Nacido el 29 de septiembre de 1758 en Norfolk, Horacio Nelson es una de las glorias de la Marina inglesa. Capitán antes de cumplir los 21 años, fue el responsable de tres de las principales victorias navales de la historia británica y el hombre clave para detener a Napoleón en el mar: la batalla del Nilo (1798), la de Copenhague (1801) y la de Trafalgar (1805).

En combate Nelson tenía un estilo propio de liderazgo, una táctica innovadora y era a menudo un temerario. Fue frecuentemente el primero en intentar el abordaje de los barcos enemigos como en la batalla del cabo de San Vicente donde desde el HMS Captain lideró el grupo que tomó al asalto y capturó dos navíos españoles de una flota que duplicaba en número a los barcos ingleses. De los 27 navíos de línea con los que contaba la flota española, siete entraron en combate, y cuatro fueron capturados. 

Se dice que la flota española podría haber perdido a su buque insignia, el Santísima Trinidad, el mayor navío de guerra de su época, de no ser por la actuación de Cayetano Valdés, al mando del Infante don Pelayo, que acudió en su apoyo cuando ya había arriado su bandera. Parece que Valdés amenazó al buque insignia español con cañonearle si no izaba de inmediato su pabellón. 

Nelson era un ferviente corresponsal y hay más de 1.400 cartas suyas inéditas descubiertas en archivos por todo el mundo donde se incluyen órdenes a sus capitanes así como notas personales explicándoles sus planes y sus ideas. También hay innumerables muestras de su calidad humana y su cercanía, aún en un ambiente tan jerárquico y frío como un navío militar inglés 

(recordemos que Fitzroy fichó a Darwin por tener a alguien con quien hablar en una travesía que iba a durar años). Aunque ahora consultar con los subordinados, explicar tus ideas y someterte a sus críticas y, sobre todo, preocuparte de sus situaciones personales y mostrar tu afecto y cercanía son cosas relativamente normales, en la época de Nelson eran comportamientos absolutamente revolucionarios.

Dos cartas de Nelson han sido famosas en 2012. Una de ellas está dirigida a su amante, lady Emma Hamilton, y el poseedor no hizo mal negocio porque la misiva se vendió en 1959 por 130 libras y el pasado 13 de noviembre de 2012 se adjudicó por 20.000 libras en una subasta celebrada por Bonhams Auctioneers.

En la época de la carta, lady Hamilton había dado a luz a su hija Horacia, lo que no es precisamente un ejemplo de discreción, y el affaire era uno de los cotilleos más jugosos de esa gente que en todos los países y todas las épocas sustituye el tener una vida propia por revolcarse en el fango de las ajenas. 

En la carta, Horacio se dirige a “My dear Lady” y le dice “no volveré a tu casa, después de lo que pasó anoche hasta que mandes a buscarme, entonces volaré a tu lado. Nunca me retractaré de una sílaba de lo que dije o de un pensamiento de lo que sentí, ni mucho menos me quedaré sentado dócilmente dejando que mi querida amiga sea insultada o abandonada.” Y firma “tu más sincero y cariñoso, Nelson”.

Durante el escándalo que vivieron, Horacio le pidió a Emma que destruyera las cartas pero ella no lo hizo y fueron finalmente publicadas en 1814, nueve años después de la muerte del marino. Fue probablemente su época personal más turbulenta y tras su regreso a Londres, Nelson fue tratado simultáneamente como el héroe del Nilo y, al mismo tiempo, ridiculizado como un cabezachorlito locamente enamorado.

La segunda carta está fechada en octubre de 1804 y está escrita en el HMS Victory, el buque insignia de la marina británica en el Mediterráneo y dirigida al 2º conde de Camden. La carta se encontró recientemente en el archivo familiar de los Camden y Nelson comenta la situación militar y política con lord Camden que era entonces secretario de estado de Guerra y Colonias.

Nelson le explica también a Camden que Francis James, su sobrino de 16 años, ha tenido que abandonar el barco a los pocos meses de unirse a la Armada. El motivo es que el muchacho no se acostumbra a la vida naval y sufre continuamente de mareo. Lo que ha hecho famoso al escrito es que Nelson le indica a Lord Camden que entiende bien al muchacho porque a él le pasa lo mismo. “Enfermo cada vez que el viento se pone a soplar y lo único que me permite aguantar una hora en el mar es mi amor entusiasta por esta profesión”. Es un gesto de honestidad, de humildad y de cariño frente al joven Francis que podía estar ridiculizando a la familia Camden con aquella falta de adaptación.

El mareo es una sensación desagradable que suele presentarse con los balanceos continuos, con los giros y al inclinarse o al incorporarse. El mareo en el mar puede producir sensaciones de náusea o vértigo y es más acusado cuánto mayor es el oleaje. También depende del diseño del buque y del ángulo con el que la proa se enfrenta a las olas. Entre los sistemas para librarse del mareo en un barco están concentrarse en algún detalle de la nave, cerrar los ojos o intentar dormir.

El motivo del mareo es que para determinar la posición de nuestro cuerpo y estimar su posición futura, el cerebro integra numerosas informaciones sensoriales procedentes de distintas fuentes: vista, tacto, los propioceptores de las articulaciones y los receptores de movimiento, aceleración y posición del oído interno, así como sus propias expectativas internas que generan un mapa predictivo. 

