El señor Ángel Cabrera, que firma como “rector” de una Escuela de Negocios, la Thunderbird School of Global Management en Estados Unidos, publica un artículo en la sección “Opinión” del diario El País de 19 de abril de 2010 titulado “España necesita un Madrid-Barça universitario”.

El artículo contiene una serie de lugares comunes: “Es preocupante que España no tenga ninguna Universidad entre la élite científica y tecnológica”, “La Universidad es uno de los motores de innovación más importantes”; y un argumento espeluznante: que lo que las universidades tienen que hacer es seguir el modelo futbolístico. Los argumentos, que no el Sr. Cabrera al que no tengo el gusto de conocer, son de una simpleza y una estulticia apasionante. Pero vayamos a las afirmaciones del citado artículo:

Ninguna Universidad española sobresale en ciencias naturales, ingeniería, agricultura o ciencias sociales. Es cierto, sucede algo parecido en la inmensa mayoría de los países europeos, las universidades suelen ser generalistas y tienen siempre excelentes grupos y otros mediocres. ¿Qué universidad europea sobresale en agricultura? ¿Y la mejor universidad alemana en ciencias sociales? Las universidades europeas son conocidas por su historia o por aspectos laterales (temo que más gente conoce las regatas Oxford-Cambridge que cuáles son los mejores departamentos de cada una o los premios Nobel que allí enseñan). Solo los especialistas conocen dónde están los mejores de su especialidad.

El que ninguna universidad destaque se debe, entre otros motivos, a la homogeneidad de las condiciones del profesorado. Los sueldos de los profesores universitarios funcionarios son fijados por los gobiernos respectivos. ¿Si el Real Madrid tuviera que pagar lo mismo a sus jugadores que el Eibar o la Ponferradina, contaría en sus filas con Cristiano Ronaldo? Si el Barça pagara lo mismo a Messi que a Jeffren (mi hijo me aclara que es también de la plantilla) ¿los resultados serían los mismos? No es lógico ni ético comparar a profesores con futbolistas. Comparar a los jueces del Tribunal Supremo con las trabajadoras de un club de alterne en criterios tales como rapidez, eficacia, simpatía y satisfacción del usuario, nos puede llevar a conclusiones peligrosas. Eso no se hace, Sr. Cabrera.

Si usted fuera rector no sentiría prácticamente presión de los contribuyentes (los socios que pagan sus facturas). Cualquier rector, siente una enorme presión, tanto de la ciudadanía que le dice que porqué no están arriba en el ranking, que quiere que sus hijos entren en la carrera que deseen (aunque curiosamente en las universidades primeras del ranking del mundo no es nada fácil entrar), que aprueben con buenas notas (aunque no les vean estudiar ), que la matrícula no supere una cantidad simbólica (curiosamente en esas universidades primeras del ranking, la matrícula cuesta cien veces más) y que encuentren un trabajo prestigioso y bien pagado al poco de terminar, como de sus propios compañeros. Pero sobre todo, siente presión de sí mismo, de llegar a todo, de mejorar las cosas, de conseguir avanzar con más rapidez sin dejar a nadie en la cuneta, de que sus aciertos superen a sus errores, de que su universidad sea mejor cada curso, cada cuatrimestre, cada día. Y desgraciadamente, los aspectos económicos suelen sobrevolar esas ilusiones como una nube oscura. La Thunderbird School que dirige el Sr. Cabrera ofrece una serie de cursos “globales” al módico precio de 1.200 dólares al día (eso sí, el alojamiento no está incluido). Me temo que el Sr. Cabrera y yo vivimos en mundos académicos diferentes, pero me quedo, con todos sus defectos, con el mío.

