El día que Elvis se puso bata

De toda la cinematografía de Elvis Presley, 33 películas y decenas de episodios de televisión, solo hay una en la que haga de médico: Change of habit (Cambiar de hábito). Fue la última de sus películas, luego haría dos documentales, pero aunque su carrera cinematográfica iba ya en declive consiguió cobrar el millón de dólares que tenía de caché habitual.

El argumento es sencillo: el Dr. John Carpenter es un médico que trabaja en una clínica de un suburbio, un pequeño centro de una gran ciudad que atiende a una población desfavorecida, un gueto de portorriqueños. De repente recibe una oferta inesperada, tres mujeres se ofrecen a ayudar en el dispensario. En aquel centro saturado de trabajo disponer de las tres jóvenes voluntarias es un auténtico regalo del cielo. Nunca mejor dicho pues aunque él no lo sabe, las tres atractivas señoritas son monjas que han decidido ayudar a la comunidad y se han puesto ropa de calle porque piensan que los residentes locales serán más reacios a aceptar su ayuda si las identifican con una confesión religiosa. A las buenas intenciones de las monjas se opone el sacerdote de la parroquia local, un hombre zafio y arrogante que no podrá impedir que las tres hermanas saquen adelante su vocación religiosa y su compromiso social.

Elvis, perdón el Dr. Carpenter, es un médico con buen ojo clínico y entre los casos a los que se enfrenta están un niño con un grave problema de habla, un hombre que ha recibido una paliza y el que más me interesa, una niña con autismo. Creo que es la primera representación en el cine de una persona con autismo (1969) muy anterior al famoso Rain Man (1988). Amanda es una niña pequeña, quizás de 6 o 7 años, cuando su tía la lleva a la clínica de Elvis, ya que cree que la falta de respuesta de Amanda es una señal de que es sorda. Elvis se apresura a aceptar esta suposición, pero el personaje encarnado por Moore no coincide en esa opinión y afirma que cree que Amanda es autista. El autismo es presentado en la película de la siguiente manera: «a veces, cuando un niño es rechazado muy pronto, se encierra en sí mismo y se cierra al mundo entero, como si tratara de castigar al resto de nosotros junto con él», una descripción que, según los conocimientos actuales, es un puro disparate, pero hace ya más de cincuenta años de esto.

Carpenter sugiere que ese autismo de la niña está causado por el rechazo de su madre y recomienda «reducir su rabia». Eso se logra, según él, al apagar los gritos de la niña abrazándola estrechamente mientras Elvis repite las palabras: «Te quiero, Amanda, te quiero» hasta que finalmente Amanda resulta curada. No niego la buena intención, pero es un despropósito.

Era una técnica en boga en los años 1970, el llamado «abrazo forzado». La terapia de abrazo forzado consiste en que una persona, normalmente la madre, abrace estrechamente a su hijo autista de forma que se garantice el contacto visual entre ambos. El objetivo es provocar deliberadamente la angustia del niño, hasta que éste necesite y acepte el consuelo. Los partidarios de esta pseudoterapia afirman que puede utilizarse con muchachos autistas de hasta 18 años y afirman que mejora la relación entre el niño y los padres, y que aumenta la capacidad del niño para relacionarse con los demás. No es verdad.

La secuencia de la terapia consta de tres etapas. Durante la primera etapa (confrontación), la madre y el niño se colocan de forma que estén físicamente cerca y tengan contacto visual, forzado si es necesario. Esto lleva a la segunda etapa (rechazo), en la que el niño puede luchar contra la contención. Cuando el niño deja de luchar, se alcanza la tercera etapa (resolución). Se afirma que en esta etapa se ha desarrollado un vínculo fuerte y duradero entre la madre y el niño. Tampoco es verdad.

Actualmente está afortunadamente en desuso. La hipótesis de partida era que se suponía que en la infancia temprana no se había dado el suficiente cariño al niño y había que compensarlo con un abrazo mantenido durante un tiempo prolongado. Los partidarios de la terapia de abrazo forzado afirman que esta falta de vínculo crea un «desequilibrio emocional dominado por la ansiedad». Este desequilibrio supuestamente impediría que el niño fuese capaz de aprender de las interacciones con los demás y conduce al retraimiento social. Todo basura sin ningún fundamento científico.

