La inteligencia de los delfines

La inteligencia se define de muchas maneras, pero una de las más aceptadas es la capacidad para resolver problemas. De las cosas en que la mayoría estamos de acuerdo es que hay personas que son más inteligentes que otras, captan los conceptos con mayor rapidez y hacen bien las cosas que requieren un esfuerzo mental como una redacción de calidad o una operación matemática. Es importante porque la gente que puntúa más en los test de inteligencia vive más, tiene vidas más sanas y alcanza una mejor posición socioeconómica. No es extraño que valoremos la inteligencia y que entre las condiciones que nos gustaría que tuvieran nuestros hijos, además de que sean buenas personas, está el que sean inteligentes.

El desarrollo de la inteligencia se cree que va unido a la sociabilidad: los grupos sociales, con sus complejas interrelaciones, la necesidad de un lenguaje sofisticado, las alianzas en interacción constante, los objetivos y actividades compartidos hacen que los animales más inteligentes tengan cerebros más grandes, sobrevivan más cuando hay escasez de comida y vivan en grupos más numerosos.

Según cuenta Anuschka de Rohan en The Guardian, en el Instituto de Estudios de Mamíferos Marinos de Mississippi, el delfín hembra Kelly ha demostrado una peculiar inteligencia. Todos los delfines del instituto están adiestrados para recoger la basura que cae en sus piscinas hasta que ven a un entrenador, momento en el que pueden cambiar la basura por pescado. Es un entretenimiento útil por el cual los delfines ayudan a mantener limpias sus piscinas.

Kelly ha llevado esta tarea un paso más allá. Cuando la gente tira un papel al agua, incluso un periódico, ella lo esconde bajo una piedra en el fondo de la piscina. La siguiente vez que pasa un entrenador, se sumerge hasta la piedra y arranca un trozo de papel para dárselo. Kelly obtiene un pez como recompensa, vuelve a bajar, arranca otro trozo de papel, obtiene otro pez, y así sucesivamente. Este comportamiento es interesante porque demuestra que Kelly planifica, tiene sentido del futuro y sabe retrasar la gratificación para obtener un premio mayor. Se ha dado cuenta de que un trozo grande de papel obtiene la misma recompensa que uno pequeño, así que sólo entrega trozos pequeños para recibir más comida con la misma «materia prima» inicial. De hecho, ha entrenado a los humanos.

Su inteligencia maquiavélica no se ha detenido ahí. Un día, cuando una gaviota entró en su piscina, la capturó, esperó a los entrenadores y se la dio. Era un ave grande y que daría mal aspecto a la instalación, así que los entrenadores le dieron muchos peces. Por lo que sabemos que pasó después, parece que una bombilla se encendió en el cerebro de Kelly. La siguiente vez que la alimentaron, en lugar de comerse el último pez, lo llevó al fondo de la piscina y lo escondió debajo de la roca donde había estado escondiendo el papel. Cuando no había entrenadores presentes, sacaba el pez a la superficie y lo utilizaba como cebo para atraer a las gaviotas, a las que atrapaba para intercambiarlas posteriormente por más peces. Tras dominar esta lucrativa estrategia, enseñó a su cría, que a su vez enseñó a otras crías, y así «la pesca de la gaviota» se convirtió en un entretenimiento popular ¡y lucrativo! entre los delfines del acuario.

Las inteligencias notables se asocian tradicionalmente a cerebros grandes. El cerebro del delfín mular adulto pesa aproximadamente un 25% más que el cerebro humano adulto medio. Sin embargo, en general, los mamíferos más grandes tienden a tener cerebros más grandes, por lo que una estimación más precisa de la potencia cerebral proviene de la relación entre el tamaño del cerebro y el tamaño del cuerpo, una proporción que se llama «cociente de encefalización» (EQ). Mientras que los delfines de río tienen un EQ de 1,5, los gorilas tienen 1,76, los chimpancés 2,48 y los delfines mulares 5,6. El EQ del delfín mular sólo es superado por el de un ser humano moderno, que es 7,4. Los australopitecinos, homínidos como Lucy que vivieron hace unos 4 millones de años, se sitúan en el intervalo de los delfines: 3,25-4,72. No sabemos lo suficiente sobre el funcionamiento del cerebro como para estar seguros de lo que representan realmente estas medidas anatómicas pero parece claro que los animales con más EQ son también los más inteligentes.

Aun así, no hay que creer todo lo que se dice de estos fascinantes mamíferos. Por ejemplo, su supuesta «sonrisa» no es tal (carecen de musculatura facial para las expresiones), y el principal resultado de las investigaciones para intentar aprender delfinés, un posible idioma de estos cetáceos, fue que los delfines macho solitarios mostraban un gran interés por las investigadoras humanas pero ese interés no era académico, querían sexo.