El mareo se produce por la llegada al cerebro de señales contradictorias: por un lado, los ojos muestran un mundo estable; por otro, los sensores de equilibrio localizados en el oído interno mandan señales de un ambiente en movimiento, con lo que el sistema de predicción queda desconcertado en su labor de estimación de las posiciones actual y futura. Ante ese conflicto, el sistema nervioso emite una señal de alarma y frente a un posible riesgo indefinido, detiene distintas actividades, tales como la digestión o la locomoción. 

El organismo se cura del mareo en el mar desarrollando lo que se llaman piernas de marino. Es un proceso cerebral en el que el cerebro anticipa los movimientos del barco y ajusta la postura a esa situación de inestabilidad. Es por ello que tras una larga travesía, al volver a pisar tierra firme, se produce el llamado mareo en tierra en el que la sensación es que el suelo se sigue moviendo y se produce porque el cuerpo  se encuentra desajustado al nuevo ambiente y el cerebro tiene de nuevo que adaptarse a las circunstancias de una superficie estable.

Para el tratamiento del mareo se utilizan terapias cognitivas y del comportamiento trabajando con procesos graduales de comprensión y afrontamiento de esa desagradable sensación corporal. Otro enfoque es el uso de fármacos como el dimenhidrato con cafeína, la cinnarizina, la cinnarizina con domperidona, la cyclizina, la meclozina con cafeína, la escopolamina o la prometazina. La prometazina causa somnolencia efecto que a veces se contrarresta tomándola junto con efedrina, una combinación llamada “el cóctel de los guardacostas.” En España es muy común la Biodramina; nombre comercial de un fármaco que contiene dimenhidrato y clorhidrato de piridoxina. La presencia frecuente de cafeína se debe a querer contrarrestar la somnolencia que frecuentemente causan los otros componentes generan a menudo somnolencia.

También se han utilizado inhibidores de la liberación de serotonina en el tubo digestivo, que se usaban para inhibir las nauseas tras la quimioterapia o la radioterapia y que evitan esa molesta sensación. Muchos de estos medicamentos tienen efectos secundarios por lo que es necesario evaluar los posibles riesgos especialmente en personas en situaciones de peligro o responsabilidad. Por parte de los defensores de los productos naturales se ha utilizado la raíz de jengibre como remedio contra el mareo y se ha visto en ensayos pautados que reducen la tendencia a vomitar o el sudor frío mejor que los placebos pero aunque se reduce la frecuencia de otros síntomas como las náuseas o el vértigo la diferencia no es estadísticamente significativa. También se ha usado lo que se llama el “placebo verbal”. Se cogieron dos grupos de cadetes navales israelitas y a unos se les dijo que sería muy raro que experimentaran mareos y que si los tenían, lo más probable es que no afectaran a su desempeño en absoluto y al otro grupo, grupo control, no se le dijo nada. La profecía autocumplible funcionó y el grupo experimental tuvo menos mareos y consiguieron mejores puntuaciones en su desempeño que el grupo control.

En Ciencia, en Política, en todos los aspectos de la vida tendemos a convertir a personas que han conseguido destacar en santos, en figuras inmaculadas, en personas que descuellan no solo en su actividad sino en cualquier tipo. 

Es ridículo cuando a un buen futbolista se le pregunta sobre temas de los que no tiene ni idea esperando recibir nuevas muestras de su excepcionalidad y su talento. La vida personal de Nelson no encajaba con la figura solemne inmortalizada en la columna de Trafalgar Square. En el siglo XIX, las cartas de Nelson a lady Hamilton fueron cuidadosamente censuradas como si uno escribiera a su amante en un tono administrativo pero el ejemplo más ridículo sucedió con los últimos minutos de Nelson en la batalla de Trafalgar, un suceso del que hay al menos tres testimonios escritos por personas que estuvieron presentes.

Mientras Nelson yacía moribundo en la enfermería de su barco, el HMS Victory, pidió a su amigo íntimo y  capitán de su buque insignia, Thomas Hardy, que le besara. Los puritanos 

de la época victoriana reaccionaron con horror ante la idea un oficial pidiendo un beso a otro en medio de una batalla gloriosa e intentaron cubrirlo con una excusa ridícula. Según esa hipótesis, en vez de “Kiss me, Hardy” Nelson habría dicho “Kismet, Hardy”. Kismet es una palabra turca que significa “el destino” y los victorianos intentaron “vender” esta historia ridícula según la cual Nelson con su último aliento se pone a hablar en turco sobre ese fatum y Hardy se confunde con la mala pronunciación del turco de Nelson y le replica con un beso.

Afortunadamente vivimos en un mundo donde la sexualidad o las sexualidades se van normalizando, al menos en los países desarrollados y donde las cartas de Nelson a Hamilton revelan su pasión y su espíritu romántico, una parte imprescindible del personaje que nos quisieron hurtar. Del episodio del beso se habló en la flota británica durante días tras la batalla y aquellos rudos marineros que habían sobrevivido a unos enfrentamientos feroces y a la dura tempestad que siguió al combate no lo hacían burlándose de su capitán sino recordando entre lágrimas ese gesto final de ternura en un hombre que les dirigió siempre desde el afecto y la humanidad.

 

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