8289912145_d73d82e392_zA pesar de su pequeño tamaño, es uno de los asesinos más implacables conocidos. Se llama Plasmodium y es el parásito causante de la malaria. En 2012, según datos de la OMS, hubo 207 millones de casos y entre 473.000 y 789.000 personas, la mayoría niños africanos, murieron por esta enfermedad. Es también una de las causas del subdesarrollo en África, con un coste anual debido a gasto sanitario, pérdida de productividad y caída en el número de turistas potenciales estimado en cerca de 10.000 millones de euros.

El avance de la malaria ha ido unido al desarrollo de la Humanidad. Aunque el parásito estaba presente desde hace más de 50.000-100.000 años, su expansión es paralela al establecimiento de ciudades y poblaciones sedentarias. En Roma fue tan abundante que se conoció como la «fiebre romana» y se piensa que fue un factor crucial en el declive del Imperio. En 1880, Charles Louis Alphonse Laveran, un médico militar francés que trabaja en el hospital de Constantina en Argelia observó por primera vez parásitos dentro de los glóbulos rojos de las personas infectadas y propuso que la malaria estaba causada por estos microorganismos, el primer caso de un protista identificado como agente causal de una enfermedad.

Finlay

Finlay

Un año después, Carlos Juan Finlay, un médico hispano-cubano que trataba a pacientes de fiebre amarilla en La Habana, descubrió que los mosquitos eran el vector, ellos transmitían la malaria de una persona a otra.

La sífilis es otra enfermedad microbiana, una infección de transmisión sexual crónica producida por la bacteria espiroqueta Treponema pallidum, subespecie pallidum. El nombre «sífilis» fue acuñado por el poeta y cirujano veronés Girolamo Fracastoro en su poema épico latino Sýphilis sive morbus gállicus (Sífilis o la enfermedad francesa) en 1530. El protagonista de la obra es un pastor llamado Sífilo que tras desafiar junto a sus amigos al dios griego Apolo, son castigados con el contagio de la enfermedad.

De las pocas cosas divertidas de la sífilis es que siempre se ha pensado que el causante era el vecino. treponema-redEn la época de Fracastoro, en Italia y Alemania se conocía como el «morbo francés» -en latín enfermedad es morbus-, mientras que en Francia, era «el morbo italiano». Años más tarde, cuando las tropas francesas intentaban conquistar Nápoles y las tropas españolas y napolitanas defendían la ciudad, en Italia se conocía como la «sarna española»; los franceses lo llamaron el «mal napolitano», los españoles el «mal francés» o «morbo gálico»; los portugueses y los holandeses, el «mal español»; los rusos, la «enfermedad polaca»; los turcos, la «enfermedad cristiana» y los pueblos autóctonos de Tahití, la «enfermedad británica».a392_Bladders-300x373

En su fase final, iniciada entre uno y veinte años después del inicio de la infección, la sífilis se vuelve a activar y ataca frecuentemente al sistema nervioso causando una neurosífilis. En esta fase se producen los problemas más serios y pueden producirse lesiones cerebrales y de la médula espinal, y terminar causando la muerte. La sífilis se convirtió a principios del siglo XX en la más letal de las enfermedades infecciosas, con un enorme coste personal y social. Paul Ehrlich, el médico alemán que recibió el premio Nobel en 1908 por sus avances en Inmunología, probaba una formulación química tras otra buscando algo que destruyera estos parásitos. Un año después del Nobel, en 1909, después de numerosos ensayos fracasados, descubrió el salvarsán o compuesto 606. Fue la primera sustancia química diseñada científicamente que demostró su eficacia contra un microbio patógeno. Ehrlich desarrolló el concepto de «bala mágica» (magische Kugel), un agente terapéutico ideal que sería capaz de dirigirse específicamente al organismo causante de una enfermedad.

