Don Pío, la glía y la guerra

hortegaUna  vez oí en uno de los dos grandes hospitales de Valladolid a un señor mayor que comentaba “Habiendo ríos tan conocidos aquí como el Pisuerga, el Esgueva o el Duero, ¿por qué le habrán puesto a este hospital el nombre de un río que nadie conoce?” El hospital se llama Río Hortega y no hace referencia a ningún curso fluvial, sino a un investigador, Pío del Río Hortega, quizá el mejor neurocientífico español después de Santiago Ramón y Cajal.

Don Pío, que así era conocido, nació en Portillo (Valladolid), el 5 de mayo de 1882, hijo de un labrador rico. Con el tiempo heredó el castillo de su pueblo natal, que donaría a la Universidad de Valladolid. portilloDesde niño reveló una afición por el estudio de la Naturaleza y mostró dos características que mantendría toda la vida: una gran habilidad manual, con talento para el dibujo y la pintura y, en segundo lugar, una marcada timidez, lo que junto a su pequeña estatura, su constitución débil y su aspecto atildado le creará dificultades con sus compañeros en su infancia y juventud.

Río Hortega empieza los estudios de Medicina en la Universidad de Valladolid y el catedrático de Histología y Anatomía Patológica, Leopoldo López García, le inculca el interés por los estudios microscópicos. Asombrado por el dominio artístico del joven estudiante, le incorpora como dibujante de la Cátedra. Se licencia en 1905 y dos años más tarde es nombrado médico titular de su pueblo natal, Portillo, ejerciendo estas funciones hasta 1910. CASAPIOSin embargo, como escribe su condiscípulo Villa “no había nacido para luchar con las diarias pequeñeces y miserias que trae aparejada la vida de médico rural”. En 1909 simultanea su trabajo en el pueblo con las funciones de Auxiliar Interino gratuito de la Facultad de Medicina y en 1910, lee su tesis doctoral en Madrid, con el título “Alteraciones del tejido nervioso y síntomas generales en los tumores del encéfalo”.  Encéfalo y tumores serán los dos referentes de su carrera científica.

En 1912 atraído por el prestigio de la escuela de Cajal se traslada a Madrid, recalando  en el grupo de trabajo de Nicolás Achúcarro, que le recibe cordialmente en el Laboratorio de la Junta para la Ampliación de Estudios. nc_2Consigue una beca del Comité Español para la Investigación del Cáncer que le permite estudiar durante dos años la anatomía patológica, microbiología y bioquímica del cáncer en los mejores centros europeos de París, Londres y Berlín. En esa época, gracias al empuje y prestigio de Cajal, los jóvenes más prometedores completaban su formación investigadora en los mejores centros de Europa becados por el Gobierno.

A su vuelta a España se reincorpora al grupo de Achúcarro, que se encontraba ubicado provisionalmente en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal. Allí recibe una asignación económica, que posteriormente descubre procede de su jefe; es decir, Achúcarro le pasa la mitad de su sueldo intentando que Río Hortega no lo sepa. Achúcarro cae enfermo en 1917 y muere en 1918, a los 38 años. A pesar de su juventud, Río-Hortega es nombrado director del laboratorio de Histología Normal y Patológica en 1919 a propuesta de Ramón y Cajal. Ese mismo año se le concede el premio Achúcarro y es nombrado jefe del Laboratorio de Histopatología del Hospital General de Madrid.

ramon-y-cajal2En 1920 tiene lugar uno de los episodios más penosos de la vida de Río-Hortega. Una serie de factores como su gran productividad científica con las envidias que esto genera entre algunos pupilos de Cajal, su extrema timidez que hace difícil la relación personal con el maestro, un posible comportamiento considerado inmoral e inaceptable para la época (tendencias homosexuales) y una serie de calumnias que llegan a Cajal —que habla mal de él a sus espaldas— hacen que este último le expulse del laboratorio. Afortunadamente, la Junta para Ampliación de Estudios le consigue un espacio en la Residencia de Estudiantes y le encarga dirigir un Laboratorio de Histología Normal y Patológica. Cajal, bruto y honesto como un aragonés arquetípico, le ha recomendado para dicho puesto. Al final de su vida, en una conferencia en Montevideo, Río Hortega recordará esa época:

…al lado de Cajal me sentí estimulado y deprimido, experimenté alegrías y amarguras, gocé de las más hondas emociones…; mi vida está llena de Cajal y su recuerdo se ha incrustado en mi cerebro.

