Mascotas y autismo

La atención social es uno de los aspectos más importantes de la vida en común y se cree que es lo que marca la diferencia entre una interacción social adecuada y una mera copresencia. En este sentido, la atención visual es un componente importante de la interacción en diversas especies y puede variar según las características sociales de la especie, desde un enfoque visual «centrado en el individuo dominante» hasta un sistema de atención dividida hacia todos los miembros del grupo. Cada vez hay más pruebas de que en muchas especies una mirada intensa y fija, lejos de ser una señal de amenaza como se pensaba, puede reflejar amistad.

Los estudios sobre las relaciones entre humanos y animales domésticos han revelado que la atención visual también forma parte de esas interacciones interespecíficas y que los animales domésticos son sensibles a la atención visual de los humanos. Se ha argumentado que la domesticación y/o las experiencias repetidas con los humanos han moldeado y perfeccionado estas capacidades de descodificación. Los seres humanos son muy sensibles a la atención visual de sus mascotas: los dueños de perros muestran un aumento de oxitocina como resultado de que sus perros muestren miradas largas hacia ellos.

Aunque la sensibilidad al estado atencional humano está muy extendida entre los animales domésticos, el alcance de esta capacidad es diferente según la especie y puede depender de los procesos evolutivos que subyacen a las disposiciones sociales propias de cada especie. Los perros y los gatos, por ejemplo, aunque ambos son animales de compañía, difieren en su nivel de atención y distracción, lo que podría explicarse por un mejor control inhibitorio de los gatos que tienen una estrategia depredadora de «sentarse y esperar». Por otro lado, los cánidos sociales pueden depender del contacto visual entre los miembros del grupo para cazar. En los perros, las miradas sostenidas pueden reflejar intentos de dominación («aquí mando yo»), pero también comportamientos afiliativos («somos parte de la misma manada»).

La atención visual social está alterada en algunos desarrollos atípicos, por ejemplo, en los trastornos del espectro autista (TEA). Las personas con TEA tienen dificultades en la percepción de las miradas humanas directas e indirectas y hacen un uso limitado de la mirada mutua o atención conjunta durante las interacciones con los compañeros. También muestran una exploración visual atípica de las imágenes de rostros humanos, centrándose principalmente en la parte de la boca y menos en los ojos. Muestran un aumento de la excitación (arousal) cuando se someten a una mirada directa humana y curiosamente se fijan en los ojos cuando se les presentan caras de animales.

Marine Grandgeorge y su grupo de la Universidad de Rennes (Francia) han estudiado los patrones de atención visual en las interacciones perro-niño y gato-niño en su entorno familiar. También han comparado estos patrones entre un grupo de niños con trastornos del espectro autista (TEA) y niños con desarrollo típico. Investigaciones anteriores basadas en cuestionarios con padres ha demostrado que los niños autistas desarrollan relaciones con los animales domésticos y a menudo tienen una relación privilegiada con los gatos. La forma fugaz en que los gatos hacen contacto visual puede ser la razón por la que algunos niños autistas tienen una relación más intensa con los gatos que con los perros.

Grandgeorge y sus colegas visitaron 42 hogares en el oeste de Francia y observaron a 23 niños autistas y a 19 niños y niñas neurotípicos, todos de 6 a 12 años, que tenían un gato (16) o un perro (26) como mascota. Mediante el análisis de los vídeos de estas visitas, el equipo descubrió que los niños neurotípicos tienden a mirar más tiempo a sus mascotas que los niños con autismo y que los perros, al igual que los niños neurotípicos, tendían a mantener el contacto visual durante al menos un segundo mientras que los gatos y los niños autistas tendían a mirar durante menos tiempo.

Existe la creencia de que los niños autistas no quieren el contacto social con los seres humanos, pero tal vez sólo no quieren que los humanos insistan en crear una conexión a través de miradas largas y fijas, porque eso se siente demasiado «intrusivo». Los resultados son algo sorprendentes para James Cusack, director general de la organización benéfica británica de investigación del autismo Autistica. «Muchos de los adultos autistas de nuestra organización prefieren a los perros», dice Cusack, que también es autista. «Pero los autistas son enormemente diversos, por lo que es normal que haya tanto «gente de perros» y «gente de gatos» en la población con autismo». Aun así, el carácter gregario de perros puede parecer intimidante para algunos niños autistas. «Lo importante aquí es que tener una mascota en casa puede ser muy positivo para el bienestar de los niños autistas» dice Cusack.