350px-Francisco_Goya_-_Casa_de_locos

Hipócrates había visto que algunas personas afectadas por un trastorno mental y que tenían convulsiones por la fiebre durante un ataque de malaria mejoraban su estado. Se habló de la exclusión de las convulsiones; es decir, las convulsiones causadas por la fiebre malárica evitaban las convulsiones causadas por un trastorno mental. noguchi_hideyoEn la Edad Media hay noticias de que los pacientes dementes alojados en asilos mejoraron después de que estos primitivos establecimientos sanitarios sufrieran epidemias de cólera. Ruy Díaz de Isla fue el primero que dijo que la fiebre tenía un efecto beneficioso en la sífilis. En 1911 Hideo Noguchi —que por cierto, se llamaba Seisaku pero se cambió el nombre al leer una novela cuyo protagonista era un médico llamado así que desperdiciaba su talento por su holgazanería— demostró que la llamada paresis general o dementia paralytica era en realidad la etapa terminal de una neurosífilis, la infección del sistema nervioso por el Plasmodium. Era una enfermedad incurable y mortal y los pacientes sufrían neurodegeneración, deterioro mental, ataxia, problemas de habla y una parálisis generalizada y, mentalmente, presentaban además manía, depresión, paranoia, alucinaciones, pérdida de memoria, desorientación y apatía. Por primera vez, un trastorno mental, un tipo de locura se pudo rastrear e identificar como una alteración del cerebro por un agente biológico. Aún así, no se disponía de ningún tratamiento eficaz y los manicomios estaban atestados de estos pacientes. Desde finales del siglo XIX hasta 1940, de un 10% a un 45% de los pacientes ingresados en hospitales psiquiátricos tenían paresis general.

En torno a 1930 empezaron a aparecer nuevas técnicas para el abordaje de las enfermedades mentales, con un enfoque más físico, más biológico, buscando no tanto alterar los procesos mentales sino entender y reconducir las bases neurobiológicas de la conducta patológica. Una de ellas fue la piroterapia o tratamiento mediante la fiebre: la temperatura de los pacientes se subía con baños, mantas eléctricas o generando una infección por malaria.

Pyrotherapy_1934_imageTras terminar su formación en Viena y leer su tesis doctoral, Julius Wagner von Jauregg comenzó a realizar experimentos con animales, una rareza en su época. Había visto que algunos enfermos de demencia paralítica que sobrevivían a un tifus grave, a una erisipela o a una tuberculosis mejoraban considerablemente. Para él, el factor clave era que todos ellos habían tenido fiebres muy altas y habían caído inconscientes. Inició una serie de experimentos para inducir la fiebre incluyendo infecciones experimentales con erisipela o administrando tuberculina. Los resultados no fueron gran cosa pero entonces probó una estrategia diferente: inocular parásitos de la malaria.

En julio de 1917 trató a nueve pacientes con paresis crónica mediante la transfusión de sangre de un soldado malárico: tres de ellos se recuperaron completamente, otros tres mostraron una clara mejoría, en dos no se observaron cambios y uno murió de malaria. Entonces puso en marcha un ensayo clínico completo: reclutó a 275 pacientes con sífilis que estaban en riesgo de paresis, comprobó la presencia de parásitos en su sangre y en su líquido cefalorraquídeo, les inyectó la sangre con malaria y luego les trató con quinina, para reducir la malaria y con neosalvarsán, la versión mejorada del medicamento de Ehrlich, para eliminar las espiroquetas. El 83% de los pacientes se libraron de la paresis. La noticia de la eficacia de la malarioterapia en la paresis general se extendió por el mundo. Una revisión internacional de 2.460 casos encontró que un 27,5% habían mostrado una gran mejoría y un 25,6% una mejoría más leve. Teniendo en cuenta que hasta entonces la paresis tenía un pronóstico de muerte en los siguientes cinco años, fue algo que llevó esperanza a un territorio asolado: el de los dementes por causa de la neurosífilis y sus familias. En 1927, Wagner-Jauregg recibió el premio Nobel de Medicina o Fisiología, el primer y único psiquiatra que ha recibido este galardón.