Río-Hortega se especializa en el estudio de la otra gran población de células del cerebro, además de las neuronas, las células gliales. Aunque sean mucho más numerosas que los billones de neuronas del cerebro, en una proporción de 10 a 1, las células gliales tienen una historia más confusa. No fueron puestas de manifiesto con claridad, como elementos distintos a las neuronas, hasta la aparición de la técnica de Golgi. A continuación surgió el interés sobre su origen, su función y su relación con algunas patologías. Rudolf Virchow postuló que la inflamación de los ventrículos cerebrales era indicativa de la presencia de tejido conjuntivo y consideraba esta masilla de células como un soporte pasivo para las células nerviosas. En 1865 se publica un trabajo póstumo de Deiters (había muerto dos años antes) donde indica que las células cerebrales sin axón no son neuronas. Esta distinción fue posteriormente apoyada por Golgi como el único criterio válido para distinguir las células gliales. Finalmente Golgi, Nansen y Virchow demuestran que las neuroglía derivaba embriológicamente de la misma capa que las neuronas, el ectodermo, y por lo tanto no son un tejido conjuntivo.

Las células gliales constituyen el 90% de las células del encéfalo. De ese número es donde viene la frase incongruente y estúpida de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro. 20100129-2Hasta hace treinta años, los investigadores creían que las neuronas se comunicaban entre sí, construyendo nuestros pensamientos mientras que la glía era una especie de mortero –su nombre proviene del término griego para “pegamento”- en la cual las neuronas estaban embebidas. Actualmente sabemos que son más importantes y mucho más poderosas que lo que se pensaba hasta hace poco tiempo.

Río Hortega utiliza las técnicas de Golgi y Cajal con variantes y nuevos métodos desarrollados por él mismo y permite observar y describir las células gliales con una claridad antes impensable. neurogliaEn sus estudios pioneros, Río Hortega distingue cuatro tipos: neuroglia protoplasmática de la sustancia blanca, neuroglia fibrosa de la sustancia blanca, microglía y oligodendroglía. Los dos primeros tipos se consideran dos variantes del mismo tipo celular, los astrocitos, denominándose astrocitos fibrosos y astrocitos protoplasmáticos. La división de funciones inicial entre los distintos tipos gliales estaba clara. Los oligodendrocitos forman las envueltas de mielina que aíslan algunos axones en el sistema nervioso central. Los microgliocitos o células de la microglía son los elementos defensivos y pueden convertirse en células fagocíticas para destruir restos de células muertas y elementos extraños. Los astrocitos se sitúan entre los vasos sanguíneos y las neuronas y filtran todo lo que llega desde la sangre a las neuronas, al mismo tiempo que construyen un andamiaje donde se colocan las neuronas. Sus resultados generan un gran interés y para la microglía, Spatz y Metz proponen que sean conocidas como “células de Hortega”, un término que es aceptado por la comunidad científica internacional y que, desafortunadamente, estamos dejando perder.

En los años 1960 se empezaron a hacer más estudios con las células gliales. Con la llegada de los experimentos in vitro, se vio que para que las neuronas pudiesen sobrevivir en un tubo de ensayo tenían que estar acompañadas de células gliales. neurons_and_glial_cellsTambién se vio que los astrocitos tenían un potencial eléctrico, algo que se consideraba exclusivo de las neuronas, que pueden mover iones como el potasio o el calcio con rapidez. De ahí se llegó a que los astrocitos se comunicaban entre ellos mediante cambios en la concentración de calcio, que la glía y las neuronas podían intercambiar iones, por lo tanto, influyéndose mutuamente y finalmente se vio que las células gliales liberaban ellas mismas sustancias neurotransmisoras como el óxido nítrico  y que también presentaban receptores para neurotransmisores y neuromoduladores como el GABA, glutamato, noradrenalina o sustancia P y que estos receptores gliales son muy similares a los presentes en las neuronas.

