La batalla de Bamber Bridge

La noche del 24 al 25 de junio de 1943 se produjo un enfrentamiento armado en Lancashire, en el norte de Inglaterra. Era plena II Guerra Mundial, pero no se trató de un combate contra los alemanes: en un lado había soldados norteamericanos y en el otro, soldados norteamericanos, policías militares en este caso. El punto crucial es que los soldados eran negros y los policías militares, blancos. El resultado de aquel conflicto racial fue un soldado muerto, William Crossland, cuatro heridos y veintisiete detenidos, juzgados y condenados en la investigación que siguió al enfrentamiento armado.

Lancashire era una zona con una alta conciencia política. Los obreros de las fábricas de la zona apoyaron a la Unión en la Guerra de Secesión de EE.UU. por un motivo fundamental: la abolición de la esclavitud. Algunos de los propietarios de las fábricas textiles se negaron a comprar algodón sureño a los dueños de las plantaciones que habían conseguido burlar el bloqueo naval y transportar su cosecha a Inglaterra. Esa toma de partido había dejado un poso en la gente, estaban orgullosos de que ellos también habían luchado por los ideales de Lincoln, un mundo donde todos los seres humanos tengan unos mismos derechos y donde la esclavitud, el dominio de una raza sobre otra, no tenía lugar.

En Lancashire estaba acantonada la 1511ª Compañía de Camiones de Intendencia del ejército americano, dentro de la Base Aérea 569. Salvo algunos oficiales blancos el resto de la compañía eran soldados negros, una unidad segregada.  Estas tropas participaban en el esfuerzo bélico pero se les alejaba de los puestos de gloria, del combate directo con los alemanes, manejaban un camión, no una ametralladora y eran tratados como soldados de segunda clase. En la ciudad también estaba la Unidad 234 de la Policía Militar, todos blancos. 

En Inglaterra, los soldados negros se encontraron con una realidad muy distinta a la que conocían en su país, la población les trataba con afecto y respeto. Un soldado negro estadounidense recordaba su incredulidad cuando oyó a una camarera decir a un soldado blanco algo parecido a «Tendrá que esperar, estoy ocupada sirviendo a este caballero» y se dio cuenta de que el «caballero» era él. De hecho, las camareras defendían a los soldados afroamericanos contra los intentos de los estadounidenses blancos de imponer prácticas discriminatorias en los pub y bares, e insistían en que los soldados blancos tendrían que esperar su turno como todos los demás, en lugar de intentar que se les sirviera antes que a sus colegas negros.

El lugar donde surgió la chispa fue Ye Olde Hob Inn, una vieja posada con techo de paja reconvertida en pub, y se extendió por toda la ciudad hasta el campamento militar de Adams Hall. Aquella noche de 1943, las tropas negras y los lugareños estaban alargando la «happy hour» al final de la velada. Hubo el típico intercambio de voces, nada grave, pero entonces llegó la policía militar e intentó detener al soldado Eugene Nunn por no llevar correctamente el uniforme y no tener pase. Los policías militares se enfrentaron a nuevas solidaridades: un soldado británico blanco les plantó cara: «¿Por qué quieren detenerlos? No están haciendo nada ni molestando a nadie». Los paisanos, los soldados ingleses y las mujeres del British Auxiliary Territorial Service también se pusieron del lado de los soldados negros y recriminaron su actitud a los policías militares. El soldado Lynn M. Adams del 1511º avanzó sobre uno de los policías militares con una botella, y el cabo Windsor sacó su pistola.  El sargento William Byrd, del 1511º, pudo calmar la situación y finalmente persuadir a los policías militares para que se marcharan. Mientras se alejaban, el soldado Adams lanzó una botella contra el jeep, y los policías militares se dirigieron a su base para pedir refuerzos y volver al pub para arrestar a los soldados negros. Cuando volvieron se encontraron con estos soldados afroamericanos que regresaban a su campamento y se produjo un nuevo enfrentamiento, más serio. Los soldados del 1511º regresaron a su base y a medianoche, armados con rifles y un camión artillado, fueron al campamento de la policía militar en busca de venganza. Asaltaron la armería de la policía militar y ambos bandos empezaron a dispararse en la oscuridad. La violencia cesó a las cuatro de la mañana. El soldado William Crossland del 1511º yacía en el suelo muerto y otros cinco soldados resultaron heridos junto con dos policías militares.

Hubo dos juicios en los que 27 de los 32 soldados negros fueron declarados culpables de varios cargos. Sin embargo, la mayoría de las sentencias fueron reducidas o desestimadas, debido al abrumador apoyo a las tropas negras por parte de la opinión pública británica. El suceso fue rápidamente ocultado para no generar malestar ni entre la población civil en Estados Unidos ni entre los ingleses, pero todavía se ven agujeros de bala en las paredes de edificios de la zona.