La estrategia de Kelly supone entender las reglas y jugar con ellas para maximizar el beneficio. Los humanos somos también capaces de ello. Un ejemplo es el llamado «efecto cobra», un término acuñado por el alemán Horst Siebert, profesor de economía. En la India colonial las autoridades británicas estaban preocupadas por el alto número de cobras en Delhi. Para disminuir la población establecieron una recompensa a quien entregara una serpiente muerta. Al principio, la estrategia tuvo éxito: la gente capturó y mató un gran número de cobras y, por supuesto, las llevaron para recibir el dinero prometido. Sin embargo, con el tiempo la gente empezó a criar cobras para aumentar sus ingresos. Cuando las autoridades coloniales se percataron de ello, suprimieron el programa de recompensas, pero entonces los criadores, ante la disyuntiva de seguir alimentando a unos animales que ya no tenían valor, los liberaron, por lo que la población de cobras salvajes superó a la que había inicialmente. Es uno de los muchos ejemplos de incentivos perversos.

Uno de mis ejemplos favoritos de incentivos perversos sucedió en torno al 2010. El comerciante en línea Vitaly Borker, un ruso que vivía en EEUU, tenía una tienda de gafas online, DecorMyEyes.com. Borker se dio cuenta que los comentarios de los clientes en Internet sobre experiencias negativas con su sitio web atraían más tráfico hacia él, porque el alto número de entradas y comentarios de los clientes enojados empujaba al sitio a los puestos más altos en las búsquedas de Google. Por eso, decidió responder a las quejas de los clientes por la mala calidad de la mercancía que recibían y/o los pedidos mal cumplimentados de forma grosera, con insultos, amenazas de violencia y otras vejaciones. La gente entraba al trapo y respondía en un intercambio de insultos y amenazas que los algoritmos de Google valoraban como interacciones e interés del público. Borker continuó con estas prácticas bajo distintos nombres a lo largo de la década siguiente, a pesar de ser condenado dos veces por delitos federales.

Borker

Muchas especies inteligentes viven en sociedades complejas. Para encajar, los delfines jóvenes deben aprender las convenciones y reglas de la sociedad de los delfines, el trabajo en equipo y quién es quién en el grupo. Los delfines construyen gradualmente una red de relaciones, que van desde el fuerte vínculo entre una madre y su cría, hasta «amistades» casuales con otros miembros de la comunidad, parejas de amigos íntimos y superpandillas de machos jóvenes, que a veces tienen un comportamiento tan agresivo y coordinado como una banda de macarras.

A pesar de esto, hay quien no cree que los delfines sean especialmente listos. Así lo afirma Paul Manger, un científico sudafricano que afirma que los cerebros relativamente grandes de los delfines se deben simplemente a la abundancia de glía, células de apoyo a las neuronas que producen calor, lo que permite a las neuronas de un animal de sangre caliente realizar su trabajo en el frío océano. De hecho, señala algún detalle sospechoso, como que no se les ocurre saltar una pequeña barrera, como puede ser la red de un barco atunero, mientras que la mayoría de los demás animales sí lo hacen. Sin embargo, esto no tiene en cuenta el alto número de neuronas de los delfines, sus comportamientos sofisticados, sus eficientes sistemas de comunicación o que la glía no solo son elementos aislantes sino un componente fundamental del funcionamiento cerebral.

Hay diferentes aspectos relacionados con la inteligencia:

Uso de herramientas. Los delfines de Shark Bay, en Australia Occidental, se envuelven el hocico con trozos de esponja al parecer para evitar abrasiones y facilitar el excavar en fondos poco profundos. Los científicos han observado también cómo un delfín convencía a una morena reacia a salir de su grieta matando a un pez escorpión y utilizando su cuerpo espinoso para pinchar a la morena y obligarla a salir.

Creatividad. Dos delfines (Steno bredanensis) aprendieron que recibían una recompensa si mostraban un comportamiento original. Cuando los dos delfines aprendieron lo que se premiaba, según su entrenadora «empezaron a ofrecernos todo tipo de comportamientos que no habíamos visto en un arrebato tan loco que al final apenas podíamos elegir a qué echarle pescado».

Cooperación entre especies. Ha habido casos de varias especies de delfines y marsopas ayudando e interactuando entre especies, incluso ayudando a ballenas varadas. También se sabe de casos en que los delfines ayudan a nadadores humanos en necesidad, y en al menos un caso un delfín estresado se acercó a buzos humanos buscando ayuda.