Los astrocitos han recibido un gran interés recientemente y se ha visto que son más grandes y más numerosos en los cerebros más complejos, alcanzando su culmen en los humanos. Los astrocitos o algunos de ellos pueden convertirse en células madre adultas, dando lugar a otros tipos celulares, incluidos neuronas, algo impensable hace pocos años. Además, controlan el flujo sanguíneo a distintas regiones cerebrales por lo que son claves en el funcionamiento del sistema nervioso central. La conclusión es que las interacciones neuronas-glía son mucho más complejas y significativas de lo que se creía y que las células gliales no son un elemento inerte o pasivo sino jugadores clave en la función cerebral.

Tras sus pioneros descubrimientos sobre la glía, Río Hortega siguió con su ingente capacidad de trabajo, recibiendo un gran número de discípulos, nacionales y extranjeros y obteniendo numerosos reconocimientos: caballero de la Legión de Honor, Miembro de honor de sociedades europeas y americanas y propuesto repetidas veces como candidato al Premio Nobel. Sin embargo, no hay que olvidar que Río Hortega vive en España.250px-Academia_de_MedicinaSu sueño de ser profesor universitario lo conseguirá en Oxford y en La Plata, no en nuestro país, donde se le cierran todas las puertas. Tras la muerte de Cajal en 1934, queda vacante el sillón que ocupaba en la Real Academia de Medicina. Los amigos de don Pío presentan su currículum para ocupar dicha vacante con los avales de Marañón, Jiménez Díaz y varios de los mejores discípulos de Cajal como Tello o Lafora. También fue presentado el Dr. Villaverde, que había sido discípulo de Río Hortega en Valladolid, tenía un currículum reducido y era desconocido internacionalmente.Los académicos, de edad avanzada y mayoritariamente monárquicos y de derechas,  que no aprecian las simpatías de Hortega —había sido cofundador el año anterior de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética— eligen “lógicamente” a Villaverde. ICE2Cuando Gonzalo Rodríguez Lafora, que había presentado la documentación de los méritos de Hortega, vio que la cuerda que sujetaba los artículos, revistas y libros presentados y que él había atado ni siquiera había sido soltada para comparar sus méritos con los del oponente, salió en defensa de Río Hortega acusando a la Academia, pidió “el cierre de aquel centro de desprestigio científico de España” y devolvió su diploma y medalla de académico para poder considerarse “libre de aquella mugre científico política”. Jiménez Díaz, en un discurso en homenaje y desagravio a D. Pío celebrado en el Hotel Ritz añadió “soy académico electo pero nunca leeré el discurso de ingreso” afirmando que Río Hortega “tendría el puesto que se merecía en el auténtico mundo científico.

Poco después, la Guerra Civil asolaba España. Río Hortega, que era director del Instituto Nacional del Cáncer en España acude al IIIº Congreso Internacional que se celebra en Bruselas en septiembre, donde también se pide ayuda internacional para el gobierno de la República. A la vuelta se aloja en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria de París, donde residen Blas Cabrera, Solana, Américo Castro o Baroja. Aunque hay quien piensa que va a esperar allí a que las cosas mejoren, Don Pío vuelve a Madrid pese a que la ciudad parece próxima a ser tomada por las tropas de Franco. Su Instituto está cercan de la línea del frente y es bombardeado. La sobrina de Río Hortega, Asunción Amo del Río y su amigo íntimo, Nicolás Gómez del Moral, van al instituto a intentar recuperar las preparaciones histológicas y ponen a salvo unas 5.000. guerra-civil01Don Pío decide que hay que salvar también el radio comprado en Bruselas para la radioterapia, se pone un mono de miliciano encima de su impecable traje inglés y montado en una tanqueta acude al Instituto. Salva el radio y los microscopios, deposita todo ello en el Banco de España y les dice a los milicianos que han sacado los libros para hacer barricadas con ellos que los coloquen de frente y no de perfil, pues así serán una defensa más eficaz contra las balas. Finalmente, el instituto es prácticamente convertido en escombros.

Hortega sigue al gobierno en el curso de la guerra, trasladándose a Valencia, junto con otros intelectuales, artistas y profesores, que ha sido declarada capital de la República Española. En Valencia publica el 27 de noviembre de 1936 un artículo en “La Verdad” donde escribe

Con entereza magnífica y desprovista de medios bélicos, sin armas ni soldados, aguanta el país y su gobierno legítimo esta guerra no buscada, sino impuesta; guerra que es a la vez civil e internacional aunque no quiera reconocer esto último ninguna potencia extranjera.