No fue un incidente aislado. Solamente entre noviembre de 1943  y febrero de 1944 hubo 44 enfrentamientos raciales entre tropas americanas blancas y negras. El ejército estaba segregado y en un entorno extranjero, pero la población local simpatizaba con aquellos aliados de color, les consideraba compañeros de lucha contra los nazis y no entendía que sus propios compatriotas les trataran con desprecio, con injusticias fragantes y solo les tolerase como mulas de carga del ejército estadounidense. Muchos de los miembros de la tropa negra estadounidense que se enfrentaron a la policía militar aquella febril noche estaban sin duda influidos por las noticias que se filtraban sobre los disturbios raciales del 20 de junio en Detroit, donde hombres negros indefensos fueron atacados por unos policías racistas y violentos. Diecisiete de los veinticinco afroamericanos asesinados en esa jornada lo fueron sin duda a manos de las fuerzas del orden.

En sus ensayos, George Orwell aludió a la tan citada afirmación de que los soldados estadounidenses estaban «sobreexcitados, sobrepagados y sobrepasados» y lo matizó con la observación de que «el consenso general de la opinión pública es que los únicos soldados estadounidenses con modales decentes son los negros». Los soldados negros estadounidenses eran una novedad y los lenguajes universales de la música y el baile les abrieron las puertas de sus anfitriones británicos. Un antiguo soldado negro, Cleother Hathcock, contaba lo siguiente:

En aquella época estaba de moda el Jitterbug y los negros nos poníamos a bailar y a los ingleses les encantaba. Entrábamos en un salón de baile y nos apoderábamos del lugar porque todo el mundo quería aprender a bailar ese baile americano, el Jitterbug. Se volvían locos con eso.

Los pubs eran refugios para las tropas negras, donde se mezclaban con los lugareños, en su mayoría amistosos, y donde la segregación que muchos tenían que soportar su país, en particular en el Sur de Estados Unidos, estaba afortunadamente ausente. Cuando las autoridades militares estadounidenses exigieron que los pubs del pueblo impusieran la segregación, los propietarios respondieron colocando carteles que ponían: «Sólo soldados negros». Los comentarios de un teniente demuestran hasta qué punto esto molestaba a las tropas blancas estadounidenses:

Una cosa que he notado aquí y que no me gusta es el hecho de que los ingleses no trazan ninguna línea en relación con el color. Los ingleses deben ser muy ignorantes. No entiendo cómo una chica blanca puede relacionarse con un negro.

Este comentario ejemplifica el particular resentimiento por la forma en que las tropas negras confraternizaban abiertamente con las mujeres británicas. Muchos de los enfrentamientos durante este periodo se produjeron por la facilidad de las relaciones interraciales en el contexto británico.

Las autoridades militares trataron de contrarrestar la situación imponiendo las llamadas leyes Jim Crow a Gran Bretaña. Las leyes -que existieron durante unos 100 años, desde la época posterior a la Guerra Civil hasta 1968- estaban destinadas a marginar a los afroamericanos negándoles el derecho a votar, a tener un empleo, a obtener una educación o a otras oportunidades. Quienes intentaban desafiar las leyes de Jim Crow se enfrentaban a menudo a detenciones, multas, penas de cárcel, violencia y asesinatos. Los disturbios de Bamber Bridge pusieron de manifiesto estas prácticas de Jim Crow, y la paradoja de la bienvenida con brazos abiertos de los residentes locales a los soldados negros junto con el resentimiento a esa bienvenida por parte de las tropas blancas estadounidenses.

Mantener un ejército segregado después del compromiso de cientos de miles de soldados negros en la lucha por vencer al Eje era indefendible y en 1948 el entonces presidente de EE.UU., Harry Truman, firmó la Orden Ejecutiva 9981 que finalmente impuso un ejército integrado. Aunque las condenas de las tropas implicadas en Bamber Bridge fueron en gran parte conmutadas o anuladas, los soldados volvieron a la segregación de Jim Crow en Estados Unidos y, de hecho, algunos veteranos fueron linchados vestidos con sus uniformes. Pero aquella realidad que había vivido en la vieja Europa, la igualdad, el respeto, la justicia, hizo que no estuvieran dispuestos a volver a soportar la discriminación, el racismo y la violencia. Como dijo el veterano Wilford Strange en el documental Choc’late Soldiers from the USA:

El impacto que tuvieron estos soldados al ofrecerse como voluntarios fue el inicio del movimiento por los derechos civiles, porque estos soldados no iban a aceptar volver a ser discriminados. Ninguno de nosotros lo hizo.

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Una respuesta a “La batalla de Bamber Bridge”

  1. Excelente artículo José Ramón. Me ha encantado. Gracias por dar a conocer ese episodio tan interesante de la lucha por la inclusión y la igualdad entre todos los seres humanos.

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