Autoreconocimiento. Diana Reiss y sus investigadores instalaron espejos en el acuario de Nueva York para comprobar si dos delfines mulares eran lo bastante conscientes de sí mismos como para reconocer su reflejo. Colocaron marcas de tinta negra no tóxica en varios lugares del cuerpo de los delfines. Los delfines nadaron inmediatamente hasta el espejo y observaron las marcas negras en su cuerpo como haríamos nosotros en el probador de una tienda de ropa. Pasaron más tiempo frente al espejo después de ser marcados que cuando no lo estaban. La capacidad de reconocerse en el espejo sugiere que tienen conciencia de sí mismos, una cualidad que antes se consideraba exclusiva de los seres humanos y los grandes simios.

Juego complejo.  Los delfines son capaces de producir anillos toroidales de burbujas y parecen disfrutar mordiendo los anillos de vórtice que han creado, para que estallen en muchas burbujas y suban rápidamente a la superficie.  Muchas especies de delfines también juegan cabalgando en las olas, ya sean olas naturales cerca de la costa o aquellas inducidas por la proa de un barco en movimiento.

Adaptación al ambiente. En la costa brasileña, los delfines tucuxi capturan peces aturdiéndolos con golpes de cola y recogiéndolos posteriormente en la superficie. En el Estrecho de Magallanes, los delfines de Peale se alimentan en los lechos de algas marinas, que utilizan para no ser detectados y cortar la ruta de escape de los peces. En la bahía de Galveston (Texas), algunas hembras de delfín mular y sus crías siguen a los barcos camaroneros, nadan dentro de las redes para comer los peces atrapados y luego vuelven a salir, una habilidad que requiere pericia para evitar enredarse, dicho sea de forma literal.

Comunicación. Los delfines utilizan una variedad de sonidos para su comunicación que incluyen chasquidos, silbidos y llamadas.

Aprendizaje. Al igual que los humanos, las crías de los delfines permanecen con sus madres durante varios años, lo que les da el tiempo y la oportunidad de aprender mucho, sobre todo por imitación. En cautividad, los delfines imitan la forma de andar y los gestos de la gente que pasa. Una persona que estaba junto a la ventana de la piscina se dio cuenta de que una cría de delfín le observaba. Cuando soltó una bocanada de humo de su cigarrillo, el delfín nadó inmediatamente hacia su madre, mamó, regresó y soltó una bocanada de leche, causando un efecto similar al del humo del cigarrillo. Otro delfín imitó el raspado de la ventana de observación de la piscina por un buceador, incluso copió el sonido de la válvula de demanda de aire del equipo de buceo mientras soltaba un chorro de burbujas por el espiráculo. Imitar es una de las formas básicas de aprender.

Hay más pruebas de la inteligencia de los delfines. Cada individuo produce su propio silbido único con el que al parecer se identifica y por el que los demás le reconocen. Disfrutan de vínculos para toda la vida y se reconcilian tras las peleas mediante caricias. Los machos forman coaliciones en busca de poder, no muy distintas de la política de chimpancés y humanos. Los delfines también ayudan a un compañero enfermo y le acercan a la superficie, donde pueden respirar, lo que nos hace pensar en temas complicados pero sugerentes como la empatía y las emociones..

La inteligencia de los delfines nos hace pensar que somos afortunados en compartir el planeta con esos preciosos seres y explica el malestar de muchos de nosotros ante las agresiones a estos animales y su hábitat.

 

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Comentarios

3 respuestas a «La inteligencia de los delfines»

  1. Avatar de Marta Maria Sanchez Garcia
    Marta Maria Sanchez Garcia

    Felicidades. Un artículo muy interesante y muy
    bien documentado .Me han encantado las estrategias de Kelly para conseguir más comida, los ejemplos de incentivos perversos…, muy bonito.Muchas gracias.Yo tb creo que hay que proteger a los delfines.Su comportamiento revela inteligencia. Enhorabuena Profesor. Todo un lujo su blog.Un saludo
    Marta Maria Sánchez García

  2. Avatar de Juan D. Arango R.
    Juan D. Arango R.

    Great article presenting parameters on intelligence.
    What else does the EQ tell you about brain size itself? in other words, what are the minimum requirements in brain size to manage body translation, perceptions (senses)?
    Juan D. Arango R.

    1. Unicellular organisms can discriminate light, vibrations, chemicals in the environment, etc Then, there is no requirements for a minimum brain size, at least in perception. Bigger brains have of course the possibility of developing more sophisticated functions.

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