La terapia del abrazo forzado se basa también en otra teoría igualmente falsa y peligrosa sobre el autismo: el hecho de que la persona elige deliberadamente «rechazar» a los demás y que puede ser reconducida a la normalidad. Varios investigadores especializados en el abuso de niños y adultos con discapacidad señalan como factores de riesgo específicos del abuso el pretender que la persona con discapacidad adquiera una apariencia normal y la creencia errónea de que está persona escoge deliberadamente el portarse “mal”. Los familiares y los cuidadores vuelcan sobre el niño el cansancio y la frustración que se derivan de vivir con una persona discapacitada, y se vuelven más y más violentos con la esperanza de forzar al niño a ser normal.

Lo único que la técnica de abrazo forzado generaba era mucho sufrimiento, tanto para el muchacho como para la madre. Muchas personas con autismo tienen un tacto hipersensible lo que les lleva a rechazar el contacto físico. Cualquier toque amistoso se percibe, en algunos de ellos, como una invasión agobiante de su espacio personal. Además, muchas personas con autismo se estresan ante cualquier tipo de restricción de movimiento y un abrazo mantenido en el tiempo es precisamente eso. Mantener un abrazo forzado a un niño que rechaza ser tocado generaba una experiencia aterradora donde madre e hijo terminaban extenuados emocional y físicamente. Claire Sainsbury, una persona con autismo escribía «Yo he visto fotos de niños que han estado bajo este tratamiento y no puedo soportar mirarlos por más de un segundo, porque el dolor y el terror en sus rostros son muy grandes.

Incluso los propios partidarios de esta terapia admiten que causa una gran angustia y sufrimiento en el niño, pero ven esto como una llave para una cura milagrosa. Sin embargo, no existe ninguna prueba que apoye la «terapia del abrazo forzado», no hay investigaciones de calidad favorables a esta técnica y, en realidad, la Asociación Americana de Psicología dice que no se debe utilizar la terapia de abrazo forzado pues puede dañar a los niños y no hay ninguna pruebas de que los beneficie.

Bryna Siegel escribió: «Cuando esta terapia se popularizó por vez primera a finales de los años 80, nosotros intentamos estudiarla experimentalmente…El problema era que, cuando no daba resultado, el terapeuta se limitaba a decirles a los padres que no la estaban practicando con la suficiente frecuencia …o que tal vez no ponían sus corazones en ello cuando la practicaban

Por el contrario, existen buenas razones para creer que esta terapia puede ser extremadamente dañina y traumática. Therese Joliffe escribió acerca de su propia experiencia con la terapia del abrazo forzado: «Para mí, el sufrimiento era terrible y no dio ningún resultado. Algunas personas que no están de acuerdo con esta terapia piensan que los niños se someten sólo por agotamiento. Yo creo que esto es verdad en muchos casos. Sus defensores alegan que los niños se quedan quietos y se comportan mejor durante un pequeño periodo de tiempo después de la terapia del abrazo forzado. Mi quietud se debía al agotamiento y yo me sentía tan perturbada después de la experiencia que me quedaba en estado de shock, algo que se manifestaba como una tranquilidad aterrada, donde yo no podía pensar ni hacer casi nada durante un rato».

Aclarado que la técnica del abrazo forzado es una más de las muchas pseudoterapias que rodean al autismo, volvamos a la película.  Las tres mujeres reciben los piropos y comentarios soeces de algunos pacientes y se genera un romance entre el Dr. Carpenter y una de las monjas, la hermana Michelle, interpretada por Mary Tyler Moore, pero el bueno del doctor no sabe que la diana de su pasión tiene ya un compromiso previo. Por su parte, la Hermana Michelle tiene también sus ojitos puestos en el médico ¡cómo no, es Elvis!  pero se resiste a abandonar el convento.

Bueno, y lo que todos estáis queriendo saber ¿vence la vocación religiosa o vence el amor? La película termina con la Hermana Michelle y la hermana Irene entrando a una iglesia para rezar, para implorar ayuda divina a la hora de saber qué camino seguir. No sabemos qué pasó pero el diablo también ha hecho sus deberes: Elvis, perdón el Dr. Carpenter, está cantando en el coro de la Iglesia.

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

Un comentario en “El día que Elvis se puso bata”

  1. Gracias por introducirnos a esta película curiosísima de Elvis, y al repaso y crítica del la “terapia” “abrazo forzado”. Es tan importante recordar y criticar las prácticas dañinas que se han surgido a través de los años.

    La entrada no menciona una nueva terapia or práctica recomendada a los padres de niños con autismo – “FloorTime”
    ( https://www.autismspeaks.org/floortime-0 ) que quizás se pueda contrastar con mucho provecho a lo que se practicaba hace 50 años.

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