Leche de camella y autismo

No, no es una broma, la leche de camella ha sido promovida por algunos investigadores como un tratamiento para una variedad de condiciones, incluido el autismo. En Asia, la leche de vaca representa sólo el 42% del consumo, mientras que la leche no bovina (por ejemplo, de cabra, búfala, yak o camella) se consume con mayor frecuencia. En África la leche de camella es el 9% del total y se puede encontrar en los países desarrollados pasteurizada, congelada, en polvo o como  productos lácteos.

Según estos promotores de la leche de camella como tratamiento complementario, tiene efectos terapéuticos en muchas enfermedades, como la alergia alimentaria, la diabetes mellitus, la hepatitis B, diversas enfermedades autoinmunes y el autismo. La composición de esta leche difiere de la de otros rumiantes. En comparación con la leche de vaca, la leche de camella

contiene menos grasa, colesterol y lactosa, más minerales (calcio, hierro, magnesio, cobre, zinc y potasio), más vitaminas A, B2, E y C, y no contiene beta-lactoglobulina ni beta-caseína, que son las principales causantes de alergias e intolerancias en la leche de vaca. Además, la leche de camella contiene varias proteínas protectoras, principalmente enzimas que, siempre según sus promotores, ejercen propiedades antibacterianas, antivirales e inmunológicas; entre ellas se encuentran las inmunoglobulinas, las lisozimas, la lactoferrina, la lactoperoxidasa, la N-acetil-glucosaminidasa y la proteína de reconocimiento del peptidoglicano, que son -supuestamente- cruciales para prevenir la alergia alimentaria y las alteraciones del sistema inmunitario. Según los defensores de la leche de camella como elemento terapéutico tiene potencial para el tratamiento de las alergias alimentarias, las infecciones y la modulación del sistema inmunitario.

Un ensayo controlado aleatorizado (Bashir y Al-Ayadhi, 2014) de dos semanas de duración examinó la eficacia de la leche de camella en 45 niños de 2 a 12 años con autismo. El estudio reporta mejoras significativas según las puntuaciones de la Escala de Calificación del Autismo Infantil (CARS) en el grupo de leche de camella cruda, en comparación con cambios no significativos en los grupos de leche de camella  hervida y de placebo (leche de vaca). Entre los efectos secundarios mencionan la irritabilidad y el malestar estomacal, aunque no indican si había una diferencia significativa en estos efectos adversos entre los distintos grupos de tratamiento.

Otro ensayo controlado aleatorizado de 2 semanas de duración que incluía a 60 niños (de 2 a 12 años) con autismo mostró una mejora significativa en las puntuaciones de CARS en los grupos de leche de camella (tanto cruda como hervida) frente al placebo. (Al-Ayadhi y Elamin, 2013).  Un tercer ensayo del mismo grupo de 2 semanas de duración examinó la eficacia de la leche de camello en 65 niños (de 2 a 12 años) con autismo, y mostró una mejora significativa en las puntuaciones del CARS y de la Escala de Respuesta Social (SRS) en el grupo de leche de camella, pero no hubo diferencias significativas en las puntuaciones según la Lista de Control de la Evaluación del Tratamiento del Autismo (ATEC) entre los grupos de leche de camella y de vaca (Al-Ayadhi et al., 2015).

En los estudios anteriormente mencionados, los niños continuaron tomando cualquier tratamiento o suplemento que usasen antes del estudio que como vemos duró solo dos semanas en todos los casos. No queda claro cuáles son los efectos a mayor plazo ni si la mejoría observada se mantiene con el tiempo. Aunque los estudios que examinan la eficacia de la leche de camella informan sobre la similitud del aspecto de la leche entre los tres grupos, no se informó sobre el sabor de la leche y si era indistinguible entre los grupos, lo que afecta a la eficacia del experimento puesto que si el sabor de la leche de camella es distinto que el de vaca, el estudio deja de ser doble ciego. Otro factor es que el coste de la leche de camella puede ser prohibitivo para muchas familias, incluso en los países donde está disponible. La leche de camella puede ser considerada como un tratamiento complementario, pero se necesita más investigación que examine su seguridad y eficacia en niños con TEA, incluyendo algunos estudios que examinen los beneficios y riesgos potenciales a largo plazo. Además, los estudios disponibles fueron todos realizados por el mismo grupo, y los resultados aún deben ser replicados por otros investigadores. Por tanto, la evidencia favorable es muy preliminar y no se puede afirmar que sea un tratamiento complementario recomendable.

Para leer más:

  • Al-Ayadhi LY, Elamin NE (2013) Camel milk as a potential therapy as an antioxidant in autism spectrum disorder (ASD). Evid Based Complement Alternat Med2013: 602834.
  • Al-Ayadhi LY, Halepoto DM, Al-Dress AM, Mitwali Y, Zainah R (2015) Behavioral benefits of camel milk in subjects with autism spectrum disorder. J Coll Physicians Surg Pak 25(11): 819–823.
  • Bashir S, Al-Ayadhi LY (2014) Effect of camel milk on thymus and activation-regulated chemokine in autistic children: double-blind study. Pediatr Res75(4): 559–563.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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