El juego creativo es una actividad central en las vidas de los niños. También puede ayudar con diferentes aspectos o retos que pueden tener algunos niños con Trastorno del Espectro Autista y además, es divertido. Los juegos pueden ser una gran herramienta para fomentar la implicación, la interacción social y el desarrollo de habilidades en los niños autistas. Como decía Diane Ackerman «jugar es la forma de aprender que más le gusta a nuestro cerebro».
A muchos niños autistas les gustan los juegos que ofrecen rutinas predecibles y estructuradas, como los juegos de mesa, los juegos de cartas o los rompecabezas. Los juegos que implican estimulación sensorial, como los táctiles o visuales, también pueden ser útiles para la integración sensorial y la regulación sensorial. Además, los juegos que fomentan la cooperación, la toma de turnos y la comunicación pueden favorecer las habilidades sociales y la regulación emocional de los niños autistas y prepararlos para actividades futuras, como el trabajo en equipo. En resumen, el juego impulsa los vínculos sociales, desarrolla la creatividad y ejercita las funciones ejecutivas, tales como el control de impulsos, la planificación, la atención o la memoria de trabajo.
Los niños con autismo juegan a veces de forma diferente a los demás niños. Desde muy pequeños, suelen alinear objetos, jugar solos y repetir acciones una y otra vez. También es menos probable que participen en juegos que requieran «fantasía», colaboración o comunicación social. Aparentemente, y es siempre bueno recordar que el TEA es un espectro y que los niños autistas son como mínimo tan heterogéneos como los neurotípicos, los niños autistas no son conscientes de las actividades y preferencias de los demás. Los niños con un desarrollo típico imitan a sus compañeros para aprender nuevas habilidades de juego, colaborar con los demás y hacen preguntas cuando están confundidos. Los niños autistas pueden parecer sin interés sobre los otros niños o pueden parecer incapaces de aprender nuevas habilidades de juego mediante la observación o la comunicación. Si algunas cosas no les salen de forma natural, la respuesta no es «pasar» sino intentar enseñarles para que puedan aprender. Siempre ajustado a las posibilidades y preferencias del niño. No se trata de convertirlo en un niño normotípico, se trata de que sea un niño autista feliz.

He aquí algunas diferencias que hay que tener en cuenta:
- Los niños autistas pueden preferir jugar solos. Esto puede ocurrir incluso cuando se les anima a participar en formas típicas de juego que no les atraen, pero también cuando de forma sistemática no se cuenta con ellos.
- Incapacidad o falta de voluntad para comprender las reglas básicas del juego. Esto puede incluir hacer turnos, asumir un rol diferente, antes eras policía pero ahora eres ladrón, o seguir las reglas de un deporte o juego de mesa. De nuevo, ellos suelen sentirse a gusto con las normas estables, pero aprender las reglas de cualquier juego implica práctica, paciencia, asumir los errores y buen humor. Y ahora no estoy hablando de los niños autistas, sino de todos.
- Participar en actividades que parecen repetitivas y sin sentido. Por ejemplo, abrir y cerrar puertas, alinear objetos o tirar de la cadena. ¿Por qué le tiene que gustar lo mismo que a ti?
- Incapacidad o falta de voluntad para responder a conversaciones amistosas de adultos o compañeros. Una característica del autismo es las dificultades en la comunicación, hay que entender y aceptar que es así.
- Parece no darse cuenta de la presencia de otros niños. Por ejemplo, se pasea por un grupo sin darse cuenta de que están jugando o subirse a un tobogán sin darse cuenta de que otros niños están haciendo cola. Todos somos capaces de aprender y mejorar.
- Incapacidad aparente para comprender los conceptos básicos del juego simbólico. Esto incluye fingir ser otra persona o fingir que un juguete tiene características humanas. A nosotros nos sale de forma natural y a ellos no, pero podemos avanzar y hacer cosas juntos.