El poco margen en la gestión económica es realmente un problema. El presidente del Barça puede subir los precios de los abonos, pero el rector de una universidad pública no puede decidir subir las tasas de matrícula. El presidente del Barça no tiene que dar más y más servicios (red wifi, asistencia psicológica, actividades culturales o instalaciones deportivas) a todos sus socios de forma gratuita, mientras que en el mundo universitario parece algo obligado. El Sr. Laporta puede decidir si cierra la sección de balonmano (que ni se le ocurra) o abre una de halterofilia, pero un rector no puede abrir o cerrar una carrera, no puede abrir o cerrar una facultad. Puede ser deseable que tuviéramos más flexibilidad pero hay dedicación, coherencia y servicio a los demás detrás. En todas las universidades y en todos los equipos rectorales.

Por ley, son los miembros de la plantilla los que eligen al rector. Para el Sr. Cabrera, los miembros de la plantilla son un colectivo distinto a los contribuyentes. Siento desilusionarle. Toda la plantilla universitaria paga sus impuestos. Toda la plantilla universitaria es también parte de la sociedad. Muchos tenemos hijos en la universidad, deseamos que reciban una buena formación y tenemos el claro interés y el firme compromiso en que este país mejore. Los rectores españoles son también elegidos por los estudiantes, a los que usted ignora repetidamente. En ningún momento de su artículo sale esa palabra, estudiante, ni enseñanza, ni formación. Es increíble conseguir llenar media página de un periódico hablando sobre universidades sin usar ninguna de esas tres palabras. Lo que usted no dice, lo dice todo.

Si por intervención divina los decanos estuvieran de acuerdo en la necesidad de mejorar dramáticamente la producción científica, poco podrían hacer ellos para reforzar la plantilla y fichar alguna estrella de fuera, ya que la ley les deja muy poco margen de maniobra para atraer y compensar a nuevos profesores. No hace falta ninguna intervención divina. Todos los decanos desean que su facultad o escuela universitaria haga más y mejor investigación. Eso sí, en muchas universidades eso está fuera de sus atribuciones y responsabilidades al igual que tomar decisiones sobre la plantilla. Puede ser interesante valorar la descentralización de las universidades y dar más poder a los decanos, uno de los puestos más generosos, dedicados y sufridos de la gestión universitaria, y lo dice alguien que ha sido afortunado de tener magníficos decanos, pero no podemos tener 20 políticas de personal distintas en cada universidad ni permitir que se comprometan fondos que son de todos.

Las universidades tienen que involucrarse más en los procesos de innovación empresarial, pero a su vez han de ser capaces de beneficiarse del valor comercial de sus descubrimientos. El Sr. Cabrera parece olvidarse de que estamos como estamos, precisamente por unos listos dedicados a la innovación empresarial y financiera, a la especulación, a las ingenierías hipotecarias, a los Madoff y las Enron de turno. De eso, no oigo ninguna crítica. Y estoy totalmente a favor de la innovación empresarial y de la implicación de la universidad en el tejido productivo pero la investigación de las universidades no debe tener entre sus prioridades el beneficio comercial, al menos no la universidad en la que creo. Ni tampoco lo hacen las mejores universidades. Dejan a sus investigadores investigar en lo que ellos decidan. Suele dar los mayores beneficios aunque no sean económicos. Además, temo que las universidades públicas no son hábiles en la explotación comercial, no es su mundo, no saben moverse en esa jungla, pero sí saben, algunas y algunos, buscar dinero hasta debajo las piedras y aprovechar cada euro hasta su último céntimo.

Si a pesar de todo eso [el rector] consiguiera milagrosamente mejorar los resultados, sería muy posible que perdiera su cargo en las próximas elecciones… El Sr. Cabrera ha debido tener muy malas experiencias en su vida, en la universitaria al menos. En mi universidad, en las universidades de mi vida, la gente se alegraba de los éxitos de la institución y la mayoría entendía y valoraba a un rector que conseguía mejorar las cosas aunque para ello, o sobre todo por ello, hubiera conseguido impulsar el esfuerzo de todos. Si los resultados de la universidad mejoran, mejoramos todos los que estamos dentro. O al menos así lo siento yo.