Este estudio, en el que se observaron interacciones espontáneas entre perros y niños y entre gatos y niños, muestra claras diferencias en los patrones de atención visual según la especie animal de que se trate: los perros mostraban más miradas fijas e intensas (gazes) y los gatos más miradas dispersas y discontinuas (glanzes) hacia su interlocutor humano, mientras que los niños mostraban miradas hacia ambas especies. Las miradas mutuas eran poco frecuentes entre niños y gatos. En general, los niños dirigían más miradas fijas que miradas dispersas hacia los animales, independientemente de la especie, y no había ninguna correlación entre los patrones de atención de los niños y sus mascotas. Sólo se observaron ligeras diferencias según el tipo de desarrollo de los niños: Los niños NT mostraron miradas más largas y frecuentes hacia su gato que los niños con TEA. Las díadas niño NT-perro se caracterizaron por tener más miradas fijas y las díadas niño NT-gato por tener más miradas dispersas. Las díadas niño TEA-perro y niño TEA-gato no difieren en cuanto a la estructura de la atención visual social. En general, los niños con TEA mostraron mucha más atención visual a sus gatos de compañía que a sus perros de compañía y la misma cantidad de atención visual hacia sus mascotas, sea cual sea la especie, que los niños NT. Curiosamente, los padres de ambos grupos informaron de que sus hijos tenían pocas interacciones visuales con los gatos en comparación con los informes de los padres de los niños con perro. Sin embargo, sus informes indicaban más vínculos con los gatos que con los perros, especialmente en el grupo con TEA.

Estos resultados confirman que las características intrínsecas de las especies, probablemente como resultado de procesos evolutivos a largo plazo, influyen en el patrón de atención visual en las interacciones entre humanos y animales. Los perros utilizan más la vista en la comunicación intraespecífica, atienden a las intenciones de los miembros del grupo mediante señales visuales para las actividades sociales, lo que también permite la coordinación. La comunicación visual es una parte importante de la vida social de los perros, y el repertorio de señales visuales está bastante diversificado, aunque se ha argumentado que, como especie macrosmática, con muy buen olfato, los perros ignorarían la información visual en algunos contextos. En este caso, los resultados de este artículo, en los que los perros mostraron miradas más prolongadas hacia el niño que los gatos, sugerirían más bien que, en un contexto pseudo-social, la atención visual es muy importante, como se ha demostrado también en el contexto de la comunicación intraespecífica. Dado que los humanos dependen mucho de la comunicación visual en sus propios encuentros sociales, en los que las miradas directas desempeñan un papel importante, pueden ser especialmente sensibles a la conducta de mirada de sus perros.

Los gatos, como animales gregarios-oportunistas y solitarios, parecen no sólo haber desarrollado un repertorio menos variado de señales visuales, sino que también dependen menos de las señales visuales para comunicarse. Por otra parte, los niños, como muchas especies de primates, mostraron un importante patrón de atención visual a través de las miradas hacia sus mascotas, aunque los niños con TEA produjeron un perfil comparativamente más diversificado. Curiosamente, no hubo un ajuste real dentro de las díadas humano-mascota y los niños NT siguieron mostrando miradas largas hacia los gatos. Las personas con TEA, con un patrón de interacción menos típico, pueden sentirse más cómodas con las miradas cortas menos «invasivas» de los gatos.

La importante atención visual a sus mascotas mostrada por los niños con TEA confirma la idea de que las mascotas son percibidas como potenciales compañeros pseudo-sociales, siendo menos intrusivas que los humanos. Esto también confirma que los rostros de animales son menos «aversivos» que los rostros humanos para estos niños. Curiosamente, los niños y sus gatos fueron vistos juntos con menos frecuencia que los niños con sus perros de compañía (un tercio del tiempo de observación). El tiempo que pasan juntos también es una indicación del tipo de interacciones entre el niño y la mascota. A pesar de ello, los padres indican que se produjo más vínculo entre los niños y los gatos que con los perros. Esto fue especialmente cierto para el grupo de TEA, lo que confirma las sugerencias de que los gatos pueden ser compañeros más compatibles con los niños con autismo.

Para leer más:

  • Grandgeorge M, Gautier Y, Bourreau Y, Mossu H, Hausberger M (2020) Visual Attention Patterns Differ in Dog vs. Cat Interactions With Children With Typical Development or Autism Spectrum Disorders. Front Psychol 11: 2047.
  • Lesté-Lasserre C (2020) Autistic children may prefer cats as they don’t hold your gaze. New Scientist 3300: 16.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

Un comentario en “Mascotas y autismo”

  1. Estimado José Ramón:
    Agradecerle, una vez más, estos completos y amplios estudios. Estos estudios, nos ayudaran, a introducirnos a la comprensión del cerebro autista.
    De mi experiencia, hace años, mis abuelos del pueblo campesino de Ateca, que siempre tenían perro y gato. El gato era desconfiado, el perro no. El gato tenía «vida interior», el perro no. Normalmente, estaban enfrentados. Pero en las frías noches de invierno, el perro rodeaba físicamente al gato, compartiendo, el calor propio.
    Observo varios casos de hermanos niño y niña, de edad parecida, el niño es bastante serio, no son muy habladores, muy «directos» se dirigen al fin que pretenden y desean, no tienen intenciones de relacionarse por relacionarse.
    La niña hablan mucho, el relacionarse es un fin en si mismo, huyen de ser excesivamente «directas».
    El comportamiento del niño, me recuerda al autista y al gato.
    El comportamiento de la niña, me recuerda al «antiautista» y al perro.
    Espero que mi aportación hayan sido interesante.

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