No sé si existe un juego autista como tal. He aquí algunas situaciones que pueden resultar familiares a los padres de niños pequeños o de niños con autismo:
- Un niño lanza hojas, arena o tierra al aire una y otra vez.
- Un niño completa el mismo rompecabezas repetidamente de la misma manera.
- Un niño apila objetos siguiendo el mismo patrón y los tira al suelo, pero se enfada si otra persona los tira al suelo.
- El niño coloca los juguetes u otros objetos en el mismo orden una y otra vez, sin que el orden elegido tenga un significado aparente.
Evidentemente, si una característica central del autismo es la dificultad para la comunicación y la interacción social, eso va a afectar al desarrollo del juego. Aunque es normal que los niños pequeños jueguen en solitario de vez en cuando, la mayoría pasa rápidamente al juego «paralelo» en el que más de un niño realiza la misma actividad al mismo tiempo. Por ejemplo, dos niños pueden estar coloreando el mismo libro. A los 2 ó 3 años, la mayoría de los niños juegan juntos. Pueden compartir una actividad o interactuar para conseguir un objetivo. En cambio, los niños pequeños con autismo suelen quedarse en los primeros tipos de juego solitario y pueden entretenerse con actividades que no tienen un significado o propósito aparente. Hay que recordar que a medida que los niños autistas crecen, sus habilidades mejoran, pero también es bueno tener presente que aunque sean capaces de aprender las reglas del juego, sus comportamientos pueden seguir siendo un poco diferentes de los de otros niños. Por ejemplo, pueden:
- Estar tan atados a las reglas que son incapaces de hacer frente a cambios necesarios, como variar el número de jugadores.
- Les resulta imposible o muy difícil compartir juegos con otros niños (los videojuegos pueden convertirse en una obsesión solitaria)
- Se centran mucho en una parte concreta del juego; por ejemplo, pueden recopilar estadísticas futbolísticas sin tener interés en jugar al fútbol.
La mayoría de los niños con autismo se enfrenta a algunos retos desalentadores que se interponen entre ellos y la comunicación social típica. Entre estos retos se encuentran los siguientes:
Falta de capacidad de imitación.
Los niños con un desarrollo típico observan cómo juegan los demás y los imitan. Por ejemplo, un niño con un desarrollo típico puede alinear los bloques la primera vez que juega con ellos, pero en cuanto ese niño vea a otros construir con los bloques, imitará ese comportamiento.
Es posible que un niño autista ni siquiera se dé cuenta de que los demás juegan con los bloques. Es menos probable que observe el comportamiento de los demás e imite ese comportamiento.
Falta de habilidades de juego simbólico
El juego simbólico es otra forma de denominar el juego de simulación. A la edad de 3 años, la mayoría de los niños han desarrollado herramientas bastante sofisticadas para el juego simbólico, tanto solos como con otros. Un niño neurotípico puede utilizar los juguetes exactamente como están diseñados: jugando a las comidas con una cocina de juguete, pero también pueden inventar sus propios juegos de simulación, como convertir esa cocinita en un castillo. Es más difícil para un niño con TEA.
Los niños autistas desarrollan más raramente el juego de simulación sin ayuda. Pueden disfrutar colocando trenes de juguete en una vía, pero es poco probable que representen escenas o hagan efectos de sonido a menos que se les enseñe y anime activamente a hacerlo.
Incluso cuando los niños con autismo participan en juegos simbólicos, pueden repetir los mismos escenarios una y otra vez. Pueden utilizar las mismas palabras e incluso el mismo tono de voz. Otros niños pueden sentir placer en los cambios, en la evolución del juego, en explorar nuevos escenarios, no es así para muchos niños con autismo.
Falta de habilidades de comunicación social
Para tener éxito en el juego simbólico y la imitación, los niños con un desarrollo típico interactúan y se comunican activamente con los demás y también aprenden rápidamente a «leer» las intenciones de los demás. Los niños con autismo, por el contrario, tienden a tener pocas ganas o capacidad para comunicarse o relacionarse con sus compañeros de juego. Los compañeros pueden ver este comportamiento como hiriente («¡no me hace caso!») o simplemente ignorar al niño con autismo por no encajar en sus expectativas. En algunos casos, los niños con autismo pueden ser acosados o excluidos del grupo.
Falta de habilidades de atención conjunta
La atención conjunta es una destreza que se utiliza cuando uno se centra en algo con otra persona. Por ejemplo, compartir un juego o mirar juntos un rompecabezas para ver qué pieza poner. Significa pensar y trabajar en pareja o en grupo. Las personas con autismo suelen tener problemas con las habilidades de atención conjunta. Aunque estas pericias pueden enseñarse, es posible que nunca se desarrollen por sí solas o que no sean tan hábiles en esta tarea social.
Algunas ideas resumen:
- El juego de los autistas puede ser diferente, en especial menos social, que el de los niños neurotípicos.
- El juego es una oportunidad de aprender, ejercitar habilidades básicas y fomentar la inclusión. Su importancia no debe menospreciarse.
- Se pueden aprender nuevos juegos, nuevas formas de jugar, cómo sacar más partido al juego. A veces es útil empezar ese aprendizaje con adultos, ya sean padres o terapeutas, que pueden ser más sensibles y racionales que un niño de la misma edad.
Para terminar unas reflexiones sobre el juego en general:
Hay quien piensa que el juego libre, abierto e informal está desapareciendo y está siendo sustituido por actividades guiadas. Trasladamos el mundo competitivo de los adultos, donde el ocio y el descanso son considerados pérdida de tiempo, y el tiempo de jugar es secuestrado por las actividades extraescolares supuestamente lúdicas como el aprendizaje informático o la robótica.
La invasión llega también al ámbito escolar. Se construyen centros docentes sin espacios adecuados para jugar y se eliminan recreos y tiempo libre para sustituirlos por actividades regladas. No nos damos cuenta de lo mucho que perdemos en ese camino: el juego permite a los niños aprender sin guía de los adultos y si reducimos o eliminamos el juego libre les quitamos la confianza para dirigir su propio aprendizaje. Soy también crítico con el «juego dirigido». Con una caja de cartón un niño puede decidir si está en un barco pirata, una casa o una nave espacial, con un artilugio con pantalla, el que ejercita su imaginación es el diseñador y el programador informático.
Finalmente, una frase de George Bernard Shaw: «No dejamos de jugar porque nos hacemos viejos, nos hacemos viejos porque dejamos de jugar».



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