Si por cualquier motivación personal usted decidiera que los resultados actuales no eran aceptables, no tendría la capacidad de sustituir a sus decanos o directores de departamento ya que ellos también son elegidos por la plantilla. Es cierto, el Sr. Rodríguez Zapatero tampoco puede destituir a los presidentes de las comunidades autónomas que no le gusten, porque también son elegidos igual que él y cada uno tiene sus responsabilidades y su ámbito de actuación. Puede parecerle triste al Sr. Cabrera, y desde luego es algo poco moderno, va para 2.500 años, pero es algo que se llama democracia y a otros nos gusta.

De hecho, se puede dar el caso de que sus decanos tengan ideas diametralmente opuestas sobre las prioridades de la universidad. Es cierto, y también estoy seguro que muchos alcaldes tienen ideas diametralmente opuestas sobre las prioridades del Gobierno autonómico o central, pero si quieren que las que se sigan sean sus prioridades, tienen que presentarse a las elecciones y ganarlas. El despotismo ilustrado no funcionó ni en el siglo XVIII. Y todos podemos ganar con el diálogo y la contraposición de argumentos y razones pero que cada uno cumpla la ley, acepte las normas adoptadas por las mayorías, y tiene todo el derecho a tener ideas diametralmente opuestas sobre las prioridades de su país, su ciudad, su universidad y su comunidad de vecinos.

El éxito del fútbol español no es casual, sino que es el resultado de una combinación de enormes recursos financieros, concentración de talento, dinámica competitiva y estructuras efectivas de gobernanza y rendición de cuentas. El Sr. Cabrera hace como los estudiantes vagos que primero traza la curva del experimento y luego busca o inventa datos para llegar hasta ahí. Esos mismos ejemplos de gobernanza y rendición de cuentas resulta que de vez en cuando coinciden con constructores y grandes empresarios, responsables de corrupción, delitos urbanísticos y pelotazos de todo tipo, olor y calibre. ¿O es que ya nadie se acuerda de Jesús Gil, presidente de un maravilloso club de fútbol? ¿Y por qué veo tantas caras conocidas que repiten en las páginas de deportes y en las de tribunales? ¿Esos son sus ejemplos de gobernanza y rendición de cuentas? Disculpe, que me he caído de la silla del susto.

Mi explicación es otra: la situación de éxito de nuestros clubs de fútbol se basa en perdonarles las deudas de manera reiterada por uno u otro procedimiento, en no rendir cuentas jamás (¿cuántos presidentes de club dimiten por no haber cumplido con los objetivos establecidos al principio de la temporada?), en permitir fichajes millonarios a pesar de tener economías en quiebra, en un apoyo incondicional durante décadas de los responsables políticos, los medios de comunicación en pleno y la mayor parte de la sociedad. Como universitario, lo envidio y como ciudadano, lo siento. ¿Usted se imagina lo que haría cualquier universidad con el dinero conseguido en una operación como los terrenos de la ciudad deportiva? Quizá es bueno recordarlo: el Real Madrid ganó 501 millones de euros con la venta de los terrenos de la ciudad deportiva. No es una errata: 501 millones de una tacada. Para ello, el ayuntamiento multiplicó por cinco la edificabilidad de la zona. No creo que ninguna universidad haya recibido de su ayuntamiento una ayuda así jamás. El Murcia ganó 200 millones gracias a que el ayuntamiento le permitió construir un estadio y un centro comercial en un terreno comprado a precio de saldo. El diario El País publicaba en 2006 que los clubes ganaban ese año más de 1.000 millones ¿con venta de entradas? ¿con compraventa de jugadores? ¿con derechos de imagen y televisión? No, con recalificaciones urbanísticas.