Río Hortega pide permiso y pasa gran parte de la guerra en París y posteriormente en Londres y Oxford. En esta última ciudad es designado Doctor honoris causa por su universidad, ceremonia a la que asiste el premio Nobel Charles Scott Sherrington, a pesar de su avanzada edad. Sherrington le habla en el español que aprendió a los 60 años para poder leer los trabajos originales de Cajal. El inicio de la II Guerra Mundial hace que muchos de los exiliados españoles residentes en Inglaterra marchen a diferentes países hispanoamericanos, fundamentalmente a México. 67_bigRío Hortega quiere ir a Argentina pero una gestión realizada a través del profesor Houssay no ha dado el resultado deseado. Como él comenta “recibía invitaciones de diversos países, Canadá, México, Venezuela, Inglaterra, y no de la Argentina, y esto me causaba pena, como un enamorado que no tiene correspondencia”. Finalmente recibe una propuesta de la Universidad de Buenos Aires a expensas de la Institución Cultural Española para dar un curso, que acepta con la esperanza de conseguir prolongar indefinidamente su estancia, algo que finalmente logra. Desgraciadamente empieza pronto a sentirse enfermo y un colega le hace una biopsia que él mismo diagnostica al microscopio: un carcinoma, que le lleva con rapidez a una terrible agonía. El gobierno de Franco al conocer su situación terminal ofrece enviar un avión a recogerle para trasladarle de vuelta a España junto con algún familiar y su médico. Él, aunque había comentado “no encuentro alivio alguno y sufriría tanto por no morir en España…” piensa que el régimen va a instrumentar su retorno y consecuente con su lealtad a la República decide morir en Argentina, algo que sucede el 1 de junio de 1945. El cadáver es amortajado con la toga de profesor honoris causa de la Universidad de Oxford con una petición suya, que se le prenda en la solapa la insignia republicana que llevaba siempre en la cartera.

Entre las necrológicas publicadas en los periódicos por los exiliados españoles se escribieron estas frases:

Tenía fe en su pueblo, creía en la ciencia, y confiaba en algo cierto: en que solo la libertad de los pueblos desata las energías creadoras de la vida y asegura un progreso indefinido y pujante de las ciencias y las artes.180px-Estatua_Pío_del_Río_Hortega_Museo_Ciencia_(Valladolid)

Era un hombre de ciencia auténtico, de los nuestros, de los que mantuvieron la bandera de la democracia, del antinazismo, del republicanismo hasta el último soplo vital.

Desde octubre de 1986, sus restos descansan en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de Valladolid y el hospital lleva con todo merecimiento no el nombre de un río, sino de un Río, un científico ejemplar.

Para leer más:

  • Aguirre de Viani C, Jiménez Carmena JJ (1991) Pío del Río Hortega. Junta de Castilla y León, Valladolid.
  • De Castro F (1981) Cajal y la Escuela Neurológica española. Ed. Universidad Complutense, Madrid.
  • Koob A (2009) The root of thought : unlocking glia–the brain cell that will help us sharpen our wits, heal injury, and treat brain disease. FT Press, Upper Saddle River, N.J.
  • López Piñero JM (1990) Pío del Río-Hortega. Biblioteca de la Ciencia Española, 1. Fundación Banco Exterior. Madrid.
  • Río Hortega P del (1986)  El Maestro y yo. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid.

 

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

9 comentarios en “Don Pío, la glía y la guerra”

  1. Jose Ramon, es un placer leerte. Con esfuerzo has recopilado ordenadamente historias sobre Don Pio que había oído a través de Don Vicente Alcober Coloma, que se jactaba de haber sido alumno de Don Pio. En su laboratorio (el de D. Vicente Alcober) vi preparaciones de microglia con la técnica de carbonato de plata según receta original de Don Pio. Fue realmente un personaje notable, otro más ensombrecido por la figura colosal de Cajal.
    Gracias de nuevo,
    Un abrazo

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    1. Querido Fernando

      ¡Qué alegría saber de ti! Gracias por el comentario. Es una historia tan cercana a nosotros y que se irá desvaneciendo si no lo contamos. Espero que estés bien y con muchas cosas en marcha como siempre. Un gran abrazo,

      JR

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