focalizarse y no distraerse por cada estímulo pasajero. Argumentaba que en los casos de autismo primario, los niños desarrollaban una barrera que era «anormalmente gruesa» y que el niño bloqueaba todas las sensaciones hasta el punto de que «fracasa a la hora de salir de su narcisismo primario». En los casos de autismo secundario, la barrera constitutiva es «anormalmente fina», lo que permite una cantidad excesiva de estimulación que afecta al ego del niño. En esta situación, entonces el niño desarrolla su propia barrera psicótica secundaria que bloquea entonces todos los estímulos. Anthony argumentaba que en todos los casos de psicosis infantil y autismo, había componentes de tres condiciones básicas de funcionamiento deteriorado: una falta de habilidad para formar un sentido de uno mismo estable y coherente, una falta de habilidad para tratar las experiencias internas de una forma acertado y una confusión de lo propio y lo ajeno y alteraciones en la percepción de uno mismo.

Las ideas freudianas influirían en otro de los personajes clave de la historia del autismo, Bruno Bettelheim.

 

Para leer más:

  • Evans B (2013) How autism became autism. The radical transformation of a central concept of child development in Britain. Hist Human Sci 26(3): 3–31.

 

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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