La malarioterapia se convirtió en una activa área clínica y de investigación. Se amplió su uso a otras enfermedades y trastornos mentales como la esquizofrenia, la psicosis maniaco-depresiva, los síndromes de irritación cortical psicomotra, la encefalitis post-Parkinson o las psicosis relacionadas con la epilepsia. Durante un tiempo los hospitales «cultivaban» el ciclo de la malaria en pacientes hospitalizados que eran utilizados como fuente de parásitos. También se hicieron estudios para conservar sangre infectada enfriada o congelada. Original Title: A.funestus_1.50sRGBAlgunos hospitales establecieron criaderos de Anopheles gambiae para evitar tener que disponer de pacientes maláricos. Todo aquello desapareció con la llegada de los antibióticos en los 1940. En la actualidad, la demencia paralítica es muy rara porque la penicilina demostró ser enormemente eficaz contra la sífilis.

En sus últimos años de su vida, Wagner-Jauregg continuó con una alta productividad científica (publicó ochenta artículos después de su jubilación) y mostró su simpatía por los nazis y su antisemitismo. koch-g_w040697aCuriosamente, tras la II Guerra Mundial una comisión de desnazificación —un comité encargado de retirar de puestos gubernamentales a personas vinculadas al NDASP– encontró que su solicitud para hacerse miembro del partido había sido rechazada «por motivos de raza», porque su primera mujer era judía.

En la década de 1980 se volvió a hablar de la malarioterapia, una nueva enfermedad asolaba a la Humanidad, los pacientes morían antes de dos años y no había ningún tratamiento eficaz: era el SIDA. En las décadas de 1990 y 2000 se probó la malarioterapia en pacientes infectados de VIH en China con la participación de científicos estadounidenses. El primer estudio se publicó en 1997 y se titulaba Malariotherapy for HIV patients. Los autores escribieron que la terapia había sido ampliamente utilizada, era segura y no causaba resistencias y señalaban un incremento en el número de células CD4 en dos de los ocho pacientes estudiados después de un seguimiento de dos años. Posteriormente se vio que los pacientes con VIH infectados con plasmodios tenían peor evolución que los que no tenían la co-infección: la carga viral era mayor y la malaria aumentaba el contagio del VIH y aceleraba el avance de la enfermedad.

Henry Judah Heimlich, el norteamericano que era primer autor del estudio mencionado —y famoso por su maniobra para aliviar una obstrucción de garganta— puso en marcha nuevas pruebas en Etiopía, sin que lo conociera el Ministerio de Sanidad etíope. CincyMag_5-86_coverAl parecer, los ensayos fueron supervisados por Mekbib Wondebassen, un inmigrante etíope que trabajaba en un negocio de alquiler de coches. Heimlich dijo que los resultados con los primeros pacientes eran prometedores pero se negó a proporcionar información detallada. Sus experimentos fueron calificados por la FDA y los CDC como «una atrocidad». Otro médico, Peter Lurie, dijo que era «charlatanismo de primera magnitud» y que «estaba explotando la carencia de cuidados médicos decentes en China».

La ausencia de un protocolo adecuado —estudios controlados aleatorios— impide saber la eficacia y seguridad de este tratamiento pero con todo lo que sabemos, deberíamos ser escépticos: las zonas con más SIDA coinciden muy a menudo con las zonas con más malaria, si el segundo parase la progresión del primero no debería ser así.

 

Para leer más:

  • Anglen R (2003) Scientists linked to Heimlich investigated. Experiment infects AIDS patients in China with malaria. http://www.enquirer.com/editions/2003/02/16/loc_heimlich16.html
  • Frankenburg FR, Baldessarini RJ (2008) Neurosyphilis, Malaria, and the Discovery of Antipsychotic Agents. Harv Rev Psychiatry 16: 299-307.
  • Freitas DR, Santos JB, Castro CN (2014) Healing with malaria: a brief historical review of malariotherapy for neurosyphilis, mental disorders and other infectious diseases. Rev Soc Bras Med Trop 47(2): 260-261.
  • Heimlich HJ, Chen XP, Xiao BQ, Liu SG, Lu YH, Spletzer EG, et al. (1997) Malariotherapy for HIV patients. Mech Ageing Dev 93: 79-85.
  • Kragh JV (2010) Malaria fever therapy for general paralysis of the insane in Denmark. Hist Psychiatry 21: 471-486.
  • Sabbatini RME The History of Shock Therapy in Psychiatry. http://www.cerebromente.org.br/n04/historia/shock_i.htm