Los rectores necesitan más autoridad (especialmente para contratar profesores dentro y fuera de España y para compensarlos competitivamente) Esto es un chiste. Lo que necesitan no es autoridad sino dinero. Todos los rectores querrían contratar un premio Nobel, todos. O todavía mejor, alguien que pudiera ganar el premio Nobel el año que viene en su Universidad. Estarían muy felices de poder pagar más a la plantilla de la que ellos también forman parte ¿Por qué cree Usted que no lo hacen? Porque no pueden, no tienen talonario para fichajes, no tienen holgura financiera para ampliar las plantillas con investigadores de renombre, tienen que hacer equilibrios para llegar a fin de mes.

El Sr. Cabrera no solo tiene el diagnóstico sino también la terapia pensada. Estos cambios pueden ser introducidos a través de una reforma a fondo de la Ley de Universidades…. El problema es que los universitarios ya no nos creemos eso. Estamos hartos de cambios legislativos que no suponen cambios reales. Si yo quiero un coche mejor que el que tengo, sé que me toca invertir y gastarme dinero. Sin embargo, el señor Cabrera, y desgraciadamente muchas autoridades políticas, piensan que vale con ponerlo en el BOE o en el boletín autonómico. Ojalá tuvieran razón, porque entonces bastaría con tener a alguien sensato con mando en el BOE (y los hay y los ha habido) para conseguir esa mejora soñada. Pero no es así.

o introduciendo nuevos modelos de Universidad de financiación mixta y gobernanza independiente. ¿Financiación de quién? ¿Independencia ante quien? Por que las universidades privadas ya existen en este país y tienen eso y en los ranking y en cualquier criterio objetivo están entre el entresuelo y el párking del tercer sótano. Entonces nos quedan las universidades públicas pero esas ya tienen una financiación mixta: pública (las transferencias de los gobiernos) y privada (las tasas de los estudiantes). O piensa que van a poner dinero las empresas, ¿cuáles? y a ¿cambio de qué? ¿Y la gobernanza independiente? Porque hasta la Universidad Pontifica de Salamanca tiene que responder ante la Conferencia Episcopal y otras privadas ante sus propietarios, constructores al parecer en algunos casos, que siempre han destacado en este país por su amor desinteresado por la ciencia y la cultura.

Vamos a dejarnos de mentiras y medias verdades. Vamos a hacer crítica y autocrítica. Los presupuestos de las universidades españolas no llegan para pagar a la plantilla, por lo tanto no permiten fichar grandes investigadores ni profesores excelentes del exterior. La financiación es insuficiente. En muchas universidades no alcanza para pagar los sueldos. Así que o hay más dinero o se despide plantilla o se endeudan. El Alcoyano, equipo prestigioso donde los haya, no puede mejorar fichando jugadores del Real Madrid y ofreciéndoles los salarios de su plantilla. Si el sueldo es igual en Jaén y en Girona, ¿para qué se va a mover un profesor de una universidad a otra? O está enfrentado a sus compañeros, o necesita por razones médicas un clima diferente, pero afortunadamente eso no es lo habitual. Uno de los motivos de que no haya universidades que destaquen es que no hay movimientos de los mejores hacia unas universidades y de los peores hacia otras como sucede en Estados Unidos. Aquí, no hay ni presión ni incentivos para moverse.

En Estados Unidos un catedrático bueno es fichado con más sueldo, metros de laboratorio, plazas de ayudantes, técnicos, secretarias a su disposición,… Aquí si alguien se va a otra universidad se va solo y con un poco de suerte con el cariño de los compañeros que deja atrás, algo que no le será muy útil en su nuevo destino.

Yo le propongo al Sr. Cabrera un ejercicio muy sencillo. Dígame cuáles son las universidades que le gustan, póngame en la columna de al lado qué presupuesto tienen, dígame cuánto cobran sus profesores (juntando ingresos de todo tipo, muchos de ellos prohibidos por la legislación española), dígame cuánto pagan sus alumnos por ir a unas clases que a menudo da otro alumno que acaba de terminar la carrera y a continuación ponga los datos al lado de las universidades españolas que se atreve a criticar. Me temo que se le va a caer la cara de vergüenza. ¿Por que no le exigimos lo mismo al Real Madrid que al Béjar F.C.? ¿Quizá porque no tienen los mismos medios?

Sí es necesario reformar el sistema. Los incentivos son muy pequeños. Prácticamente gana lo mismo el que trabaja mucho que el que trabaja poco, el que lo hace muy bien que el que lo hace muy mal. Los tramos de investigación han mejorado un poco, muy poco, las cosas, pero su relevancia, su peso en la nómina de cada mes, es demasiado bajo para tener un auténtico impacto. Pero es un buen camino.

Los rectores son tironeados de cada brazo. Por un lado, un sistema interno “insaciable” que quiere mejoras personales y profesionales, que quiere aparatos y bibliotecas, que quiere prácticas de campo y programas internacionales de intercambio, que quiere, en muchos casos, trabajar más y trabajar mejor. Por que es necesario para poder competir con esas universidades que salen arriba en los ranking. Por otra, un gobierno autónomo que es el que tiene la llave del grifo económico pero que a su vez tiene unos ingresos limitados, muy afectados por la crisis actual, y tiene también un número importante de personal funcionario y un margen limitado para las inversiones. Habré tenido suerte porque los responsables autonómicos que he conocido siempre deseaban la mejora de las universidades y ponían para ello todos los medios posibles, algo que tristemente no era tanto como todos quisiéramos. Además, la situación no mejora porque las universidades se ven obligadas a cumplir con obligaciones que no han decidido ellos (un ejemplo evidente es el llamado complemento Sevilla, que siguió esa máxima tan conocida en nuestro país de “yo legislo y tú pagas”). Así que el equipo rectoral de turno se encuentra con que tiene que cumplir la ley pagando ese complemento, y al mismo tiempo no le llegan fondos adicionales para poder hacerlo. En muchos casos la única opción es endedudarse. El problema es que la deuda hay que pagarla, empeora la situación económica y tienes que devolver el capital y los intereses. Y el nuevo problema es que las universidades y las comunidades autónomas que están detrás de ellas empiezan a ser de solvencia dudosa según su equilibrio de ingresos y gastos.

¿Y por qué el fútbol? Si las mejores universidades del mundo, según el ranking de Shanghai que le gusta al Sr. Cabrera están en los Estados Unidos, entonces la medida del éxito no puede ser el fútbol sino el béisbol, y si ampliamos al mundo anglosajón (18 de las 20 mejores universidades del mundo según su mismo ranking, ver post anterior), podemos usar el cricket como referencia. ¿Y cuál es la posición de España en el béisbol? ¿Y en el cricket? A ver si el problema de nuestras universidades es que no le damos al cricket en la enseñanza primaria y secundaria. Tanto remate de cabeza no puede ser bueno para las neuronas ¿Deben los clubs de béisbol españoles tomar a las universidades españolas como modelo para mejorar su nivel deportivo? ¿No tienen las mismas posibilidades los dirigentes del béisbol español que los del fútbol? Lo mismo es que no les autorizan a vender terrenos deportivos como si fueran de edificación libre, que no les ingresan chorros de millones como jamás se hizo con ninguna universidad española. No me haga reír, Sr. Cabrera, que no me río nada.

He escrito esto hace unos días y lo he dejado reposar. No quiero descalificar a una persona a la que no conozco pero que me merece todo el respeto. Si llegara a leer esto y algo le molesta, le pido perdón por anticipado. No quiero ofender sino responder a unos argumentos que me parece que no son de recibo. A veces me enoja que todo el mundo se crea capaz de “arreglar” las universidades cuando considero que es de los sistemas públicos más homologables con el exterior, más comprometidos con el progreso del país, más olvidados en las vacas gordas y más castigados en las vacas flacas. Por otro lado, creo que es de agradecer que haya una preocupación sobre las universidades, sobre su situación actual y sus posibilidades de mejora. Pero que nos digan que nos asemejemos a los clubes de fútbol, que aprendamos de ellos, eso ya no. Con eso sí que no puedo.